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Muchas personas creen que la piel es estática y que la rutina de cuidado de la piel que llevan siguiendo por varios años, les funcionará para toda la vida.
Sin embargo, la piel es un órgano vivo que cambia constantemente en respuesta a la edad, las hormonas, la exposición ambiental y la salud general.
Una rutina de cuidado de la piel que funciona bien a los 25 años puede dejar de responder a las necesidades de la piel a los 45 o 60 años.
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Por ejemplo, “las pieles más jóvenes suelen beneficiarse de formulaciones ligeras que ayudan a regular la producción de grasa y prevenir brotes. Sin embargo, con la edad, la piel generalmente produce menos sebo, pierde humedad con más facilidad y se repara más lentamente. En ese momento, mantener la barrera cutánea, mejorar la hidratación y apoyar el colágeno se vuelven cada vez más importantes”, explica Isa Werner, redactora científica y experta en belleza de Ringana, empresa austriaca de cosmética natural.
Otro error común es centrarse solo en tratar los problemas visibles. Según menciona Werner, “la dermatología moderna enfatiza tanto la prevención como la corrección. La protección solar diaria, por ejemplo, sigue siendo la estrategia antiedad más eficaz a cualquier edad, porque la radiación ultravioleta es responsable de una gran parte del envejecimiento visible de la piel”.
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Así las cosas, en lugar de seguir la misma rutina durante décadas, es mejor reevaluar regularmente las necesidades cambiantes de la piel. “Una rutina eficaz debe evolucionar junto con la piel, volviéndose más específica y de apoyo a medida que su biología cambia con el tiempo”, dice Werner.
¿Qué señales indican que es momento de cambiar la rutina de cuidado de la piel?
La experta enfatiza en que la piel evoluciona constantemente, por lo que la rutina de cuidado también debería evolucionar con ella.
“Puede ser momento de cambiarla si nota mayor sequedad o sensibilidad, brotes persistentes, tirantez, o si productos que antes funcionaban bien ya no parecen ser eficaces”, asegura.
Las etapas de la vida también importan: los cambios hormonales, el embarazo, la menopausia, las estaciones o incluso mudarse a un clima diferente, pueden modificar las necesidades de su piel.
Una buena rutina de cuidado de la piel no consiste en usar más productos, “sino en usar los productos adecuados para la piel en ese momento particular. Reevaluar la rutina con regularidad ayuda a mantener la piel sana, equilibrada y resistente con el paso del tiempo”, agrega.
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