La moda en el universo de Bad Bunny se ha convertido en una extensión de su narrativa artística. “Nostalgia”, “raíces”, “cultura”, “urbano”, “irreverente”, “Caribe”, “latino”, “Puerto Rico” y “sin género” son algunos de los términos que definen el universo estilístico del puertorriqueño.
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En sus inicios, el artista desarrolló un estilo urbano influenciado por sus predecesores, como Daddy Yankee, Don Omar, J Balvin y Maluma. Era común verlo en presentaciones y eventos con prendas y accesorios asociados al “streetwear” caribeño y al “trap” estadounidense, con referencias visibles a figuras como Tupac, la cultura hip-hop de los noventa, el “sportswear” y la gráfica popular puertorriqueña. Esta estética le permitió conectar con un público joven y local.
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“El uso de prendas deportivas y elementos típicos del ‘streetwear’ lo posicionó como un referente accesible, cercano y auténtico, como si trasladara directamente la vibra de las calles de San Juan al ‘mainstream’ global”, dice Cristian Baena, artista visual y estilista de moda.
El artista supo leer el poder de la imagen y de la moda para comunicar. “Ha sido una de las evoluciones más fuertes y exitosas del mundo del reggaetón. Su equipo, su posicionamiento y su ‘stylist’, Storm Pablo, han ido evolucionando y rompiendo con los estereotipos del género”, afirma Daniela Riaño, estilista de moda y conocida en redes sociales como Danielastyling.
“Hoy en día la moda ha pasado a ser un componente esencial en la música. Lo vimos con J Balvin, Maluma y ahora con Bad Bunny y Rosalía”, dijo Pablito Wilson, autor del libro ‘Reggaetón: una revolución latina’.
En el caso de Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como el “conejo malo”, su relación con la industria de la moda comenzó con colaboraciones estratégicas con marcas como Adidas, y se fue ampliando y elevando con Jacquemus, Burberry, Gucci, Margiela, hasta ganarse un lugar importante en plataformas como Vogue y un puesto en la Met Gala.
“Este cruce entre calle, lujo y ‘performance’ resignificó estéticas puntuales en la moda latina: la normalización de la silueta ‘oversize’ y fluida, la incorporación de faldas, uñas pintadas y joyería en el vestuario masculino, que funcionan como actos que desestabilizan normas de género y amplían las posibilidades de la latinidad contemporánea, anclada en referentes puertorriqueños y en una estética mestiza que dialoga con la moda global”, explican desde el Laboratorio de Conocimiento de Inexmoda.
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Resaltar sus raíces y romper con los estereotipos
En esa línea, a medida que la fama del artista crecía, también lo hacía su interés por incorporar símbolos culturales más explícitos a través de la imagen y la moda. Un ejemplo icónico es la pava, el sombrero típico puertorriqueño que ha usado en entrevistas, presentaciones y eventos (incluso en la gala del MET). “Este accesorio no es solo un guiño a sus raíces, sino una declaración de orgullo por su identidad nacional en un mundo del entretenimiento dominado por narrativas estadounidenses y europeas. Ese sombrero cobró aún más significado cuando lo llevó a escenarios internacionales, señalando que la presencia de Puerto Rico —su música, su gente, su estética— merece espacio y visibilidad global. Más allá de ser un icono, es un artista que está consciente del significado de los símbolos y su poder. Además de usar su plataforma como un artefacto político”, asegura Baena.
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Bad Bunny también ha usado la moda para romper normas de género y reforzar mensajes políticos, como en el video de “Yo Perreo Sola”, donde el vestuario juega un papel narrativo clave. En ese clip, “la elección de ropa extravagante, maquillaje y estética andrógina no solo complementa la letra, sino que denuncia el acoso y amplifica un mensaje de empoderamiento femenino y no binario. De esta manera, su estilo deja de ser mera ornamentación para convertirse en herramienta de activismo visual, capaz de cuestionar estereotipos y abrir diálogos sobre identidad y respeto”, menciona Baena.
Así, Bad Bunny no solo construye una estética a través de la ropa, sino también mediante una imagen y una narrativa cuidadosamente desarrolladas en sus conciertos, en el arte de sus discos, el ‘merchandising’ y el código de vestuario —no impuesto— que adoptan sus seguidores para asistir a sus shows. “Su estilo aún conserva el ‘streetwear’, pero elevado al ‘high fashion’. Su más reciente disco refleja su identidad cultural: volvió a sus raíces e incorporó elementos tradicionales de Puerto Rico que evidencian quién es, de dónde viene y el poder que le otorga a la isla”, dijo Riaño.
En esa línea, Wilson destaca que, más allá de la moda, “lo importante es el concepto estético en los ‘shows’ y cómo Bad Bunny aprovecha eso para construir una narrativa propia ligada a la realidad de su isla y a lo que él quiere contar con su disco ‘Debí tirar más fotos’”.
El uso del color en el universo de Bad Bunny también tiene un papel clave que se convierte en una afirmación identitaria con tonos vivos y caribeños, así como la revalorización de símbolos locales (banderas, artesanías, flores, brillos y gráfica popular). Más que seguir tendencias, explican desde Inexmoda, “Bad Bunny las desplaza, demostrando que la autenticidad cultural puede convertirse en lenguaje internacional sin perder raíz”.
De la ropa urbana a la alta moda
Pero, sin duda, la evolución estética más visible de Bad Bunny se observa en su tránsito hacia la alta moda, ejemplificado en su aparición en la Met Gala con looks diseñados por Jacquemus y Prada, y en la curaduría estilística de su última gira. “Las prendas de diseñador, las siluetas sofisticadas y los accesorios inesperados señalan una conciencia ‘fashionista’ que dialoga con el arte y la cultura contemporánea. Esta transformación no es casualidad, sino fruto del trabajo colaborativo entre Bad Bunny y su equipo de ‘fashion stylists’, quienes han sabido traducir su visión artística en propuestas visuales coherentes, innovadoras y cargadas de mensaje. Así, la moda se convierte en un lenguaje más dentro de su propuesta global: musical, política y cultural”, apunta Baena.
El impacto de Bad Bunny es visible en el mundo, pero particularmente en Latinoamérica y en Colombia, donde el auge del “streetwear”, las propuestas “genderless”, la moda sin temporada y el fortalecimiento de narrativas personales como eje de diseño, evidencian que la moda no solo es ropa, sino relatos, posturas e identidad.