El Palais Garnier tenía tantas luces como asistentes. Mientras tanto, Max Alexander, un diseñador de tan solo nueve años, estaba a punto de presentar su colección en Paris Fashion Week (Semana de la Moda en París), un escenario que reúne a los profesionales más experimentados de la moda a nivel global. “No estoy nervioso; nunca me pongo. Me concentro en hacer un show hermoso”, le confesó a la revista Hola en febrero, mostrando la naturalidad y también la inocencia con la que enfrenta un mundo que normalmente requiere años de trayectoria.
Figuras de renombre, como las actrices como Sharon Stone y Debra Messing han lucido sus diseños. Pero las redes sociales también reflejan su alcance fuera de los reflectores, pues su cuenta de Instagram, Couture to the Max, ya acumula más de cinco millones de seguidores, gestionados cuidadosamente por sus padres al ser menor de edad.
¿Cómo se alimenta un sueño?
Su estudio es un ático lleno de maniquíes y telas. Max supervisa cada detalle con una disciplina que algunos describirían como poco común para su edad. “Mi mamá me ayuda con algo de costura y acabo de contratar a un sastre de medio tiempo, Oscar”, explicó para el mismo medio.
Dice que cada vestido que hace tiene un nombre y una historia. Ahora que ve cómo sus aspiraciones comienzan a tomar forma, se asegura de que cada detalle esté bien cuidado, que sea preciso: “Estoy muy emocionado, se ve hermoso. Yo pude elegir la música y ayudaré a escoger a las modelos para cada vestido”, dijo refiriéndose a la pasarela de la PFW.
La pasión de Max por la moda comenzó a los cuatro años, durante la pandemia de 2020, cuando le dijo a su madre, Sherri Madison: “Soy modisto”. Ella, que también es artista y que no dudó en darle su apoyo, le fabricó un maniquí de cartón que le sirviera de herramienta madre.
Lo que pasó un año después fue ver que Max sostenía su primera colección de prendas, y que a los siete lograba debutar en la Semana de la Moda de Denver con vestidos de alta costura hechos a medida. Un logro que le permitió romper un Récord Mundial Guinness como el diseñador de pasarela más joven.
Y es que la misma creatividad que le ha concedido logros y premios, también va de la mano con su conciencia ambiental. La colección que llevó a París está hecha en su mayoría con telas recicladas o sobrantes, una decisión consciente, responsable y que conversa con las preocupaciones actuales de una industria que, ahora más que nunca, hace una apuesta por los biomateriales, la conservación del entorno y la compensación al medioambiente: “Me he inspirado en mi entorno, en los viajes y en la playa, en las flores y la primavera y, sobre todo, en la idea de rescatar telas destinadas al vertedero”, explicó para la revista.
Llevar la moda en la sangre
Max también ha enfrentado desafíos propios de su debut en París. Los estándares de la pasarela requieren medidas exactas y un nivel de precisión al que nunca antes se había enfrentado. Uno de sus diseños más pequeños, de talla 0, tenía proporciones equivalentes a su propia estatura, un detalle que lo obligó a concentrarse aún más en la confección.
Pero parte de su inspiración la encuentra en el recuerdo su bisabuelo, Jack, que llegó a Montreal en 1920 con apenas cinco dólares y, como patronista, terminó siendo propietario de más de cuarenta boutiques de vestidos. Este legado, como tal vez podía esperarse, desarrolló de manera natural su talento y su intuición por la moda. “Ya he visto un retrato de él; su historia me inspira a seguir adelante”.
Como muchos otros diseñadores de vanguardia que admira, Max Alexander tiene claro que la moda es mucho más que ropa. Es un proceso en el que cada elección cuenta, desde el material y las puntadas, hasta el momento en que los modelos pisan la pasarela. Hoy, acumula alrededor de 150 piezas diseñadas.
Con su debut en París, el joven diseñador continúa construyendo su camino, mostrando que la edad es tan solo un número. Que el apoyo y el respaldo familiar fueron fundamentales y le permitieron tomar en serio su talento desde el principio y explorarlo. Que la dedicación y el talento trabajan de la mano. Que, como él mismo lo dice: no es un juego, “es su arte”.
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