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Las prendas de vestir en desuso que tuvieron una segunda oportunidad

El reto en la moda colombiana no solo está en crear prendas con valor agregado, sino en repensar la manera en la que se producen, se usan y se descartan. El diseñador Alejandro Crocker y Gef fueron pioneros en crear una colección de moda 100 % remanufacturada en Colombia.

12 de septiembre de 2026 - 09:08 p. m.
La moda sostenible en Colombia sigue siendo un nicho de mercado y no una norma a la hora de comprar. En 2024, los ingresos que generaron esas prendas fue de apenas 4,3 % y se proyecta que para 2029 sea de 5,5 %. / Cortesía
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Alejandro Crocker creó en Colombia la primera colección 100 % remanufacturada junto a Gef, del Grupo Crystal. Con “Transparencia”, el diseñador tuvo el reto de llevar su propuesta de moda sostenible, en la que le da una segunda vida a las prendas que fueron descartadas o que están en desuso, a una marca con una producción masiva.

Prendas de denim, como jeans, chaquetas, faldas, entre otras, de colecciones pasadas de la marca, fueron reinterpretadas por las manos de 18 mujeres cabeza de familia y dos hombres desde sus talleres satélites, coordinados por la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ).

Cada mujer desbarató prendas para crear otras diseñadas por Crocker y Gef. Para dicha tarea, de “reimaginar lo que ya existe”, solo se compraron hilos y agujas. El tiempo estimado para remanufacturar una chaqueta fue de dos horas y media, por ejemplo.

“Desde lo personal, significó un antes y un después, porque fue un ejercicio de trabajo de más de un año en el que entendimos desde Alejandro Crocker, como creativo, lo que era el mundo masivo y, desde Gef, lo que es mi propuesta de diseño de autor. Fue un proceso muy bello de unir esas dos visiones. A nivel masivo, desbaratamos miles de unidades para volverles a dar vida con los nuevos diseños y que una compañía como el Grupo Crystal que se haya atrevido a dar este paso fue algo maravilloso”, dice Crocker, quien lleva más de dos décadas de trabajo en moda sostenible.

El diseñador también asegura que fue “bello” demostrar, en nombre de Colombia, que la moda masiva también puede tener prácticas más responsables con el medio ambiente.

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La colección limitada también incluyó en cada etiqueta un pasaporte digital para que el consumidor conociera, a través del escaneo de un código QR, la historia y la trazabilidad de la prenda. El pasaporte está avalado por la Fundación Ellen MacArthury por el Gobierno alemán. La novedad convirtió a la marca en pionera en el país y en Latinoamérica en dar un paso adelante en una industria que busca alternativas sostenibles.

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“Nos acompañaron una serie de expertos en el tema para medir desde el agua de la plancha hasta la temperatura de los talleres. Cada una de las piezas trae un código QR con su pasaporte digital para hacer el seguimiento completo que te dice quién la hizo, de qué referencias está hecha la prenda, de dónde salió y cómo se transformó”, explica el diseñador.

Además, el pasaporte cuenta con un mapa de Colombia con lugares en los que se puede revender, reparar o donar la pieza. “Son lugares seguros que garantizan que la prenda no terminará en vertederos de basura”, afirma el diseñador.

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Este hito también se suma a una larga lista de anuncios que hacen algunas marcas de moda colombiana sobre su tránsito hacia la sostenibilidad. Unas lo hacen desde su ADN, con producciones lentas; otras, desde su trabajo social y económico, y otras, desde los materiales que utilizan o desde su interés por tener el control de toda la cadena: conocer de dónde viene cada material y en dónde termina la prenda cuando finaliza su vida útil.

“La sostenibilidad en el sector de la moda colombiano ha dejado de ser una conversación de nicho para convertirse en un tema cada vez más presente dentro de la industria. Hoy encontramos más marcas interesadas en medir sus impactos, explorar materiales responsables, fortalecer la trazabilidad de sus cadenas de suministro y generar valor social en los territorios donde operan”, dice Valentina Suárez, creadora de Universo Mola, un movimiento de moda sostenible latinoamericana.

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La conversación en la industria ha tenido mayor relevancia tras las regulaciones europeas que buscan prohibir a las grandes empresas destruir ropa, calzado y accesorios nuevos que no se hayan vendido, así como exigir un pasaporte digital para conocer la trazabilidad de la ropa.

Según la investigación del Laboratorio de Conocimiento de Inexmoda es determinante para cualquier empresa colombiana que exporte o aspire a exportar a la Unión Europea implementar las medidas regulatorias. Así las cosas, el cumplimiento ambiental se vuelve una condición de acceso en la que se exigen datos verificables de origen, materiales y huella para poder vender productos en ese mercado.

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En esa línea, es clave la transformación estructural de las prácticas en el sector. De acuerdo con Suárez, todavía persisten desafíos frente a “la informalidad laboral, la falta de transparencia, la sobreproducción, el acceso limitado a financiamiento para iniciativas de impacto y la dificultad de muchas empresas para integrar la sostenibilidad dentro de su modelo de negocio y no solamente dentro de su estrategia de comunicación. Esto también recae en el desconocimiento sobre lo que significa la disciplina y por la mala publicidad que ha tenido la misma en los últimos años, llevando a que la gente tenga un imaginario basado solamente en residuos y reciclaje y no en la transformación de los negocios y la concepción de su permanencia en el tiempo”.

Por eso también es importante entender que los conceptos de sostenibilidad son ideas en constante evolución, lo que, en palabras de Diana Gómez, comunicadora de moda, genera que aparezcan “nuevas formas de hablar del tema, nuevas restricciones y nuevas recomendaciones”.

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Los datos muestran que los consumidores en Colombia sí tienen interés en productos de moda sostenible. Sin embargo, aún falta que se hagan preguntas incómodas sobre la manera en la que estamos usando los recursos del planeta.

“Si las prácticas a favor de cuidar el ambiente y proteger lo social, que son propias de un marco sostenible, no vienen apoyadas de políticas públicas que estimulen a las empresas o que castiguen a las empresas cuando se violan este tipo de regulaciones, es muy difícil que haya un avance en este sentido”, afirma Gómez.

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Colombia cuenta con ventajas significativas para liderar una transición hacia modelos más sostenibles y regenerativos. “Su riqueza biocultural, la diversidad de fibras naturales, los saberes artesanales, las cadenas productivas de menor escala y el creciente ecosistema de innovación representan oportunidades únicas para construir una propuesta de valor diferenciada frente a otros mercados. Solamente faltan el pensamiento y acción sistémica coordinada y colaborativa”, agrega Suárez.

“Transparencia” es un ejemplo para las empresas del sector de la moda local de que sí es posible transitar hacia la sostenibilidad y de las alternativas que existen para extender la vida útil de las prendas. Sin embargo, es fundamental que este tipo de iniciativas empresariales estén respaldadas por entidades, políticas públicas, consumidores y todos los actores de la cadena, para impulsar una moda no solo sostenible, sino también socialmente responsable.

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Por Lucety Carreño Rojas

Comunicadora social de Uninpahu, vinculada a El Espectador desde 2016. Periodista de moda y negocios. Directora de El Hilo, el formato audiovisual de moda de EE. LucetyC lcarreno@elespectador.com
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