Lo que comenzó como una intervención de prendas influenciada por el movimiento “hippie” se convirtió en geometría, movimiento, color y poesía. Olga Piedrahíta adquirió las habilidades propias de un diseñador de moda a través de su sensibilidad, experimentación y entusiasmo, plasmando distintos códigos creativos en cada una de sus prendas.
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“Llevo como 40 años en el oficio de la moda, soy autodidacta. He encontrado una formación personal con mi curiosidad, indagando, investigando, y con mi sensibilidad, que me ha permitido crear un lenguaje propio. Uno se va quedando con los años con lo esencial”, cuenta la diseñadora.
Durante cuatro décadas y un proceso de construcción minucioso, la diseñadora se ha destacado por su particular mirada, que narra historias de viajes y momentos personales a través de colores y materiales. Sus prendas son únicas y en ellas se ve reflejado su universo.
Ha colaborado con artistas, escritores e ilustradores para fusionar sus ideas y expresiones. Para la campaña que acaba de lanzar junto a la textilera, presentó una propuesta visual y creativa inspirada en el arte japonés y en la que tuvo una fuerte participación su hija, Danielle Lafaurie.
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“Este fue un proceso muy interesante. Danielle, con todos sus talentos, reúne cada temporada a artistas. Para la propuesta de estampaciones, en particular, se fue para Japón. Así que le dije que me fuera enviando imágenes para ir creando”, dice.
Lafaurie, diseñadora textil, “trendsetter” y su mano derecha, se encargó de enviarle el material: “unas imágenes absolutamente poéticas y hermosas. Yo decía ‘en qué emisora está Danielle, que está viendo, que está sintiendo, qué hago con todo esto que es geometría, moldería, proporción, desarrollo’...”.
Las imágenes eran paisajes de Japón creadas en el siglo XIX por el artista Kawase Hasui. que pintó modelos tradicionales de su cultura, pero influenciados por estilos de occidente. Desde ahí, y tras conocer quién fue y quedar impactada con sus piezas, Piedrahíta tuvo un reto: ¿cómo evitar que las tijeras interrumpieran la belleza de las escenas?
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Los estampados, que se reinterpretaron a través de paletas de color intensas (diferentes gamas de azules, amarillos y rojos), se volvieron trípticos. “Entendí a Danielle y su sensibilidad a través de lo que me iba mostrando. En ese momento, empezamos a darle el sentimiento a la naturaleza, que es la inspiración de este artista”, explica Piedrahíta.
Está el viento, la lluvia, la luz, los colores, la nieve. “Las escenas de nieve son espectaculares. Están los lugares icónicos, y con eso comenzamos a hacer prendas deportivas, vestidos de baño, leggings, chaquetería, pantalones... Ha sido una colección interesante. Me sacó de mi nicho de confort y encontré algo hermoso traduciendo ese sentir”.
Para crear una colección, en palabras de la diseñadora, se debe contar una historia que conecte con uno “porque desde ahí sale todo”. Las piezas de Piedrahíta no pasan desapercibidas. Cada estampado tiene un diseño preciso, colorido y arquitectónico. Cada tono y cada figura tienen protagonismo en la tela. Esas, sus obras de arte, transmiten una sensación comparable a la de detenerse frente a un cuadro en un museo.
La antioqueña no crea colecciones que se quedan en las temporadas; lo suyo son piezas para atesorar, alineadas con la moda lenta. Es una mujer elegante, con un estilo “sencillo, pero poético. Me gusta mucho que la tela tenga movimiento y singulares toques de creatividad”.
Su vida y su carrera están influenciadas por Medellín —en donde nació y está su familia — y por Bogotá, el caos que la ha retado y formado. También se inspira en la cultura oriental, de la que le gusta la estructura y el movimiento de las prendas. “Me parece que uno clarísimamente con la tela puede armar sensualidad. Me parece hermoso ir descubriendo esa cantidad de capas y capas de esa cultura, que tiene un lenguaje muy hermoso”.
El resultado de la campaña se dio tras la unión de diferentes oficios, la creatividad y el trabajo en equipo que describe como “glocal”: la fusión del talento local con una mirada global.
Las fotografías se realizaron en el Cabo de la Vela, en La Guajira, por un equipo colombiano. “Tuvimos que mirar y revisar, desde la sensibilidad colombiana, la cultura japonesa”. Ese contraste, permitió que el movimiento del viento y la luz resaltaran la estética y los textiles.
Piedrahíta no solo es diseñadora. Es una artista cuyas piezas, con meticulosa dedicación, se convierten en poesía visual.
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