El vestido de baño colombiano pasó de ser una prenda infaltable para las ciudades del país con climas cálidos y las vacaciones a convertirse en un referente de diseño e identidad que hoy se exhibe por playas, hoteles y destinos turísticos del mundo. Su éxito no solo se debe al imaginario del país como un destino tropical en el que los estampados y el color llaman la atención, es también el resultado de décadas de desarrollo de la industria textil y de la confección, de conocimiento sobre la diversidad de los cuerpos latinos y de marcas que entendieron el valor del diseño de autor.
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La categoría de “swimwear” en Colombia se posicionó en el exterior gracias “al imaginario de lo tropical y el Caribe, y su conexión innegable con lo vacacional y el estilo ‘resort’”, comenta Diana Gómez, consultora de marcas y comunicadora de moda.
La evolución de la categoría también explica este fenómeno. Cuando el “swimwear” dejó de ser una prenda funcional —utilizada principalmente por atletas— y se convirtió en una categoría de moda, nació el universo “resort”, en el que estas piezas dialogan con categorías como accesorios, deporte y moda urbana, ocupando un lugar relevante en el estilo de vida.
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Además, el turismo ha sido una plataforma de exhibición. Según el Laboratorio de Conocimiento de Inexmoda, el flujo de visitantes internacionales impulsa la demanda de “swimwear” con diseño latinoamericano. A eso se suma un consumidor cada vez más digital: “para 2030 el 73 % de la población latinoamericana será digitalmente nativa o fluida, y hoy Instagram y TikTok operan como pasarela permanente donde la estética colombiana de construcción, silueta y viaje encuentra una vitrina global que se traduce en descubrimiento de marca y decisión de compra”.
Dicho contexto explica por qué Colombia es uno de los dos países latinoamericanos con mayor presencia en el mapa mundial del “swimwear”. En 2025 exportó USD 15,3 millones de vestidos de baño femeninos, ubicándose por detrás de México y por delante de Brasil, referente histórico de la categoría en la región.
“La diferencia con México no está en la cifra, sino en el modelo. Prácticamente la totalidad de lo que exporta México se va a Estados Unidos, por su cercanía geográfica, mientras que el vestido de baño colombiano llega a ese país, pero también a Latinoamérica y al resto del mundo. Esa capacidad de estar en varios mercados a la vez, sin depender de un solo vecino comprador, es lo que ha convertido al vestido de baño en un producto exportador exitoso y consistente”, explicó el Laboratorio de Conocimiento de Inexmoda.
La variedad de cuerpos
Lo único necesario para vestir un gran bikini o traje de baño es tener un cuerpo. La industria textil y de la moda colombiana entienden bien esa idea: los cuerpos no deben adaptarse a la ropa; es la ropa la que debe adaptarse a ellos.
La categoría responde a la diversidad de cuerpos de las mujeres latinoamericanas, un atributo que ha sido determinante en su éxito internacional. La propuesta colombiana se destaca por su construcción, moldería y trabajo de siluetas que ofrecen mejor ajuste, control y versatilidad de tallaje.
Dicho conocimiento del cuerpo tiene un respaldo importante en su categoría hermana: las prendas de control, que en 2025 exportó USD 121 millones y representó el 28,6 % de las exportaciones totales de vestuario del país.
“Es una industria siete veces más grande que la del swimwear y comparte con él las mismas capacidades, tejido elástico, moldería sobre el cuerpo, confección de prenda ajustada y manejo de textil técnico. Esa base es la que permite que en Colombia el swimwear se produzca como una prenda técnica sobre la que se agrega diseño, y no como una pieza textil básica”, explica el Laboratorio de Conocimiento.
Durante los últimos siete años, el swimwear ha mantenido una participación estable de entre el 4 % y el 5 % de las exportaciones colombianas de vestuario.
Diseño de autor
Colombia también le ofrece al mundo diseño de autor. Las marcas colombianas también han construido una identidad propia, en la que los acabados artesanales, el trabajo manual y los detalles reflejan el talento, la cultura y la biodiversidad del país.
“Algunas de nuestras marcas más exitosas han triunfado al convertir el bikini o el traje de baño en piezas ornamentales, creadas para lucir increíbles junto a una piscina lujosa, pensando más en su valor estético que en la funcionalidad de estar dentro del agua”, afirma Gómez.
Esa combinación entre ingeniería de prenda y expresión estética hace diferencial al “swimwear” colombiano y dificulta que el producto colombiano sea replicable.
Ahora son más que prendas para el verano
La más reciente edición de Colombiamoda reunió marcas con propuestas de swimwear para distintos públicos, estilos, precios, como Agua Bendita, la colaboración de Isabel Henao para Bronzini y Wild & Pacific.
“Hoy las marcas colombianas que se posicionan en el exterior son altamente diversas, lo que demuestra que nuestro éxito no responde a un estilo repetitivo o a un cliché tropical. Colombia es buena creando marcas impactantes, que narrativamente atraen a consumidoras globales y que diseñan productos deseables”, dice Gómez.
Las marcas de vestidos de baño han ampliado su portafolio y ofrecen más que bikinis. “Esto refleja una nueva mentalidad de la consumidora, que busca ese tipo de versatilidad en sus prendas, extender el “beachwear” a la moda casual o formal. Eso se ha convertido en una de las estrategias de crecimiento de nuestras marcas, precisamente porque se posicionan para que las clientas amen cualquier producto que hagan, no solo los trajes de baño”, puntualiza Gómez.
El desarrollo textil, el conocimiento del cuerpo, el diseño de autor y una narrativa que conecta con consumidoras de distintos países han sido las claves para que el vestido de baño colombiano sea uno de los grandes embajadores de la industria nacional. Su éxito demuestra que competir en los mercados internacionales no depende solo del precio, sino de la capacidad de construir productos con sello propio y valor agregado.
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