Michael Gilpin dejó de dormir en su carro en un estacionamiento de Hollywood hace unos meses, cuando consiguió cupo en un complejo de microcasas construido por la Alcaldía de Los Ángeles para alojar a personas en situación de calle.
“Me recuerda mucho a una celda”, dijo el exgerente de un restaurante señalando las paredes de su pequeño cubículo de plástico que comparte con otra persona que estaba en la indigencia.
“Pero es mucho mejor que la calle, sin dudas. No tengo que lidiar con las cucarachas”, afirmó.
El estadounidense de 44 años simboliza los avances de la segunda ciudad de Estados Unidos antes de recibir ocho partidos del Mundial en junio y julio, y los Juegos Olímpicos en 2028.
Tristemente famosa por sus campamentos de personas en situación de calle en aceras y autopistas, Los Ángeles ha priorizado en los últimos tres años este problema.
La alcaldesa demócrata Karen Bass ha desarrollado varias iniciativas para financiar miles de cupos de alojamientos en hoteles o microcasas, como la que ocupa Gilpin.
El censo de 2025 reveló una caída del 17,5 % de personas durmiendo en la calle en dos años, la primera disminución desde que comenzó este conteo hace dos décadas.
“Lista de espera” para obtener ayuda
Sin embargo, la magnitud del problema es enorme. El condado de Los Ángeles, que incluye los suburbios de la ciudad, alberga a 72.000 personas en situación de calle, de los cuales 47.000 duermen en las aceras.
En el valle de San Fernando, al norte de la ciudad, Armando Covarrubias apoya a las personas en las calles con botellas de agua, bocados y sopas instantáneas.
“Lamentablemente no hay suficientes camas, ni suficientes refugios”, dijo Covarrubias, quien trabaja con la organización sin fines de lucro Hope The Mission.
En su zona, el número de personas en situación de calle es “cuatro o cinco veces mayor que el número de camas” disponibles.
Cuando las autoridades desmantelaron un campamento junto a las vías del tren el mes pasado, no pudo encontrar alojamiento para todos. Por lo que ya se instalaron de nuevo una decena de carpas.
Maggie, entre lonas y parapetos y con una década en la calle, dice que quisiera volver a vivir bajo un techo.
“Llevo tres meses esperando que me ayuden, y estoy en la lista de espera”, dijo la mujer de 40 años que no quiso dar su nombre completo.
Incluso para quienes consiguen un cupo, no hay éxito asegurado. Las estructuras imponen normas que a veces son mal recibidas, como la prohibición de recibir visitas.
El programa faro de alojamiento de la Alcaldía es objeto de críticas, ya que Los Ángeles ha gastado USD 300 millones en financiarlo, pero el 40 % de sus beneficiarios han vuelto a la calle.
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La crisis de vivienda no es exclusiva de Los Ángeles
California, conocido como el estado Dorado, no construye suficientes viviendas, mucho menos de bajo costo, lo que mantiene los precios habitacionales por las nubes y contribuye a la crisis.
Michael Reyes sufrió un accidente de trabajo y comenzó a recibir como única fuente de ingreso una indemnización insuficiente para cubrir sus gastos en Los Ángeles, donde un monoambiente o estudio, en promedio, cuesta USD 1.800 por mes.
“Nuestro costo de vida aumenta pero no nuestro ingreso (...) Está mal”, dijo el exempleado de mantenimiento de una universidad, quien se mudó a una microcasa tras dormir un año en su carro.
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Con 59 años de edad, se siente desesperanzado y no cree que la ciudad mantenga estas soluciones habitacionales temporales más allá de los Juegos Olímpicos.
“Lo hacen apenas por los turistas, pero esto nunca cambiará”, opinó.
Reyes trae como ejemplo Skid Row, el barrio que, lleno de carpas y basura, se volvió símbolo de la crisis. “Existe desde los años 1930”, dijo. “Y no ha cambiado”.
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