En otro momento, unas elecciones locales para la Corte Suprema de Wisconsin habrían generado tanta atención como un informe sobre el clima de la semana pasada. Sin embargo, este año, con acusaciones de compra de votos y el involucramiento de figuras como Elon Musk, estos comicios se han convertido en un evento de relevancia nacional e incluso internacional.
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Este martes, la gente de Wisconsin va a elegir a uno de los magistrados de su Corte Suprema para reemplazar a la actual jueza Ann Walsh Bradley, quien se retira luego de 30 años. La carrera está entre la jueza Susan Crawford, alineada con las ideas progresistas, como la defensa de los sindicatos, la educación pública y los derechos de las mujeres, y el juez Brad Schimel, quien es conocido por rescatar disposiciones para limitar el aborto, el porte de armas y, especialmente, la defensa de los mapas electorales con tendencia partidista a favor de los republicanos, lo que afectaría las elecciones de 2028. El máximo tribunal de Wisconsin debe pronunciarse sobre los derechos al aborto, la redistribución de distritos del Congreso, el poder sindical y las reglas de votación que podrían afectar las elecciones intermedias de 2026 y las presidenciales de 2028 en el estado.
Todo EE. UU. mira a Wisconsin
Para entender por qué es tan importante esta historia hay que empezar por un muy breve repaso del sistema electoral. Estados Unidos tiene dos divisiones fundamentales para la política nacional: los estados (que son 50 y que son representados por dos senadores cada uno) y los distritos (que son 435 y que son representados por un congresista en la Cámara cada uno).
Estos últimos, los distritos, son áreas dibujadas cada diez años tras el censo nacional. Se hace un mapa en el que se fijan los límites para representar a la población de manera equitativa, sin discriminar grupos raciales o étnicos y sin tener formas extrañas en el dibujo. El problema es que, en muchos estados, los legisladores tienen el poder de redibujar los distritos, lo que lleva a la manipulación partidista: un partido dibuja el mapa según su conveniencia para tener más posibilidades de que su candidato gane las elecciones.
Cuando hay disputas sobre el dibujo de los mapas, un tribunal puede intervenir y tomar la decisión sobre si un redibujo del mapa es válido o no. Acá es cuando se pone interesante el asunto sobre Wisconsin, pues ha sido uno de los estados con más peleas por el redibujo de los mapas. En 2023, la Corte Suprema del estado bloqueó el uso de los mapas dibujados y aprobados por legisladores republicanos, considerando que tenían una manipulación partidista para favorecerlos. Este tribunal estaba compuesto en su mayoría por jueces de tendencia liberal hasta ahora.
La polémica de Musk: ¿está comprando votos?
Con tanto en juego en estas votaciones, la derecha estadounidense no ha escatimado en gastos para apoyar la campaña de Schimel. Estos ya se convirtieron en las elecciones en la Rama Judicial más costosas de la historia. Los conservadores han gastado al menos US$18,2 millones respaldando a su candidato, según documentos citados por el Brennan Center for Justice. Y quien ha liderado el gasto ha sido Musk.
El despilfarro no se queda del lado conservador. La candidata liberal ha recibido millones de dólares en apoyo del multimillonario George Soros, el gobernador demócrata de Illinois J. B. Pritzker, un filántropo de Wisconsin y otros. Se espera que el gasto de ambos partidos alcance los US$100 millones. Sin embargo, ¿por qué se ha hablado solo de Musk?
El problema central con el dueño de Tesla es que, mientras los otros millonarios hacen donaciones para las campañas de maneras más tradicionales, él ha cambiado las reglas de juego al darles personalmente el dinero a los votantes. Ofreció US$100 a quienes firmen una petición contra los jueces demócratas y entregó personalmente US$1 millón a dos votantes, firmantes de la petición, durante un mitin en el que prometían hacer campaña a favor de Schimel. Con esto volvió la polémica: ¿está Musk comprando votos? Para el pasado noviembre, el multimillonario dueño de X actuó de la misma manera y entregó millones de dólares a quienes votaran por Donald Trump a la presidencia.
Aunque comprar votos es ilegal en Estados Unidos, expertos legales aseguran que Musk ha encontrado la manera de evitar problemas. “Eso no es un pago para que alguien vote de una manera particular o para que vote en absoluto”, dijo Mike Dimino, profesor de derecho y experto en derecho electoral, a la CBS. Existe una prohibición federal sobre la compra de votos, pero esta no se aplica cuando no hay candidatos federales en la boleta, como en este caso: son candidatos estatales.
Según los abogados de Musk, los pagos “tienen como objetivo generar un movimiento de base en oposición a los jueces activistas, no defender expresamente a favor o en contra de ningún candidato”, por lo que no serían calificados como “compra de votos”. Los expertos en derecho coinciden: la compra de votos es exactamente como suena, y “hay que pagarle directamente a alguien para que vaya a votar”, agregó la profesora de derecho Alicia Hughes.
Es una laguna legal que le ha permitido a Musk salvarse de líos, al menos por ahora. Sin embargo, esto no deja de ser problemático para la democracia. Dentro de las muchas batallas legales que tendrá que definir el próximo tribunal supremo está una contra Tesla, empresa de Musk. La ley de Wisconsin prohíbe a los fabricantes de vehículos vender autos directamente a los clientes de allí. Es decir, no se puede entrar a un concesionario y llevarse un Tesla: tiene que ser a través de franquicias locales. Musk quiere cambiarlo para obtener más ganancias sin los intermediarios, lo que hace más turbia esta historia.
Musk también ha donado mucho dinero a los congresistas republicanos que apoyan hacerles juicios a los jueces que han puesto barreras a las medidas de la administración, lo que aumenta las preocupaciones sobre la facilidad con la que el hombre más rico del mundo está sometiendo a los tribunales y “comprándolos”, como afirma el presidente del Partido Demócrata de Wisconsin, Ben Wikler. ¿En qué punto la financiación de campañas políticas deja de ser un ejercicio democrático y se convierte en una forma de manipulación electoral?
“En general, el escenario de la política es un escenario desigual. Los actores que están involucrados en las democracias son asimétricos. Es decir, hay unos que tienen más recursos y otros que tienen menos. En ese sentido, lo único que ofrece la democracia, particularmente de la democracia de tipo electoral, es la igualdad de que todas las voces participen, pero no necesariamente de que todas las voces cuenten por igual. Muchas veces los actores, cuando tienen muchas este muchos recursos, pueden influenciar, obviamente, al electorado con prácticas clientelares que se acercan a comprar el voto y eso genera una serie de efectos como distorsionar la preferencia real de los ciudadanos”, explica Manuel Camilo González, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Javeriana.
Sin embargo, “más allá de la compra de votos y el clientelismo, lo que uno ve es esa tensión de las democracias como un ideal que se puede asentar en una realidad que es totalmente asimétrica. El efecto que uno puede ver es que el dinero muchas veces termina siendo muy decisivo, más allá de movilizar a los ciudadanos para que voten por una u otra opción, en el diseño de las políticas públicas. Y con esto quien coloca el dinero es quien termina de alguna forma imponiendo las condiciones de las políticas públicas”, concluyó el experto.
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