La violencia registrada el pasado fin de semana en Chicago, donde una serie de tiroteos dejó un saldo de ocho muertos y 39 heridos entre la tarde del jueves y la madrugada del lunes, ha causado un nuevo choque político entre la Casa Blanca y la gobernación del estado de Illinois. Según el presidente estadounidense, Donald Trump, hay una crisis de seguridad que debe ser atendida con urgencia, pero no lo han llamado a “pedir ayuda”.
“Mucha matanza ocurriendo en Chicago. ¿Por qué el gobernador (J.B.) Pritzker no me llama para pedir ayuda? Podría hacer de Chicago una ciudad segura en UN MES. ¡En UN AÑO, sería una de las más seguras!”, afirmó Trump, usando además como ejemplo la intervención militar realizada en Washington D.C.
El gobernador de Illinois, el demócrata Pritzker, rechazó tajantemente las declaraciones del presidente y desestimó sus promesas de pacificación exprés, recordando otros fallidos episodios de la administración central.
“Este es el presidente que pensó que podía contratar a una empresa no calificada para pintar el estanque reflectante, y luego pensó que simplemente estaría libre de algas. Y, sin embargo, días después, se convirtió en un mar de algas. Y este es el mismo presidente que no sabía que el Estrecho de Ormuz podría ser cerrado, esencialmente clausurado por Irán si iba a la guerra con Irán. No creo que debamos escuchar a este presidente sobre las promesas que hace o sobre si tiene alguna idea de cómo protegernos en el estado de Illinois”, replicó Pritzker.
El mandatario estatal aclaró además que la ayuda federal sí se solicita, pero a través de los canales institucionales correctos y mediante agencias especializadas como el FBI, la DEA y la ATF para combatir el tráfico de armas y drogas, y no bajo una intervención de tropas armadas en las calles.
Bajo la actual administración de Trump, el gobierno federal ha desplegado miembros de la Guardia Nacional en misiones de combate al crimen en ciudades gobernadas por demócratas, tales como Nueva Orleans, Memphis y Washington D.C. La pregunta es si esto ha funcionado.
Mientras la administración de Trump atribuye a la presencia militar la caída drástica de los índices delictivos, llegando a afirmar en Nueva Orleans que el crimen había bajado “a casi nada” gracias a las tropas, los datos de los departamentos de policía locales y analistas de criminología revelan que en la mayoría de las urbes intervenidas los delitos violentos ya acumulaban hasta tres años consecutivos a la baja antes de que los soldados armados pisaran sus calles, siguiendo una tendencia de pacificación postpandemia a nivel nacional.
El gobierno central ya intentó replicar este despliegue en Chicago enviando cientos de tropas en octubre pasado. Sin embargo, una corte federal de apelaciones bloqueó la medida de la Casa Blanca en el estado de Illinois.
¿Tiene Chicago una crisis de seguridad? Esto es lo que está pasando
La violencia armada golpeó de manera crítica durante las celebraciones comunitarias por el festivo del Día de la Liberación o Juneteenth, una fecha que se utiliza para celebrar la emancipación de los afroestadounidenses esclavizados.
Entre los episodios más graves registrados se encuentra un tiroteo masivo la noche del viernes en el barrio de Princeton Park, en South Side, donde dos atacantes a bordo de una camioneta dispararon indiscriminadamente contra una multitud, hiriendo a 14 personas. Asimismo, las autoridades reportaron el asesinato de un menor de 14 años en Auburn Gresham.
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Pero aunque los datos del Departamento de Policía de Chicago (CPD) muestran un ligero repunte en los incidentes con armas de fuego durante la primera mitad de 2026 en comparación con el año anterior, los índices generales de delitos violentos han mantenido una tendencia a la baja en los últimos años, un comportamiento alineado con el panorama nacional en Estados Unidos.
Análisis criminológicos citados por CBS apuntan a que estos picos no representan un fallo estructural de las políticas locales, sino un fenómeno cíclico alimentado por variables estacionales y logísticas. Históricamente, en las grandes ciudades de Estados Unidos, los delitos con armas de fuego experimentan un incremento con la llegada de las altas temperaturas del verano y los fines de semana festivos prolongados, momentos en los que se multiplican las aglomeraciones al aire libre y los encuentros comunitarios masivos en las calles.
A esto se suma el desafío crónico del flujo ilegal de armamento proveniente de estados vecinos de Illinois con regulaciones mucho más laxas, un factor que dificulta las labores de control policial local y que, según expertos en seguridad urbana, explica por qué la violencia se concentra geográficamente en puntos muy específicos y vulnerables de la ciudad en fechas clave.
Es por eso que la alcaldía de Brandon Johnson en Chicago y diversos líderes comunitarios insisten en que el problema de la violencia por armas de fuego se soluciona con más inversión social y estrategias de prevención, no con militarización.
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De hecho, investigaciones de la Universidad Northwestern demostraron que en las más de 200 zonas críticas donde operan los llamados “Peacekeepers”, mediadores comunitarios dedicados a interrumpir la violencia en las calles, los tiroteos se redujeron en un 41 %. Debido a esto, los líderes locales acaban de unirse para exigir la creación de un Departamento de Prevención de la Violencia con Armas dedicado exclusivamente a este fin.
“Nuestro día a día consiste en estar en los puntos críticos donde es más probable que ocurra la violencia. Somos interruptores de la violencia y estamos allí para mediar en muchas situaciones”, le dijo Jamon Crawford, del programa de los Peacekeepers, a CBS Chicago.
Desde la perspectiva de los funcionarios locales, Trump utiliza la violencia urbana como un arma retórica contra los gobiernos demócratas. Emmanuel Andre, vicealcalde de Seguridad Comunitaria de Chicago, criticó esta postura señalando que “utilizar los números para militarizar lo que está ocurriendo en tiempo real no aporta nada a los sobrevivientes”.
En una línea similar, líderes religiosos de la ciudad instaron al presidente a frenar las publicaciones en redes sociales y devolver los fondos recortados para los programas federales de prevención comunitaria.
“Cállate, Donald. Solo envía dinero y restaura los fondos que quitaste para la prevención de la violencia armada en la ciudad de Chicago y en todo este país. Devuelve el dinero ahora”, sentenció el líder religioso Michael Pfleger a la CBS.
El cruce de declaraciones también tiene un trasfondo electoral. El gobernador Pritzker es considerado una de las figuras fuertes del Partido Demócrata con miras a 2028. Al hacer eco de las vulnerabilidades de seguridad de Chicago, el discurso de Trump está buscando restarle credibilidad a un rival político directo de cara a las elecciones de medio término de noviembre, según sus críticos en la ciudad. En los pasillos de Washington se sabe que Pritzker es uno de los nombres más fuertes del progresismo para buscar la próxima candidatura presidencial demócrata.
El estado también será importante para los próximos comicios. En marzo, la actual vicegobernadora demócrata, Juliana Stratton,aliada y mano derecha del gobernador Pritzker, se consolidó como la nominada de su partido para retener ese escaño clave en el Senado. En noviembre se enfrentará con el republicano Don Tracy.
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