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Duelo de narrativas: Ecuador y Colombia, divididos otra vez bajo la sombra de EE. UU.

En medio del renovado temor por las injerencias extranjeras de Washington, el presidente Petro denunció un presunto ataque de Ecuador en suelo colombiano. La alianza entre Washington y Quito, que excluye a Bogotá, aviva su estado de alerta.

Camilo Gómez Forero

17 de marzo de 2026 - 08:41 p. m.
Daniel Noboa y Donald Trump durante el lanzamiento del Escudo de las Américas.
Foto: Getty Images via AFP - Agencia AFP
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Las relaciones entre Colombia y Ecuador, ya desgastadas por la guerra arancelaria, volvieron a sufrir otro duro golpe el martes. El presidente colombiano, Gustavo Petro, denunció un presunto bombardeo ejecutado por aeronaves ecuatorianas en territorio colombiano, el cual habría dejado, según él, un saldo de 27 cuerpos calcinados en Jardines de Sucumbíos. Esta es una zona de muy difícil acceso en el departamento de Nariño, incrustada en la selva baja del piedemonte amazónico, separada de Ecuador por el río San Miguel y con disputas territoriales entre grupos armados.

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Por su parte, el mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa, calificó las acusaciones de Petro de “falsas” y aseguró que sus operativos contra grupos irregulares se limitan estrictamente a su jurisdicción. El gobierno en Quito, cabe destacar, ha intensificado su ofensiva antinarcóticos desde comienzos de marzo con un golpe a una red que alimentaba al cartel de Los Lobos y a la mafia albanesa, apoyado por Estados Unidos y la Europol; y atacando un supuesto centro de operaciones de los Comandos de la Frontera, una disidencia de la antigua guerrilla de las FARC que opera en zonas limítrofes en la provincia de Sucumbíos, al norte ecuatoriano.

Pero la del martes no es la primera alerta que se pone en Colombia sobre las operaciones contra el narcotráfico de Ecuador. En febrero, el presidente colombiano ya había declarado que “en la frontera con Ecuador hay decenas de muertos calcinados” en medio de su lucha contra el narcotráfico, sin dar mayores detalles. En paralelo, se registraron explosiones de laboratorios de coca en Tumaco, también en la frontera, en lo que parecía ser un ataque coordinado.

La revista “Raya” aseguró que se registraron tres explosiones entre enero y febrero en Llorente, Mosquera y Rosario, zonas rurales de Nariño, y adjudicó la responsabilidad a “posibles operaciones encubiertas de EE. UU.” que habrían dejado la muerte de William Paz, entre otros ciudadanos. Sin embargo, acá es donde el duelo de narrativas se complica más.

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El alcalde de Ipiales, Amílcar Pantoja, aseguró que no se registran personas fallecidas ni enfrentamientos recientes que hayan afectado a la población civil en este sector, según recogió el periodista Paulo Paz. El secretario de Paz del departamento, Álex González, respaldó esto e indicó que “se está adelantando la verificación para establecer qué ocurrió exactamente en el sitio”.

Hasta ahora no existen pruebas que vinculen directamente las operaciones de Noboa con las denuncias hechas por Petro. El martes se encontró un artefacto explosivo en Jardines, pero las Fuerzas Armadas de Colombia descartaron que haya caído recientemente.

Para el analista de seguridad Alberto Sierra, “es temerario afirmar que un ‘bombardeo desde avión’, sin una sola prueba pública, es señalar a un gobierno vecino sin sustento técnico y poner en riesgo la seguridad nacional y la estabilidad diplomática”. “Si hubo una incursión de tropas ecuatorianas en Colombia es preocupante y grave. Desde 2008 no había un incidente de ese tipo. Si pasó, debe demostrarse, como en su momento fue evidente la incursión de Colombia”, complementa Rafael Piñeros, profesor de relaciones internacionales de la U. Externado.

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Si bien es cierto que la evidencia debería ser más sólida a la hora de presentar una denuncia de este tipo, no son solo las acusaciones de Petro las que generan “inestabilidad diplomática” en este caso: es la propia dirección de la política regional contra las drogas que, al excluir a Colombia, se ha vuelto combustible para avivar las teorías de una alianza para ejecutar operaciones que traspasen la soberanía de otro país. Es un asunto sensible para la región, debido a los recuerdos de la Base de Manta.

“En 2008, cuando Colombia bombardeó Ecuador para dar de baja a Raúl Reyes, miembro del secretariado de las FARC, fue la culminación de unos años complejos. Ecuador denunciaba constantemente las incursiones de desplazados y de las FF. MM. en su territorio derivado de la implementación del Plan Colombia”, recuerda Piñeros.

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Ecuador, ¿patio trasero de Estados Unidos?

Se teme que la reforzada relación entre Washington-Quito derive en un malestar como el que dejaba Manta. Esta cercanía terminó de sellarse hace unas semanas con la firma del Escudo de las Américas, una alianza impulsada por Washington con gobiernos afines al de Donald Trump, que excluyó a Colombia, supuestamente para coordinar respuestas al narcotráfico, pero que esconde más elementos como la migración y, aún más clave, el control geopolítico.

El Escudo de las Américas, dejó ver el propio Trump, también busca asegurar recursos críticos y bloquear la influencia de potencias extranjeras como China. La Estrategia de Defensa Nacional del Pentágono es explícita: el objetivo es mantener el control sobre corredores logísticos vitales, como el canal de Panamá y el acceso a minerales estratégicos como el litio.

En el esquema de EE. UU., Ecuador se posiciona como una pieza clave para el dominio del Pacífico, a cambio de un respaldo político que, según investigaciones del Proyecto de Denuncia de la Corrupción y el Crimen Organizado, ha sido selectivo, ignorando incluso vínculos de empresas locales con redes de exportación de cocaína. Es decir que el principal objetivo no sería una respuesta al narcotráfico.

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“Creo que sería un error ver este proyecto únicamente como una iniciativa contra el narcotráfico. Esta parece formar parte de un esfuerzo más amplio por reposicionar a Estados Unidos como socio estratégico central en América Latina”, le dijo a la DW Sandra Pellegrini, analista sénior para América Latina de Armed Conflict Location and Event Data (ACLED).

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Pero a diferencia de la desaparecida Base de Manta, que fue un centro físico de operaciones hasta 2009, el “Escudo” sirve como una arquitectura que permite a Washington integrar la inteligencia de países aliados sin las complicaciones políticas de una base permanente, mientras también contrarresta a su rival asiático. Sin embargo, a su vez, está reavivando inevitablemente los temores de injerencia extranjera en la región, razón por la que Petro pone la alerta. ¿Qué significa realmente para Colombia?

“Ecuador está viviendo un reacomodamiento de las fuerzas políticas internas, en las cuales se debate (de hecho, se preguntó en referendo, pero no pasó) si hay un nuevo alineamiento con EE. UU., del papel de Ecuador y de la situación de seguridad interna que, como en Colombia, también es preocupante. No es Ecuador un nuevo patio trasero, sino una opción estratégica de acercarse a Estados Unidos para enfrentar amenazas”, señaló Piñeros.

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Así, mientras Ecuador acepta la tutela tecnológica para fortalecer su seguridad interna, Colombia queda en un aislamiento peligroso que alimenta la desconfianza mutua y que debilita la operatividad regional contra el narco.

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