Glenn Youngkin, candidato republicano, se impuso como gobernador del estado de Virginia sin mayor problema frente a Terry McAuliffe, un exgobernador demócrata de Virginia que buscaba recuperar el cargo.
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Lo más curioso y que deja sin piso los argumentos de los demócratas es que el multimillonario republicano Glenn Youngkin no abrazó ni repudió las ideas de Donald Trump, el gran karma de los demócratas. Y aunque el expresidente sí le dio su apoyo, el candidato republicano evitó deliberadamente situarse al lado del exmandatario, mal visto en muchas partes de Virginia.
Los demócratas querían que esta batalla electoral fuera un referendo sobre Trump y resultó una prueba para el actual presidente, Joe Biden. De acuerdo con un artículo de Elaine Godfrey y Russell Berman, publicado en The Atlantic, “para los demócratas, los resultados brindan una confirmación sombría de lo que las encuestas han mostrado durante meses: Biden ya no es un presidente popular, y los votantes independientes en particular, por ahora, abandonaron su partido”.
Esta victoria les da a los republicanos una plataforma conservadora para las elecciones de medio mandato, que impulsaría su objetivo de retomar el control del Congreso.
La elección es también un test sobre la capacidad de Biden para seducir a la clase media, considerada la gran beneficiaria de sus planes de inversión -uno de infraestructuras y otro de contenido social y climático-, con los que ambiciona transformar el país.
¿Qué pasó?
El candidato demócrata, gobernador de Virginia hasta enero de 2018, había empezado la carrera como claro favorito, pero en los últimos días de la campaña los sondeos mostraban mucha igualdad entre ambos contendientes.
Como señal de la importancia de la votación, los pesos pesados del Partido Demócrata -Biden, su vicepresidenta, Kamala Harris, o el expresidente Barack Obama entre otros- acudieron a Virginia a hacer campaña por McAuliffe.
El hecho de que un multimillonario que se presenta por primera vez a unas elecciones derrote a un ex gobernador con bastante popularidad es un duro golpe para el presidente Joe Biden de cara a las importantes elecciones de 2022 en las que se determinará el control del Congreso.
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Youngkin, que invirtió al menos 20 millones de dólares de su propia fortuna en estos comicios, es hoy un modelo para los republicanos de todo el país, que mirarán de aprovechar en las elecciones de mitad de mandato la base de seguidores de Trump, a la vez que evitan verse manchados por su imagen entre los moderados.
Youngkin tuvo que hacer equilibrismos, ya que la gran mayoría de los republicanos creen en las falsas afirmaciones de Trump de que las elecciones presidenciales que perdió ante Biden fueron fraudulentas, y en medio de ese ambiente, admitir la verdad tiene riesgos políticos.
En lugar de eso, el gobernador electo centró la conversación hacia temas locales de la “guerra cultural” como el aborto, la obligatoriedad de llevar máscara y la enseñanza de la historia racial de Estados Unidos.
Apoyándose en su imagen de candidato del establishment, McAuliffe, de 64 años, se vendió a sí mismo como alguien que recuperó empleos tras la crisis financiera mundial de 2008, y prometió repetirlo para la pandemia. Pero meses después de que los demócratas se hicieran con la presidencia y el Congreso estadounidense, los habitantes de Virginia optaron por un nuevo futuro: Youngkin recuperó la gobernación de Virginia tras más de una década.
¿Qué significa?
Este año, con Joe Biden en la Casa Blanca, los republicanos superaron a los demócratas en entusiasmo y restauraron el patrón histórico en el que las elecciones de año fuera de Virginia sirven como una llamada de atención para el partido del presidente.
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“La derrota fue un revés para los demócratas, que habían estado en ascenso en Virginia durante más de una década. A principios de este siglo, el Viejo Dominio era un bastión republicano. Pero después de la victoria de Barack Obama en 2008, los demócratas ganaron el estado en cuatro elecciones presidenciales consecutivas, obtuvieron ambos escaños en el Senado de los Estados Unidos y, finalmente, ocuparon todos los cargos estatales. La resistencia progresiva a la presidencia de Donald Trump ayudó a los demócratas a ganar ambas cámaras de la legislatura estatal en las sucesivas elecciones de 2017 y 2019″, señalan analistas en The Atlantic.
Una derrota de McAuliffe provacará un reajuste de cuentas entre los moderados en el Capitolio, preocupados de que la expansión del gobierno propuesta por Biden sea excesiva para algunos votantes.
Los líderes demócratas buscan apurar una votación en la Cámara de Representantes sobre el proyecto de ley de infraestructura bipartidaria de 1,2 billones de dólares y un plan de gasto social de 1,75 billones de dólares.
“La victoria de Youngkin es aún más significativa dada la comodidad con la que Biden ganó Virginia hace apenas un año, cuando su margen sobre Trump superó los 10 puntos. Los condados clave vieron grandes cambios hacia la derecha, lo que puso a los republicanos en posición de barrer los tres escaños estatales en juego y borrar la mayoría demócrata en la Cámara de Delegados. El resultado puede hacer que los demócratas se pregunten si subestimaron la potencia del enfoque del Partido Republicano en el cierre de escuelas impulsado por el coronavirus y cómo las escuelas públicas enseñan a los niños sobre el racismo y la historia de Estados Unidos”, se preguntan Elaine Godfrey y Russell Berman.