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11 Nov 2020 - 2:00 a. m.

La corrupción, la raíz de las crisis políticas en Perú

Este país ha visto cómo desde hace 20 años sus políticos terminan expulsados o encarcelados. El difícil camino de los últimos 20 años de la democracia peruana.
En Perú hay muchas manifestaciones en contra de la destitución del presidente Martín Vizcarra. / AFP / Luka GONZALES
En Perú hay muchas manifestaciones en contra de la destitución del presidente Martín Vizcarra. / AFP / Luka GONZALES
Foto: LUKA GONZALES

Los peruanos están cansados de ver la misma película desde hace veinte años: presidentes que renuncian o son destituidos, acosados por la corrupción. A la larga lista de mandatarios que cayeron por manejos turbios de contratos se sumó Martín Vizcarra, quien asumió el poder en marzo de 2018, justo cuando el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski era obligado a renunciar salpicado por el caso Odebrecht, la trama de corrupción más grande que ha sacudido América Latina.

Martín Vizcarra, quien llegó con la promesa de limpiar la política, fue destituido por el Congreso acusado de haber recibido millonarios sobornos; entre tanto, asumió el poder el presidente del Congreso, Manuel Merino, quien se convierte en el tercer gobernante peruano en cinco años (2016-2020). La película se sigue repitiendo.

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Analistas consultados por El Espectador señalan que buena parte del problema peruano es la corrupción que se generalizó en el mandato de Alberto Fujimori (1990-2000), cuando sus asesores corrompieron a la sociedad peruana; nadie se salvó: periodistas, empresarios, banqueros, políticos, jueces, militares y hasta presentadores y actores cayeron en el esquema de dinero sucio y extorsión, que echó raíces tan profundas que, veinte años después de la salida de Fujimori (19 de noviembre de 2000), el país no logra encontrar la fórmula que le ayude a limpiar la política de la corrupción.

Sin embargo, historiadores recuerdan cómo la corrupción se arraigó en la historia del país desde hace tres siglos, tiempo durante el cual el país experimentó un crecimiento económico brillante, gracias a la explotación de recursos, pero pronto todo fue dilapidado por malos manejos e intereses particulares.

Explica Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, que Perú es un casi distinto de los países de América Latina, "porque desde los 90 intentó convertirse en un semipresidencialismo y el Congreso tiene funciones que en otro país no. Y en estas coyunturas es que se ve ese papel. Antes de Odebrecht, el país ya estaba azotado por la corrupción un hastío político".

Ricardo Cuenta, director general del Instituto de Estudios Políticos de Perú (IEP), explicaba en el diario El Comercio que “durante años nos hemos construido como un país incapaz de llegar a acuerdos porque los intereses particulares, disfrazados de colectivos, son los que motivan las acciones políticas. Estamos, desde hace algún tiempo, frente a un tipo de políticos precarios que prefieren la cosmética de la política de corto plazo a la consolidación de la democracia”.

Se refiere a personajes como el expresidente Alejandro Toledo, preso en Estados Unidos por corrupción; Ollanta Humala, exmandatario también investigado por corrupción, y la líder opositora Keiko Fujimori, quien estuvo presa acusada también de corrupción. Y ahora con la destitución de Vizcarra el país vuelve a ver la misma película, pues sigue presa de la codicia y la politiquería.

La amenaza de la destitución planeó sobre la cabeza de Martín Vizcarra desde que llegó al poder. Ayer se consolidó con un agravante, el país no ha salido de la grave crisis sanitaria y económica por la pandemia, que recuerda los tiempos más difíciles del país.

En un editorial, el periódico La República calificó la salida del presidente como un “golpe de Estado”. Señala que los peruanos, hoy protestando en todo el país, siempre se manifestaron en contra de esta medida. “Vizcarra debe ser investigado, pero debe culminar su mandato por las razones legales y por la necesidad de garantizar la continuidad de la gestión del Estado en medio de la pandemia, la crisis económica y el proceso electoral en curso. El golpe de Estado también desafía a la ciudadanía”.

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El diario peruano acusa de ser el líder golpista a Manuel Merino, sucesor de Vizcarra, quien tomó posesión del cargo ayer. Ya había intentado sacar al hoy exmandatario pidiendo apoyo militar y apretando el botón de la vacancia en varias oportunidades. “El papel desempeñado en esta alevosa operación por el presidente del Congreso lo cubre de vergüenza a él y a su partido. Manuel Merino será un presidente indigno que se aúpa al poder con métodos reprobables”.

Vizcarra dejó el palacio de gobierno la noche del lunes; se fue “dolido” y desoyendo las recomendaciones de presentar acciones legales para revertir la decisión del Legislativo. No tiene ánimos de pelear contra “la dictadura de los votos”, pero miles de peruanos en manifestaciones por todo el país le gritan “que luche”.

¿Qué sigue para Perú? Combatir la corrupción fortaleciendo las instituciones, una tarea que hoy parece imposible, pues muchas figuras políticas con poder e influencia también han sido acusadas de malos manejos. La mayoría de funcionarios públicos y privados se han beneficiado de ese sistema corrupto que los ha gobernado durante varias décadas. La mala película se repite.

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