5 Feb 2020 - 2:00 a. m.

Las elecciones de EE. UU. 2020 han empezado

Con el juicio político contra el presidente a punto de quedar desactivado en las Cámaras y con el caucus demócrata de Iowa recién concluido, el discurso sobre el estado de la unión ha supuesto el turno del presidente Trump para lanzarse a la arena electoral, de manera clara y sin ambages.

Miguel M. Benito* / @mbenlaz

Trump intensificó en los últimos meses la tensión con los demócratas, liderados en el Congreso por Nancy Pelosi. / AP
Trump intensificó en los últimos meses la tensión con los demócratas, liderados en el Congreso por Nancy Pelosi. / AP

La tumultuosa personalidad de Trump, que lo convirtió en un candidato inesperadamente efectivo hace cuatro años, ha cuestionado desde su primer día en la Casa Blanca su capacidad de presidir los Estados Unidos. Presidir no en el sentido de tomar decisiones, sino ejercer el gobierno para todos los ciudadanos y que las obligaciones del cargo y la representación institucional de la nación moderasen las inclinaciones del candidato del fuego y la furia.

Pero Trump, el extraño candidato, es un presidente extraño. Lejos de evitar cuatro años de polémicas y rebajar su dialéctica con el objetivo de ganar apoyo para su agenda, ha seguido buscando las confrontaciones con los medios de comunicación, con los demócratas, con una buena parte de los republicanos y con líderes de otros países. Su arma de elección ha sido Twitter, desde donde ha lanzado ataques y descalificaciones contra todos y contra todo. De este modo, ha mantenido a sus votantes movilizados y activos y siempre bajo la sensación de estar siendo atacados por oscuros intereses, conspiraciones con el presidente constantemente sometido a una caza de brujas. La presidencia parece haber solidificado al electorado de Trump.

Así que, por contraste, el discurso sobre el estado de la unión de 2020 ha ofrecido a Trump la posibilidad de adoptar los modos propios de la presidencia una vez más y, al mismo tiempo, lanzarse de lleno a la carrera para la reelección. Así el discurso ha servido de recordatorio de que Trump puede comportarse con la formalidad propia del cargo y dar un discurso formal ante una audiencia dividida y, a la vez, ha tenido la ocasión de empezar a enviar los mensajes que usará para intentar ganar las elecciones en noviembre del presente año. Trump está de vuelta en la refriega electoral. Le puede interesar: El Espectador le explica: ¿Qué va a decir Donald Trump en el discurso del estado de la unión?

El centro de ese mensaje vuelve a ser que Trump no es un político, sino que es un tipo que cumple; que si no ha logrado más cosas es por los rivales y enemigos que tiene. La economía ha sido la joya del discurso de Trump. Porque los logros económicos son el modo de presentar que Trump, el empresario, es el más capaz para crear riqueza para sus compatriotas. Y que es cierto que la economía estadounidense bajo Trump ha ido bien, pero con las mismas tendencias y ritmos que hubo durante la presidencia de Obama. Así que, a medida que parece que la sombra de la crisis de 2008 se va alejando, crece la confianza en recuperar el nivel de prosperidad previo.

Junto a lo económico, Trump puede decir que ha cumplido con los nombramientos judiciales en el Tribunal Supremo; puede decir que, aunque no hay muro, ha endurecido el control migratorio; puede decir que ha tomado medidas económicas contra China y que ha impuesto sanciones a Cuba, Venezuela e Irán y, que el ISIS está derrotado. A partir de ahora volveremos a escuchar que es el peculiar estilo del ocupante del Despacho Oval lo que ha favorecido impensables negociaciones con Corea del Norte y que, por medio de su propuesta puede llevar la paz a Oriente Medio. También para Trump ha sido el momento de recordar que ha renegociado los acuerdos que no consideraba ventajosos para el país. La renovación del ALCA-Nafta y las tensas reuniones con los aliados de la OTAN lo atestiguan. No sé si todo esto se puede presentar como logros, pero sí como el intento por cumplir lo prometido. Le recomendamos: Caucus en Iowa: historia de un fracaso demócrata

Así que la campaña por la reelección de Trump volverá a incidir en la dureza del presidente, que siempre ha sido férreo en la defensa de los Estados Unidos; bueno, menos con Rusia, Turquía y las monarquías del Golfo Pérsico, que han gozado de mucho margen de acción. Y, por supuesto, se hará todo lo posible por obviar la inestabilidad institucional y el caos organizativo en la Casa Blanca, con constantes despidos, ceses y dimisiones de asesores y funcionarios en estos años de gobierno.

Trump ya se ha puesto a la tarea de convencer de que él logra resultados porque es brusco y nada le frena, pero que esos supuestos resultados podrían ser mejores, de no ser por China, los medios de comunicación, las fake news, los burócratas y los demócratas.

Trump volverá a cultivar la idea de que es un outsider, que no es político y, para eso, su principal argumento va a ser el juicio político, que esta misma semana dejará de ser un problema. El impeachment, fallido como ha sido, es munición a favor de Trump y su mejor arma para buscar la reelección. Será presentado como la prueba de que el establishment quiere deshacerse por cualquier medio de Trump.

Y en frente los demócratas entran llenos de dudas a la carrera electoral. Todavía no tienen un candidato y, sobre todo, no tienen claro cómo competir con Trump por el voto de los trabajadores blancos de las zonas rurales e industriales sin desmovilizar a los votantes femeninos, hispanos y afros. Y tampoco saben cómo movilizar el voto femenino, hispano y afro sin dejarle el voto blanco trabajador a Trump.

El discurso sobre el estado de la unión 2020 nos da la bienvenida a la campaña para la reelección de Donald Trump.

*Historiador e internacionalista.

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