20 May 2018 - 6:10 p. m.

Lo que se juega Colombia en las elecciones de Venezuela

Los retos del próximo jefe de Estado colombiano ante el deterioro democrático en Venezuela no son menores: mantener la relación con un vecino tan incómodo, más que necesario es obligatorio.

Ronal F. Rodríguez *

Nicolás Maduro durante el cierre de campaña en Caracas. / AFP
Nicolás Maduro durante el cierre de campaña en Caracas. / AFP
Foto: AFP - JUAN BARRETO

Diferentes sectores en Colombia consideran el evento electoral de este domingo en Venezuela uno de los últimos intentos de un tambaleante régimen por aferrarse al poder, entre ellos el saliente presidente Juan Manuel Santos, quien no ha dudado en augurar el fin del gobierno chavista. Y claro, el deterioro de la situación venezolana sólo puede ser negado por Nicolás Maduro, quien en la última entrevista concedida a un medio internacional, France24, desconoció de forma ofensiva la diáspora venezolana, la crisis humanitaria y endosó la difícil situación económica del vecino país a los actores externos, evadiendo toda responsabilidad y mintiendo descaradamente.

Ningún gobierno democrático podría sostenerse después de tan desastrosa gestión, pero Venezuela ya no es una democracia.

Algunos venezolanos ilusionados con la salida de Maduro no dudan en comparar la cita electoral con el plebiscito del 15 de diciembre de 1957, en el que los ciudadanos “decidían” entre la continuidad o no del gobierno de Marcos Pérez Jiménez y, al igual que se espera hoy, los resultados de los comicios le fueron “favorables” a la dictadura. En aquellos años, la farsa electoral fue uno de los principales factores que desencadenaron el mítico 23 de enero, día de la caída del gobierno militar. No en vano, muchos consideran que la elección presidencial termine por derruir al chavismo.

No obstante, el régimen encabezado por Nicolás Maduro ha logrado sostenerse en el poder, contener miles de protestas y destruir las fuerzas opositoras, enseñando la cara represora del gobierno, que, entre cuerpos oficiales y fuerzas paramilitares, los colectivos, amedrentan a los venezolanos llevándolos a vivir en zozobra. También desvirtuaron la esperanza de un cambio democrático electoral, desmoralizando a la población, robándole la ilusión y abocándolos a dejar el país.

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No se esperan mayores sorpresas para la jornada, muy seguramente el gobierno movilizará a toda la población que pueda, y entre dádivas, extorsión y amenazas, miles de venezolanos harán fila en las urnas. Cuando se acerque el cierre de la jornada, el Consejo Nacional Electoral (CNE) e importantes figuras del chavismo saldrán a reportar que miles de venezolanos permanecen en las filas, esperando participar y ejercer su derecho, acto seguido anunciarán que las mesas se cerraran hasta que el último de los venezolanos vote. Darán la apariencia de una masiva participación, como ocurrió el pasado jueves en el cierre de campaña. Finalmente, presentarán unos resultados en los cuales el “presidente obrero” es ratificado por el pueblo para continuar al volante de la revolución.

La única pregunta real será ¿cuántos votos le reconocerán a Henri Falcón? Del monto de ellos dependerá su identificación como la nueva cabeza de la oposición y el único con la “legitimidad” para negociar con el gobierno. Incluso podríamos asistir a la configuración de una oposición “colaboracionista” que centre su labor en dar respuesta a las demandas de los venezolanos, pero que no exija la salida de Maduro y el chavismo.

Y en los más de siete meses que hay entre la elección y la posesión presidencial –claro, si la Asamblea Nacional Constituyente no modifica las fechas–, se convocará a una negociación que le permitirá al gobierno antes de la investidura afirmar que la oposición y el gobierno han llegado a acuerdos para la recuperación del país ante la arremetida internacional de la cual es víctima. Sin olvidar que teóricamente Maduro es el presidente legítimo hasta asumir el nuevo mandato en enero del próximo año, así muchos Estados desconozcan el resultado de las elecciones de hoy, incluyendo a Colombia y la mayoría de los candidatos presidenciales, con excepción de Petro, que siempre evade la pregunta.

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Así las cosas, el escenario para la madrugada del 21 de mayo es la continuidad, “por ahora”, de Nicolás Maduro, lo cual generará algunos efectos inmediatos y otros de corto plazo. Tan pronto se abra la frontera, cerrada por el certamen electoral en Venezuela, veremos pasar un número importante de venezolanos que pueden llegar a causar un efecto en la semana previa a la elección presidencial en Colombia. Sería recomendable no abrirla hasta pasado el proceso colombiano, pero no podemos olvidar que muchos de los que cruzan lo hacen en condición de asistencia humanitaria, buscando alimentos o medicinas, y cada día de la frontera cerrada es un día de hambre y enfermedad, lo que finalmente es obligarlos a pasar irregularmente.

En el corto plazo los efectos pueden ser más adversos. Sin una esperanza de cambio y un gobierno que no tiene el menor reparo en mentir, cientos de miles de venezolanos tomarán la decisión de cruzar la frontera, pero ya no por un plato de comida o unas medicinas, sino de forma definitiva, algunos ilusionados con llegar a Chile o Perú, otros tratando de conectarse con los familiares y amigos que en más de treinta años de migración colombiana en Venezuela construyeron, o con aquellos que han llegado como avanzada.

Veremos crecer exponencialmente el fenómeno migratorio venezolano con todo lo que ello implica.

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Los retos del próximo jefe de Estado colombiano ante el deterioro democrático en Venezuela no son menores. La era chavista es mucho más que la destrucción del sistema democrático y la instauración de una dictadura, el gobierno revolucionario desestructuró al Estado y alteró las relaciones entre los ciudadanos y las instituciones políticas y sociales del país.

Mantener la relación con un vecino tan incómodo, más que necesario es una obligación ante el actual panorama, a diferencia de lo que han expresado algunos de los candidatos presidenciales, será fundamental mantener una línea de comunicación entre los dos Estados. La verdadera diplomacia es la que se establece con una contraparte adversa, y no entre países aliados. Una diplomacia firme que mantenga la tentación bélica a raya, sobre todo con un gobierno como el venezolano, pero que a la vez exija respuestas ante el problema migratorio y las complejidades de la frontera.

Ningún otro país en el mundo tiene una relación con Venezuela como la tiene Colombia, y su crisis no solamente los afecta a ellos, sino también a nosotros. El otro efecto en el corto plazo será la afección que la continuidad de Maduro pueda tener en la segunda vuelta presidencial en Colombia. Si bien el problema fue abordado por los candidatos, la salida de venezolanos posterior a la farsa electoral puede crispar la recta final.

El mayor reto de los candidatos será abordar con responsabilidad y entereza una situación, evitando la instrumentalización de la tragedia venezolana. No quiere decir que la ignoren, deberán formular acuerdos y consensos para abordar el tema desde una postura institucional que permita demostrar la solidez del sistema democrático colombiano, a pesar de las polarizaciones que vivimos.

*Profesor e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

@ronalfrodriguez

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