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Los 250 años de EE. UU.: entre la “falta de patriotismo” y el nacionalismo cristiano

Estados Unidos celebra 250 años con el patriotismo en mínimos históricos y un gobierno que intenta convencer a sus ciudadanos de que la nación nació cristiana. Los Padres Fundadores no estarían de acuerdo.

Camilo Gómez Forero

03 de julio de 2026 - 06:13 a. m.
Uno de cada cinco estadounidenses afirma que no celebrará el Día de la Independencia este año.
Foto: EFE - SHAWN THEW
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Este sábado, Estados Unidos tendrá una fiesta por sus 250 años de independencia en medio de dos extremos: uno que no quiere festejar nada -el patriotismo ha alcanzado mínimos históricos, según encuestas de Gallup- y otro que parece haber perdido el norte de esta celebración con el auge del nacionalismo cristiano.

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Aunque la Declaración de la Independencia, que dio origen a esta festividad, menciona a Dios o un “creador” cuatro veces, los Padres Fundadores de Estados Unidos rechazarían la lectura que hoy muchos hacen en el país: que Estados Unidos fue creado por Dios con un propósito divino, y su forma de gobierno legítima es cristiana. Esa es la misma lectura que hoy el gobierno de Donald Trump intenta instalar como la narrativa oficial y que ha explotado en los meses previos a esta fecha. Hoy muchos no solo celebran la independencia estadounidense, sino el nacimiento de ese “gobierno cristiano”.

En mayo, durante un evento de oración en el National Mall, el vicepresidente J. D. Vance afirmó que “toda ley refleja una moralidad” y que esa moralidad “viene en última instancia de la religión”. La religión y la moralidad que formaron la conciencia americana, dijo Vance, “fueron decididamente cristianas”. No era un sermón en una iglesia: era un acto oficial del gobierno con el que se insistía en esta narrativa. Pero esto no tiene sostén histórico.

Thomas Jefferson, uno de los fundadores de la nación, era deísta, Benjamin Franklin era escéptico y James Madison articuló la separación entre iglesia y Estado. Las cuatro menciones a Dios en la Declaración son referencias deliberadamente genéricas, producto de la Ilustración, no del cristianismo. Jefferson las escogió así con precisión para que el documento no perteneciera a ninguna confesión en particular.

“Los fundadores eran religiosos, pero enfáticos en sus deseos de mantener separación entre el gobierno y la religión. Creyeron en el derecho de cualquier ciudadano de practicar su religión libre de la influencia del gobierno. Claro, en esa época la gran mayoría de inmigrantes fueron cristianos. Musulmanes, hindúes y budistas no figuraban en sus pensamientos. Pero los evangélicos hoy en día están mezclando la religión y el gobierno en una forma no deseada por los fundadores”, explica el exdiplomático estadounidense Lawrence Gumbiner.

La idea de una “nación cristiana fundacional” es en gran parte una construcción del siglo XX, no un hecho histórico, que durante el siglo XXI se ha popularizado mucho más gracias a figuras políticas que han promovido un discurso religioso, incluyendo al hoy martirizado Charlie Kirk, el influyente activista conservador asesinado en septiembre de 2025 durante un debate universitario, cuyo legado ha convertido el patriotismo en una causa espiritual para toda una generación.

“La mayoría —prácticamente todos— de los historiadores serios coinciden en que Estados Unidos no se fundó como una nación cristiana en ningún sentido legal, filosófico o constitucional relevante”, afirma el grupo Americanos Unidos por la Separación Iglesia-Estado a la AP.

¿Cómo ven los jóvenes el patriotismo?

Aun así, para millones de jóvenes estadounidenses hoy esa distinción histórica resulta irrelevante. En Palm Beach, Florida, Gracie Bell Joyce, de 16 años, abre cada mañana la tienda de mascotas de su familia rezando y escuchando música de alabanza. No se considera una activista política, sino una evangelizadora. Su héroe era Kirk.

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Como señaló “The New Yorker” en un reportaje sobre las juventudes cristianas en el país, en el que recogían su caso, durante sus últimos meses de vida Kirk hizo lo posible por expandir las secciones de Club America, la rama juvenil de su organización Turning Point, en las escuelas de Estados Unidos.

Hoy hay más de 3.600 clubes abiertos de esta organización que celebra el “patriotismo” y anima “a los estudiantes a izar banderas y a recitar el Juramento a la Bandera”, pero con el discurso religioso de fondo. Los grupos evangélicos están entrelazando la fe con los principios de libertad y justicia, y están reemplazando una celebración nacional patriótica por una nacionalista de corte religioso que convierte ese amor en identidad colectiva exclusiva. Eso significa que quienes no comparten esa fe, o esa versión de esa fe, no son ciudadanos plenos del proyecto americano.

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El gobierno y las iglesias evangélicas han promovido la idea de que ser buen americano, ser cristiano y apoyar este momento político son la misma cosa, lo que ha fracturado más al país en lugar de unirlo.

En paralelo a la celebración ocurre una profunda incomodidad que este aniversario redondo se ha vuelto inevitable ignorar. Los desencantados que no quieren festejar son afroamericanos que recuerdan que se necesitaron 89 años después de la Declaración para abolir la esclavitud, y casi 150 para reconocer la ciudadanía de los nativos americanos en sus propias tierras. Son inmigrantes que ven cómo la retórica de “todos los hombres son creados iguales” convive con redadas masivas del ICE. Son jóvenes que empiezan a alejarse también de la religión porque ven cómo se han volcado “más sobre apoyar a Trump” que sobre la espiritualidad.

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No es la primera vez que un aniversario redondo de EE. UU. enfrenta esta grieta. En 1976, mientras Filadelfia celebraba el bicentenario, más de 30.000 personas se manifestaban en el norte de la ciudad: afroamericanos, nativos americanos, activistas por los derechos de las mujeres y puertorriqueños que pedían independencia. La fiesta oficial y la protesta han coexistido siempre.

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¿Qué se celebra el 4 de julio?

El problema por estas fechas es que Estados Unidos hoy no tiene una respuesta colectiva a esta pregunta tan básica. Mientras grupos como la Asociación Nacional Evangélica y el mismo gobierno mezclan la religión con la identidad fundacional, otros comparten una visión distinta.

Para Joyce Gianfelice, maestra retirada, la respuesta es sencilla: “Celebramos nuestra libertad, nuestra independencia del dominio extranjero y nuestra fortaleza como la mayor democracia del mundo”. Christine Donahue, psicóloga preescolar, dice que “celebramos el día en que Estados Unidos firmó la Declaración de Independencia de Gran Bretaña en 1776”, una respuesta históricamente más ajustada. Lo que se celebra es esencialmente un texto y el momento en que un grupo de colonos declaró, en papel, que el poder legítimo emana del consentimiento de los gobernados y no de un rey. No una batalla, no una frontera, no una etnia. Una idea. La cual, cabe resaltar, no se asentaba sobre ninguna religión.

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