La desclasificación masiva de millones de documentos del Departamento de Justicia (DOJ) ha terminado por desmantelar un mito: que la red de Jeffrey Epstein era un fenómeno exclusivo del hemisferio norte. Los archivos revelan que América Latina no solo fue un destino de “recreo” para la élite global, sino un nodo logístico para la captación de menores de edad por parte del difunto pederasta.
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Durante años, Epstein buscó coordinar redes de influencia en la región para continuar con el reclutamiento de víctimas. Esto es lo que se ha descubierto tras el trabajo minucioso de periodistas en la región, sobre el que los mismos colegas presentan una gran autocrítica.
“La cobertura del caso ha sido vergonzosa, prácticamente nula. Hay una necesidad de la población de entender qué pasó y, como no damos respuesta, la gente termina informándose en TikTok. Si no se sabe qué es verdad, todo termina pareciendo mentira”, señala la periodista Camila Dolabjian de La Nación.
Argentina: entre el glamour de pasarela y el desplome financiero
La conexión argentina es, quizás, una de las más documentadas en esta última tanda de archivos. Uno de los hallazgos más desgarradores de la investigación liderada por Dolabjian aparece en el folio EFTA01650620, donde agentes del FBI discuten la necesidad de traductores y terapeutas para “comunicar avances a las víctimas en la Argentina”, lo que despeja dudas sobre si había o no afectadas y sobrevivientes de la red en el país, como ocurrió con la exploración que hizo El Espectador sobre los archivos en Colombia la semana pasada. En nuestro caso, destacamos la falta de ética en la redacción de los documentos para proteger los datos sensibles de las víctimas. En Argentina también pasó.
“La falta de criterio de ética pública en estos archivos no tiene otra explicación que haber sido a propósito. Borraron nombres de remitentes, pero dejaron nombres de pila de chicos argentinos y modelos de agencias locales que aparecen en relatos de experiencias sexuales tremendas”, dijo Dolabjian.
El modus operandi de captación parece haber sido a través de una infiltrada industria de la moda. Entre 2012 y 2013, agencias de modelos con base en Buenos Aires enviaban “portafolios” directamente al correo de Epstein. Paralelamente, el estilista Roberto Giordano aparece en extractos bancarios recibiendo varios giros de dinero por parte del pederasta, sin precisar por qué.
Los eventos de alta sociedad en Pinamar y Punta del Este realizados por Giordano siempre fueron señalados como una fachada que servía para llegar a las jóvenes. Giordano, quien falleció en 2024, vivió en Uruguay hasta sus últimos días, tras haber enfrentado condenas judiciales en Argentina por defraudación al Estado y falta de pago de aportes sociales.
Argentina, por otro lado, también fue el escenario de una “bronca” financiera para Epstein, según la investigación de Dolabajin. En 2018, su agente Paul Barrett reportó una pérdida de USD 1,2 millones debido a la crisis cambiaria y los bonos argentinos durante la gestión de Mauricio Macri. Epstein, obsesionado con los números y que no aceptaba la pérdida, llegó a preguntar con frialdad en un correo: “¿Dónde está la pérdida argentina?”, exigiendo ver el rastro del dinero. El país fue, según Barrett, uno de sus “tres peores negocios”.
Finalmente, los correos con Julian Leese (hijo de un magnate de armas) confirman que Epstein estaba buscando refugio o distracción fuera de EE. UU. cuando la presión judicial comenzó a asfixiarlo nuevamente tras las publicaciones del “Miami Herald”. Epstein dijo sí a un viaje de caza en 2019, pero antes de que se concretara fue detenido en Estados Unidos.
Brasil: la industrialización del reclutamiento
Los documentos de 2026 también revelan una estrategia de captación depredadora en Brasil. Epstein y su socio, el fallecido agente de modelos Jean-Luc Brunel, consideraron invertir USD 500.000 en concursos de belleza en el interior de Brasil. El objetivo: buscar “chicas pueblerinas”, caras nuevas que no estuvieran “cansadas de la industria” y que fueran más fáciles de manipular.
Según los documentos analizados por el periodista brasileño Luiz Fernando Toledo, un socio cercano (cuyo nombre aparece tachado en un archivo) le propuso una jugada estratégica Epstein: la compra de una revista de moda brasileña por una oferta inicial de USD 200.000. La revista no estaba destinada a ser un negocio editorial, sino un filtro de selección diseñado para canalizar mujeres directamente hacia su mansión en Manhattan.
“Todos los castings se pueden hacer en Nueva York, así que fácilmente podrías tener de 20 a 30 chicas aspirando a la portada cada mes”, dice un correo.
Aunque Epstein finalmente descartó la compra a finales de 2016, por considerarla poco rentable, los planes no se cortaron del todo, sino que optó por una alternativa más barata y siniestra. Para 2017, su socio presumía de haber corrompido el sistema desde adentro.
“Tengo a la editorial brasileña local en mi bolsillo. Cada vez que quiero que fotografíen a una chica, simplemente le doy unos miles al editor”, dijo.
Esta red de sobornos permitía que el engranaje del abuso girara bajo la fachada de la legitimidad profesional. El cinismo de la organización quedó también sellado en una frase lapidaria de los archivos, donde el socio de Epstein lamentaba no haber comprado “todo Brasil” por unos pocos cientos de miles de dólares para, según sus palabras, “garantizar un flujo constante de mujeres”.
A través de una figura anónima, denominada “Agente madre”, la red suministraba menores de entre 13 y 15 años para fiestas en Estados Unidos y el Caribe. El poder de Epstein en Brasil se resumía en una frase de los archivos: “Con USD 5.000 puedes silenciar a cualquiera”.
Sobre esto, Dolabjian destaca que “estos monstruos valorizaban más a los niños blancos por sobre los niños de color. Por eso Argentina y el sur de Brasil eran lugares codiciados por la Mesopotamia, los niños son blancos y de muy bajos recursos”.
El impacto de estas revelaciones trascendió el papel. El jueves, el Ministerio Público Federal (MPF) de Brasil anunció la apertura de una investigación formal para determinar el alcance de esta red de captación en el país. La Procuraduría de la República subrayó que los relatos de las víctimas son fundamentales para el proceso.
Perú: “Turismo de dos piernas” y la Corona británica
El capítulo peruano conecta la red directamente con la realeza. Los correos de 2002 entre Ghislaine Maxwell y el empresario trujillano Juan Esteban Ganoza Temple revelan la logística de una visita para “El hombre invisible”, alias utilizado para el príncipe Andrés, duque de York.
Según recogió el periodista peruano Ricardo Mc Cubbin, Maxwell definía las actividades en Perú como “algo de turismo y algo de turismo de dos piernas”, un código para la búsqueda de mujeres y adolescentes. En los mensajes, Ganoza preguntaba con naturalidad sobre la edad de las “amigas” que Epstein buscaba, asegurando que se moverían con total discreción para que nada saliera en los periódicos. Aunque Ganoza ha negado cualquier conducta ilícita, los folios EFTA del DOJ muestran una coordinación milimétrica para satisfacer los apetitos de la red en suelo peruano.
Chile: vínculos más profundos con científicos
Los analistas de los archivos Epstein señalan que el pederasta siempre buscaba “puentes” locales, como científicos o empresarios, además de estilistas y personas del mundo de la moda, para normalizar su presencia en el país y, eventualmente, facilitar el flujo de personas sin levantar sospechas.
En ese sentido, llama la atención el capítulo chileno, revelado por la periodista investigativa Javiera Ostertag, de Radio Bío Bío, que muestra cómo la red no solo buscaba glamour, sino la legitimidad del prestigio académico. El físico chileno-israelí Eduardo Guendelman, por ejemplo, gestionó con Epstein financiamiento para un centro de física en Bahamas (Basic). Aunque Epstein mostró interés inicial en 2015, el proyecto nunca se concretó materialmente.
Los correos revelan que nombres como el del empresario Andrónico Luksic y el exministro Andrés Velasco circulaban en la órbita de Epstein como contactos de interés para reuniones de alto nivel. Además, surgió la figura del cosmólogo Lawrence Krauss, quien en 2018 pidió consejos a Epstein para manejar sus propias denuncias de acoso sexual mientras planeaba viajes a Chile.
México: el blindaje de las élites
La desclasificación de los archivos de Epstein exige una lectura con bisturí, pues los documentos demuestran que el Departamento de Justicia no solo liberó pruebas, sino también el “ruido” de investigaciones inconexas. México es la mayor prueba de ello.
Si bien figuras como Ricardo Salinas Pliego y Carlos Slim aparecen vinculados estrictamente a foros de tecnología y redes de contacto de alto nivel (como el folio EFTA01794970), otros expedientes muestran el caos informativo que rodea al caso. El ejemplo más crítico es el de los correos de Ken Turner, quien asegura ser un exagente estadounidense, cuyas denuncias, incluidas en los archivos bajo el folio EFTA00165013, que se hizo viral, mezclan nombres reales con teorías conspirativas que rozan lo inverosímil, como supuestos tiroteos con agentes de la Embajada de EE. UU. y acuerdos secretos para sustituir a convictos en cárceles mexicanas.
Es precisamente en este “basurero de información” donde surge una de las acusaciones más graves y, a la vez, más cuestionadas: la que señala al exembajador Earl Anthony Wayne de haber sido arrestado por la Policía Federal de México en 2014 tras participar en una fiesta en Ciudad Juárez, organizada por Epstein y Richard Marcink, y de haber cometido conducta sexual inapropiada contra una menor. Por esto habría sido “enjuiciado en 2017”. También se sugiere que por todo esto existe una orden de arresto pendiente contra el embajador Wayne en México, la cual se dice que está evadiendo.
Sin embargo, la Academia Estadounidense de Diplomacia y el registro público desmienten categóricamente estas afirmaciones: Wayne se jubiló en 2015, dos años antes del supuesto juicio en su contra, y ha regresado a México como observador electoral sin inconvenientes. Si existiera una orden de arresto de esta naturaleza, se habría tramitado mediante el proceso de extradición con los departamentos de Estado y de Justicia, y no hay muestra de esto.
El caso sirve de advertencia para nosotros: el hecho de que una acusación figure en un archivo oficial del FBI no la convierte en verdad. A menudo, solo certifica que alguien, en algún momento, decidió contar una historia malintencionada. Por lo tanto, el capítulo mexicano se ha dividido en dos realidades: la del interés genuino de Epstein por infiltrar la élite económica y la de las invenciones que intentan colgarse del escándalo.
“Produce una tristeza enorme porque cuando nada se sabe si es verdad o mentira, en realidad todo es mentira. Se termina diluyendo la realidad de lo que pasó”, señala la reportera argentina.
Eso sí: ha quedado claro que a Epstein le fascinaba la arquitectura del poder mexicano, y en sus notas destacaba la seguridad privada de los magnates locales como un modelo a seguir. Las investigaciones recientes también sugieren que intentó “entender” las dinámicas de los carteles para garantizar la seguridad de sus operaciones.
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