
Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido en Brasil. En medio de una elección que se definió por voto finish, el país vivió una jornada sin precedentes por muchas razones. Es la primera vez que un candidato que perdió en primera vuelta logra remontar para la segunda. Pero, además, por denuncias de ambas campañas, un juez extendió dos horas el plazo para votar, una medida que causó una confusión inusitada mientras el conteo de los votos quedaba suspendido.
Casi 160 millones de brasileños fueron convocados el domingo a las urnas para votar en segunda vuelta entre el actual mandatario y el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. El octogenario presidente jurará para un cuarto mandato el próximo 5 de enero. Será la persona de mayor edad en gobernar el país.
La derecha buscaba confirmar la victoria que el heredero político del encarcelado líder del Partido Liberal (PL) obtuvo en la primera vuelta: 47 % contra 45 % de los votos que obtuvo Lula. Pero no lo logró y Lula se queda así, junto a Claudia Sheinbaum en México y Yamandú Orsi, como el único referente progresista en una región que ha girado a la derecha en los últimos meses.
La victoria de Lula, del Partido de los Trabajadores (PT) no fue holgada y su gobernabilidad se pondrá a prueba frente a un Legislativo en el que el bolsonarismo se impuso el pasado 4 de octubre. Para los analistas, la dificultad con la que Lula fue reelegido también hace urgente apurar el relevo generacional dentro del PT. Además, su legitimidad, para muchos, puede estar en entredicho tras las atipicidades del domingo.
A pocas horas del cierre de las urnas, Lula denunció la falta de transporte público que estaba afectando a muchos votantes. El juez Cristiano Zanin atendió a los llamados y extendió dos horas el cierre de las mesas. Pero la instrucción fue confusa: no era claro si los puestos que ya habían cerrado debían reabrir; el conteo ya había comenzado y tuvo que detenerse.
La decisión del magistrado del Supremo Tribunal Federal de Brasil produjo suspicacias, pues Zanin es considerado cercano a Lula da Silva, pues lo defendió al en procesos relacionados con la operación Lava Jato. No obstante, durante la tarde del domingo también se informó que la inédita medida del juez se basó en una queja oficial del PT, pero también en reclamos del PL, que denunció demoras a causa de las inclementes lluvias.
El resultado volvió a contradecir a los sondeos, si bien estos anticiparon la estrechez de la elección: Datafolha y Quaest mostraron el sábado que Bolsonaro obtendría el 51 % de los votos frente a 49 % para Lula.
¿Quién es Lula da Silva?
Ayudó a fundar un partido que cambió la política brasileña, pasó casi 600 días en la cárcel y recobró la libertad para ser investido por tercera vez como jefe de Estado de la mayor potencia de América Latina. Hoy, con un proyecto enfocado en las políticas sociales y la Amazonia, es presidente electo por cuarta vez.
Cumplirá 81 años este martes y será el segundo jefe de Estado que más tiempo ha gobernado en Brasil, 16 años, si completa el nuevo mandato.
Nacido en Garanhuns, en el estado de Pernambuco, al noreste de Brasil, en el seno de una familia de escasos recursos, fue el séptimo de ocho hijos de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Mello. Lo bautizaron Luiz Inácio da Silva. “Lula”, derivado de “Luiz”, se incorporaría a su nombre oficial muchos años después, en 1982, para ser la denominación con la que es conocido a escala mundial.
En busca de mejores oportunidades, cuando todavía era un niño, él y su familia se mudaron a San Pablo, ciudad en la que Lula edificaría su carrera política.
Empezó formándose como tornero. Ejerciendo ese trabajo, en 1964, perdió parte del dedo meñique de la mano izquierda, otra de sus principales características. Cinco años después se casó con su primera esposa, María Lourdes, quien fallecería dos años más tarde a causa de una hepatitis.
En paralelo, Lula empezaba a forjarse como líder político: fue elegido suplente de la dirección del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema, y luego de fungir como primer secretario llegó en 1975 a la presidencia de la organización, que representaba a unos 100.000 trabajadores. Un año antes se casó con su segunda esposa, Marisa Letícia, una viuda igual que él y a quien conoció durante el ejercicio sindical. Tuvieron cuatro hijos: tres biológicos y uno de Marisa a quien Luiz Inácio adoptó.
El Lula sindicalista promovió movilizaciones obreras durante la dictadura militar que gobernó Brasil desde 1964 a 1985. Su creciente proyección nacional, como consecuencia de las huelgas que lideró, lo hicieron incómodo para el régimen, que terminó interviniendo el sindicato y deteniendo a Lula en 1979. Pasó un mes en prisión.
Un año después, en 1980, estuvo entre los fundadores de su colectividad, el Partido de los Trabajadores (PT). Terminada la dictadura, fue elegido diputado federal por San Pablo en 1986 y participó en la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución del 88. Un año después empezaría a perseguir la presidencia del país, que le fue esquiva en tres ocasiones, hasta que finalmente, en 2002, logró la victoria, y de nuevo en 2006, periodo en el que tendría que capotear la crisis económica global de 2008.
La expansión de la política social marcó el legado de sus dos primeros periodos, con la Bolsa Familia como uno de los principales estandartes. Se trataba de un apoyo monetario para los hogares de menores ingresos concebido para ayudar a sacar a millones de personas de la pobreza. Se calcula que hoy beneficia a una cuarta parte de la población brasileña.
Casi al tiempo de que le entregaba el testigo a su sucesora, Dilma Rousseff, anunciaba un diagnóstico de cáncer, que logró superar. Sin embargo, la tormenta apenas empezaba, pues en 2014 estallaría el escándalo de Lava Jato, la investigación por corrupción más grande en la historia de América Latina. En el marco de esta operación, Lula sería declarado culpable por los delitos de corrupción pasiva y lavado de dinero.
Defendió su inocencia, pero durante la presidencia de Michel Temer, que asumió el mando tras la destitución de Rousseff, entró en prisión en 2018. Esto le impidió al líder del PT participar de nuevo en las elecciones, que finalmente ganó el candidato de la derecha, Jair Bolsonaro.
Lula recuperó su libertad el año siguiente para que, por fin, en 2021 las condenas en su contra fueran anuladas. Sin embargo, sus detractores siguieron afirmando que los procesos fueron anulados por vicios en el trámite y que Lula no demostró su inocencia, que, no obstante, se presume por Constitución.
Tras la muerte de Marisa Letícia en 2017 a causa de un accidente cerebrovascular, volvió a contraer nupcias en 2022, esta vez con Rosângela da Silva, conocida como Janja, quien se convertiría en la primera dama de Brasil tras una nueva victoria electoral de Lula.
El inicio de su tercer periodo, en 2023, estaría marcado por el intento de golpe de Estado por el que posteriormente sería condenado Jair Bolsonaro, hoy detenido por dicha causa.
El nuevo mandato del líder del PT empezó con varios aliados en el vecindario, como Gustavo Petro en Colombia, Gabriel Boric en Chile y posteriormente Claudia Sheinbaum en México. Pero el mapa político de la región cambiaría de forma drástica para dejarlo a él y a Sheinbaum prácticamente como los únicos líderes de izquierda influyentes en la región y haciendo oposición a la creciente presión de Donald Trump en los países del continente.
Trump no vaciló en apoyar a Flávio Bolsonaro, hijo mayor de Jair y quien tomó las banderas de su padre para enfrentarse a Lula en las urnas. A diferencia de Argentina, Honduras o Colombia, el líder republicano no logró su cometido en Brasil.
Lula empezará así su cuarto gobierno: con el desafío de resistir en el progresismo en una región que giró a la derecha, a riesgo de caer en una suerte de aislamiento. Ese reto, no obstante, parece secundario ante la necesidad de lograr algún nivel de gobernabilidad luego de que el bolsonarismo se impusiera en el Legislativo.
El líder de izquierda, en todo caso, no es un novato. En el pasado, su capacidad de moderar su agenda le ha permitido navegar las aguas en un país que hoy parece más polarizado que nunca. Factores externos, como una victoria demócrata en las elecciones de medio término en Estados Unidos la próxima semana, podrían ayudar a suavizar el viaje.
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Alberto(3788)•25 de octubre de 2026 – 20:48¡Viva LULA, Viva Brasil! Maravilloso Triunfo.