Recordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y que fueron impulsados desde Colombia. También que el Acuerdo de Paz fue respaldado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde tiene un mandato como miembro no permanente hasta el otro año, y que en su momento el Estado colombiano, entre 1995 y 1998, lideró el Movimiento de los Países No Alineados. Que el impulso a la profesionalización del servicio exterior, “aunque fue duro y complicado”, se logró y se impuso ante una dinámica que ha existido de “tomar los puestos de la Cancillería y en el exterior para pagar favores políticos, tener amigos y hacer relaciones públicas”. Anhelan que se retomen viejas prácticas, como cuando había un diálogo directo con Estados Unidos, único entre los demás países latinoamericanos, para conversar sobre asuntos de la región, “no agachados, sino como interlocutores”. El mensaje fue claro: que el país no abandone lo que le ha costado años construir.
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Los excancilleres Carolina Barco, María Ángela Holguín, Julio Londoño y Camilo Reyes llenaron el auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá, hablando de eso: acerca de los retos que tiene Colombia ante un mundo cada vez más interconectado, donde los conflictos se han vuelto cada vez más complejos y los desafíos no le competen a uno solo, sino a todos. Con una realidad cambiante, en la cual el narcotráfico no es la única preocupación (aunque sigue siendo una prioridad), sino también lo son la minería ilegal y el tráfico de personas, así como el uso de drones, entre otros aspectos más, Colombia tiene la tarea de pensarse y actuar en medio de ello, y su historia y experiencia, según relataron, es algo que juega a su favor. Por ello hablaron de cuando el país logró un hito en la ONU: conseguir la aprobación de una resolución para evaluar la política global contra las drogas desde la perspectiva de la responsabilidad compartida. En esa ocasión, “Colombia se dio el lujo de ser líder”.
El multilateralismo es la respuesta, aseguró Holguín: “Es la única forma en la que el mundo se puede entender”. Y por ello lamentó que, a través de los años, la integración regional se haya debilitado, se haya ideologizado, cuando los temas en común no son de esa índole, y con eso se refirió al narcotráfico, al crimen organizado y a la minería ilegal, que se han esparcido por América Latina. Espera, en ese sentido, que el gobierno de Abelardo de la Espriella, que no descarta sacar a Colombia de espacios como la ONU, la OEA y el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, además de la Corte Penal Internacional, “vea que entre más socios tenga el país, mejor nos va a ir a todos los colombianos”. Se trata de apostar por el bipartidismo que históricamente ha caracterizado a las relaciones con Estados Unidos, pero también de expandir horizontes: “Yo lo hice en la Cancillería: lograr llegar a más países de Asia, lograr llegar a países africanos, a potenciales socios. Eso es fundamental”.
Colombia tiene que estar en el escenario global, tiene que hacer presencia allí, fue una de las conclusiones del encuentro, y el excanciller Londoño lo reafirmó cuando habló de Cuba, un país que, además de ser caribeño, ha construido una relación, con altos y bajos, en términos de construcción de paz, sin obviar la influencia que ha tenido también con el ELN, que ahora, además, es un asunto binacional con Venezuela. La situación de la isla la describió como “dramática”, producto de “un sistema que colapsó” y frente al cual “Estados Unidos está tratando de hacer una implosión”. Dijo que, a su criterio, “tendrá que presentarse un momento de apertura económica total y pienso que hay que estar presentes”. Entonces, ahí, tal vez más que en cualquier otro lado, debe haber una política exterior colombiana pragmática.
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No cree que cerrar la embajada en La Habana, como lo planteó De la Espriella, sea una buena opción: “Sería mejor conservarla”. Reconoció que hay algunas, sobre todo en África, que “no tienen mayor connotación”, pero también que “la calidad de las relaciones internacionales no depende del número de embajadas abiertas, sino de la dirección que se le dé a la política exterior, a la competencia de los funcionarios y a la capacidad que tiene el país para proyectarse”. No es algo menor para él y para sus colegas que Colombia haya liderado la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Comunidad Andina de Naciones y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). Colombia tiene oportunidades en el multilateralismo, y ha demostrado que es capaz, que puede hacerlo.
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