Con la mirada triste y la incertidumbre a cuestas, cientos de migrantes partieron este jueves en embarcaciones desde el Caribe panameño hacia Colombia, luego de fracasar en su intento de llegar a Estados Unidos debido a las deportaciones impuestas por el presidente Donald Trump.
Desde la localidad de Miramar, en la provincia de Colón, 180 migrantes abordaron tres barcos con destino a la frontera con Colombia, en lo que parece ser una nueva ruta establecida para agilizar y hacer más seguro el retorno hacia Sudamérica. Entre los pasajeros se encuentran alrededor de 50 niños, en su mayoría venezolanos, aunque también hay migrantes de otros países sudamericanos.
“Regresamos, ¿qué vamos a hacer? No podemos hacer más nada, tenemos que volver a Venezuela”, dijo a AFP Francisco Javier, un migrante venezolano de 31 años. Como él, muchos han gastado miles de dólares en su travesía y ahora intentan economizar para regresar a casa.
Las embarcaciones navegarán hasta la tarde sin hacer escalas en pequeñas islas del Caribe panameño, con el objetivo de llegar al mediodía del viernes a La Miel, en la frontera con Colombia. Desde allí, los migrantes continuarán su trayecto hacia la población colombiana de Necoclí, a orillas del golfo de Urabá.
El viaje de retorno por mar se ha convertido en la opción más viable para evitar cruzar nuevamente la selva del Darién, una ruta plagada de peligros naturales y bandas criminales. En lo que va de 2024, más de 300.000 migrantes, mayoritariamente venezolanos, han atravesado esta jungla, pero ahora buscan alternativas más seguras.
Según el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, el número de migrantes que regresa desde el norte “va en ascenso”. Panamá ha solicitado al gobierno colombiano facilitar el paso de estos migrantes hasta Cúcuta, en la frontera con Venezuela, para que puedan retornar a su país de origen.
El uso de grandes embarcaciones de madera con cubiertas, capacitadas para recorrer largas distancias, es una medida reciente impulsada por las autoridades panameñas para controlar el flujo migratorio de manera más segura. Esto ocurre tras el naufragio del viernes pasado, en el que una lancha con 21 migrantes de Venezuela y Colombia se hundió, provocando la muerte de una niña venezolana de 8 años.
Mientras unos regresan tras su fallido intento de alcanzar el “sueño americano”, otros aún buscan cruzar el Darién rumbo al norte. Según cifras oficiales, 2.633 migrantes han ingresado a Panamá por esta selva en lo que va del año, un 96 % menos que en el mismo período de 2024.
Milagros Rubio, una venezolana de 44 años que viaja con tres familiares, aseguró que volvería a intentar llegar a EE. UU. en el futuro. Sin embargo, por ahora no puede hacerlo, ya que vendió varias pertenencias para costear su regreso. “Aquí voy para atrás otra vez, con una decepción. Me puse triste con aquella esperanza de darles una mejor vida a mis hijas, pero bueno, no se pudo”, lamentó el venezolano Darwin González, de 46 años.
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.
🌏📰🗽 Le puede interesar nuestro plan superprémium, que incluye acceso total a El Espectador y a la suscripción digital de The New York Times. ¡Suscríbase!
📧 📬 🌍 Si le interesa recibir un resumen semanal de las noticias y análisis de la sección Internacional de El Espectador, puede ingresar a nuestro portafolio de newsletters, buscar “No es el fin del mundo” e inscribirse a nuestro boletín. Si desea contactar al equipo, puede hacerlo escribiendo a mmedina@elespectador.com