Con el cambio de gobierno, y bajo el liderazgo de Abelardo de La Espriella, Colombia estaría cerca de integrar el llamado “Escudo de las Américas”, la polémica iniciativa de lucha contra las drogas de la administración de Donald Trump.
La información la dio a conocer el senador estadounidense Bernie Moreno durante una entrevista en Caracol Radio, poco antes de que se reuniera con el presidente electo de Colombia. Según Moreno, Colombia no solo integraría la alianza, sino que estaría “en el centro” como protagonista y líder.
Presentada oficialmente el pasado marzo durante una cumbre de mandatarios conservadores en Miami, esta iniciativa nació originalmente con la ausencia notable de las principales naciones productoras y de tránsito de estupefacientes: México y Colombia.
Para analistas, la exclusión de estas dos naciones de la propuesta, cuyos gobiernos son de izquierda, presentaba un enorme problema y escondía una clara tendencia ideológica que remarcaba que la misión no era principamente la que se anunciaba sobre el narcotráfico.
“Los países que fueron invitados o aceptaron la invitación no han tenido la relación en materia de seguridad que históricamente han tenido México y Colombia con EE. UU.”, resaltó Carlos Solar, experto en temas de seguridad y defensa en América Latina del Real Instituto de Servicios Unidos de Reino Unido (RUSI, por sus siglas en inglés), a la BBC.
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Con 3.000 kilómetros de frontera compartida con territorio mexicano, por donde ingresa la mayor parte de las drogas al país, y con Colombia como productor de drogas, era más que obvio que “el escudo de Trump va a necesitar a Colombia y a México”, afirmó a la BBC Juan Luis Manfredi, profesor de Periodismo y Estudios Internacionales de la Universidad de Castilla-La Mancha (España) y de la Universidad de Georgetown EE. UU.
La exclusión era inexplicable, por lo que, para expertos, la alianza se trataría más e un reordenamiento estratégico dictado desde Washington en la región con propósitos más amplios. El giro radical que se ha tomado respecto a Colombia tras la victoria de De la Espriella confirmaría dicha hipótesis.
En el bloque ya figuran mandatarios afines como Javier Milei, de Argentina, Nayib Bukele, de El Salvador, Daniel Noboa, de Ecuador, y José Antonio Kast, de Chile.
¿Para qué sirve el Escudo de las Américas?
A diferencia de los canales multilaterales tradicionales de la Organización de Estados Americanos, o las cumbres hemisféricas convencionales, el Escudo de las Américas opera bajo una lógica estrictamente militar.
La alianza, cuyas riendas operativas fueron delegadas por Trump a la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, como enviada especial, faculta el uso de “fuerza militar letal” para desmantelar lo que la Casa Blanca califica como redes narcoterroristas.
Trump ha calificado a los carteles como organizaciones terroristas, amenazando con ataques terrestres en México y proponiendo una política de “tolerancia cero” con uso autorizado de fuerza letal. Bajo su administración, Estados Unidos ha ejecutado decenas de ataques contra supuestas narcolanchas en el Pacífico y el Caribe desde septiembre de 2025, los cuales han matado a unas 206 personas acusadas de narcotráfico.
El proyecto se enmarca dentro de la nueva doctrina de seguridad nacional estadounidense, bautizada informalmente en los pasillos de Washington como la “Doctrina Donroe”, una versión actualizada de la Doctrina Monroe de 1823. Bajo este nuevo enfoque, la región no solo es vista como un escenario de combate al crimen organizado, sino como un territorio prioritario que Estados Unidos busca asegurar mediante el poder político, la geoeconomía y la intervención directa.
El precedente más directo de esta estrategia se ejecutó a inicios de año con la captura del depuesto mandatario venezolano Nicolás Maduro a manos de fuerzas especiales estadounidenses.
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Para los críticos del proyecto, la coalición militar no solo tiene un foco en el narcotráfico y los grupos criminales, sino que pretende funcionar como un mecanismo de cooperación rígido para frenar los flujos de migración masiva e irregular, permitiendo el diseño de acuerdos bilaterales para el envío y recepción de migrantes deportados desde Estados Unidos.
“Más que una amenaza real, lo que se observa es un alineamiento geopolítico con Estados Unidos vinculado a iniciativas de seguridad regional. Este posicionamiento también está influenciado por factores como la incertidumbre política en Colombia, la situación en Perú y la creciente importancia estratégica del puerto de Chancay en un contexto de mayor relación comercial con China”, afirmó Fredy Rivera-Vélez, profesor principal en la Universidad FLACSO en Ecuador, cuando se dio a conocer la iniciativa.
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