Este jueves, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecerán ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York para la segunda audiencia del caso en el que se les acusa de cargos relacionados con narcoterrorismo. Ya el 5 de enero pasado, dos días después del ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela que terminó en la captura del líder chavista y su compañera, la pareja se declaró no culpable.
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La atención de la diligencia estaría sobre la petición de la defensa, a cargo de los abogados Barry Pollack y Mark Donnelly, para que se desestime el caso. El argumento es que Maduro y Flores no tienen con qué pagar a sus apoderados debido al bloqueo de fondos por cuenta de las sanciones estadounidenses. Esto, dicen, viola sus derechos.
Ronal Rodríguez, internacionalista y politólogo, cree que lo más probable es que esa estrategia dé lugar a dilaciones. “Es posible que se suspenda la audiencia aludiendo a que no tienen las garantías para poderse defender”, le dijo a este diario.
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Según la directora de la Clínica de Defensa Penal de la Facultad de Derecho de Nueva York, Anna Cominsky, entrevistada por la BBC, el juez tiene tres opciones: conceder la moción de desestimación, denegarla o entregar alguna alternativa. “Si el señor Maduro no puede permitirse un abogado por su cuenta, el tribunal le asignará uno, así que la noticia que recibiremos es si Maduro va a tener un abogado de oficio o si va a conservar a su abogado actual”, señaló la experta. Agregó que, en el primer escenario, Maduro podría resultar también con un excelente defensor.
Por el momento, Maduro Moros, de quien se dice que permanece aislado en una celda de tres metros por dos, puso su confianza en Pollack, un reconocido abogado que se ha anotado victorias judiciales como negociar el acuerdo que permitió la liberación de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, acusado bajo la Ley de Espionaje en Estados Unidos.
A partir de las 11 de la mañana, la decisión sobre la moción estará en manos del juez Alvin K. Hellerstein, de 92 años. De ellos, cerca de 30 los ha dedicado a la magistratura federal, tras ser nombrado por Bill Clinton. Neoyorquino y formado en leyes en la Universidad de Columbia, ha manejado casos emblemáticos como el relacionado con las violaciones a los derechos humanos de los prisioneros de la guerra en Irak y lideró varios procesos derivados de los atentados del 11 de septiembre, principalmente para reparar a las víctimas.
Pero el caso más cercano al que ahora ocupa a Hellerstein es el de Hugo “Pollo” Carvajal, líder de inteligencia del chavismo, detenido en España en 2019 y extraditado a Estados Unidos en 2023. Carvajal se declaró culpable ante el togado e inició un proceso de colaboración con la justicia.
No sobra decir que el proceso contra Maduro se encuentra en fase preliminar. No se habla aún de pruebas, lo que sucedería en los próximos meses, ni del inicio formal de un juicio.
Aunque los factores políticos deben mantenerse al margen del proceso, este ocurre en un momento crucial tanto para Estados Unidos como para Venezuela. Según Rodríguez, para Washington “es importante reportar algún tipo de éxito frente al hecho de haber sacado o extraído a Maduro de Venezuela”. Debido a eso, cree que el Departamento de Justicia borró la referencia del líder chavista como cabeza del llamado cartel de los Soles. “Lo tuvieron que eliminar porque no había formar de demostrar su existencia, y el caso se podía ver empantanado tratando de probarla”, explica.
Para Cynthia Arnson, profesora adjunta de la Universidad Johns Hopkins, el proceso contra Maduro, no obstante, no está en lo más alto de la agenda estadounidense de cara a las elecciones de noviembre, como sí lo están la economía y el costo de vida en momentos en que el precio del petróleo se ha disparado por la guerra en Irán.
“Dentro de Venezuela es más complicado: la realidad es que ya nadie habla de Maduro”, dice Alejandra Martínez, directora para América Latina de la Fundación Libertad y Desarrollo. Muestra de ello, señala, es la remoción que ha hecho Delcy Rodríguez de la cúpula militar y de casi el 50 % del gabinete que había dejado su predecesor. Esto, según distintos analistas, sin embargo, no debe leerse como indicio de una transición a un sistema democrático.
A Arnson, por ejemplo, le preocupa particularmente el nombramiento de Gustavo González López como ministro de Defensa. “González es un hombre de confianza del ministro del Interior, Diosdado Cabello, un duro chavista a cargo del aparato represivo del régimen”. Cree que Delcy Rodríguez puede considerarlo como una persona leal a ella, “pero la elevación de González es muy mala señal para los que buscan una apertura política y democrática en el país”.
“Es el aparato represor que se está reorganizando para mantener el poder. Estamos en una reinvención del chavismo, que está jugando a soportar estos tres años de administración formal de Donald Trump”, añade Ronal Rodríguez, quien también es el vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.
Justo en las últimas horas, Camilla Fabri, esposa de Álex Saab, acusado de ser testaferro de Maduro, fue removida del gobierno chavista, en el que dirigía el programa migratorio Gran Misión Vuelta a la Patria. Saab, por su parte, fue sacado de la administración días antes de que su detención en Venezuela fuera reportada por medios de comunicación, como también lo fue la supuesta intención de Estados Unidos de pedir su extradición.
Junto a Saab habría sido capturado el empresario Raúl Gorrín. De acuerdo con Alejandra Martínez, no sería extraño que “estos testaferros estén sirviendo como testigos eficaces en la construcción del caso” contra Maduro.
Todo esto ocurre mientras Washington y Caracas trabajan en el restablecimiento de sus relaciones rotas en 2019. Donald Trump ha reconocido a Delcy Rodríguez como jefa de Estado mientras mantiene su presión sobre Miraflores. “Rodríguez mantiene que Maduro y su esposa, Cilia Flores, son inocentes, pero tendría que adoptar una postura cuidadosa, navegando, por un lado, entre la base chavista dentro y fuera del gobierno, y por otro lado, la administración Trump. Creo que optará por no decir mucho”, prevé Arnson.
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