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El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, fue el primero del entorno de Nicolás Maduro que denunció los ataques con misiles y cohetes lanzados desde helicópteros estadounidenses contra zonas civiles y militares de Caracas y de los estados Miranda, Aragua y La Guaira.
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En un mensaje difundido en redes sociales, calificó la ofensiva como una “invasión” y el “ultraje más grande contra el país, que responde a la codicia por los recursos estratégicos de Venezuela”, Padrino también pidió a la población evitar “el caos y la anarquía” y afirmó que, pese al ataque, “no nos doblegarán”.
Este hombre, el que sostenía a Maduro en el poder, se convierte hoy en pieza clave de lo que puede pasar en Venezuela. Y es que Vladimir Padrino tiene una historia de lealtad al chavismo a prueba de todo.
¿Quién es Vladimir Padrino?
Vladimir Padrino López fue uno de los militares de confianza de Hugo Chávez desde los inicios del chavismo: participó en la intentona golpista del 4 de febrero de 1992 como comandante del Batallón Bolívar, a la espera de la orden para apoyar el ataque final contra Miraflores, que nunca llegó, lo que le permitió evitar la cárcel y continuar su carrera.
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Su lealtad quedó sellada en 2002, cuando se negó a desconocer a Chávez durante el golpe que lo sacó del poder por 48 horas y jugó un papel clave en su retorno a la Presidencia, lo que le valió condecoraciones y ascensos. Esa fidelidad fue recompensada en 2012, cuando Chávez lo nombró segundo comandante del Ejército y jefe del Estado Mayor, consolidándolo como una de las figuras centrales del estamento militar venezolano.
Por eso hoy desde Estados Unidos y el mismo entorno chavista esperan su reacción frente a la operación lanzada por Donald Trump y que terminó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa.
Y aunque el estadounidense y dejó claro que no piensa aliarse con ningún miembro del entorno de Maduro para la transición, reconoció que ha hablado con Delcy Rodríguez y según medios estadounidenses, ha buscado a Padrino desde hace mucho tiempo.
De hecho, el ministro de Defensa venezolano no ha sido señalado por el Departamento de Estado estadounidense dentro de la lista de funcionarios relacionados con violación de derechos humanos o narcotráfico.
El poder militar en Venezuela
El factor militar se ha convertido en el eje decisivo de cualquier escenario de transición en Venezuela, y dentro de ese tablero el nombre que más peso concentra es el del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el alto mando castrense quedó expuesto como el verdadero sostén del poder en Caracas.
Aunque Washington ha señalado que no permitirá que ningún funcionario del chavismo releve a Maduro en Miraflores y que administrará el país hasta una “transición apropiada”, el control efectivo del territorio, de las armas y de las tropas sigue en manos de las Fuerzas Armadas.
En ese contexto, Padrino López emerge como una figura clave, no solo por su rol formal como jefe de la Defensa, sino por su capacidad de cohesionar la institución militar. A diferencia de los sectores civiles del chavismo, hoy debilitados, el ala castrense conserva estructura, mando y presencia territorial. Analistas coinciden en que, sin una definición clara del ministro de Defensa, no hay transición viable, ni para la oposición ni para un eventual esquema tutelado por Estados Unidos.
Mientras la líder opositora y Premio Nobel de Paz 2025, María Corina Machado, pidió que Edmundo González Urrutia asuma “de inmediato” la Presidencia y sea reconocido como Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, el silencio del estamento militar marca los tiempos políticos. La proclamación de autoridad civil carece de efecto práctico si no viene acompañada de la obediencia del alto mando, una obediencia que hoy depende, en buena medida, de Padrino López.
Aunque Washington informó de contactos con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, la reacción del chavismo duro evidenció que el poder militar no está alineado con una salida negociada. La aparición pública de Diosdado Cabello, flanqueado por policías y militares, y el mensaje posterior de Delcy Rodríguez ratificando a Maduro como “único presidente”, apuntan a un cierre de filas del eje político-militar. En ese bloque, Padrino y Cabello aparecen como los dos vértices de mayor peso, según el politólogo Víctor Mijares, ante el debilitamiento del liderazgo civil del régimen.
Para Ronal Rodríguez, del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, Delcy Rodríguez carece de capacidad para ordenar un chavismo fragmentado, dividido entre sectores civiles, militares y grupos armados irregulares. En ese escenario, figuras como Padrino López y Cabello tendrían mayor capacidad real de mando.
Para Carlos Solar, experto en seguridad latinoamericana, la salida de Maduro no equivale al colapso del régimen: los principales eslabones de la cadena de mando permanecen en Caracas y las Fuerzas Armadas siguen acuarteladas. “Esto no significa que el régimen haya caído; incluso podría endurecerse”, advierte. Desde esa lectura, Padrino López no actúa aún como un factor de quiebre, sino como garante de la continuidad y del orden interno.
La presión externa, no obstante, ha dejado al descubierto la vulnerabilidad militar del chavismo. La incursión estadounidense, según Txomin Las Heras, desdibujó la narrativa de una defensa inexpugnable y redujo el margen de maniobra del alto mando. Aun así, el analista subraya que, sin presencia militar estadounidense permanente en el país, cualquier transición necesitará inevitablemente el respaldo de las Fuerzas Armadas, lo que vuelve a colocar a Padrino López en el centro de la ecuación.
En última instancia, como resumió Manuel González, “los militares van a decidir el futuro de Venezuela”. Las próximas horas serán determinantes para saber si Padrino López opta por cerrar filas con el chavismo, resistiendo una transición, o si abre una grieta que permita una salida política. Por ahora, su posición, más que la de cualquier dirigente civil, define si Venezuela se encamina hacia un cambio de régimen o hacia una nueva fase de endurecimiento autoritario.
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