Teodoro Petkoff, el adiós a un titán

El mítico político venezolano y director del opositor diario “Tal Cual” murió a los 86 años. Se fue con la tristeza de no poder ver a su país libre de la dictadura en la que lo tiene inmerso Nicolás Maduro.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
José Luis Ramírez León
02 de noviembre de 2018 - 02:00 a. m.
 Teodoro Petkoff, director del periódico “Tal Cual”, murió el miércoles 31 de octubre en Venezuela.  / AP
Teodoro Petkoff, director del periódico “Tal Cual”, murió el miércoles 31 de octubre en Venezuela. / AP
Foto: ASSOCIATED PRESS - Ricardo Moraes
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

“Pero es que estos gringos no aprenden. Coño, nunca van a aprender…” La voz atronadora que resonaba ese 11 de septiembre de 2002, en un salón del Senado de los Estados Unidos, era la de un hombre fornido, alto, rubio, de ojos claros y con anteojos que bien podría ser norteamericano o europeo. No era así. Se trataba de Teodoro Petkoff, el mítico político venezolano y director del opositor diario Tal Cual, quien participaba en un evento de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Diálogo Interamericano y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Así era Teodoro, alguien sin pelos en la lengua. Que no podía callar frente a las injusticias y no hacía concesiones a sus principios para fingir ser políticamente correcto. Ese día en Washington, a un año de los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono, sus comentarios estridentes se referían al golpe de Estado que en abril había derrocado por unos días al presidente Hugo Chávez. El hecho de que el embajador de Estados Unidos hubiera sido el primero en ir a reunirse con Pedro Carmona y ofrecerle el apoyo de su Gobierno todavía desataba la ira de Petkoff.

Como director de Tal Cual y crítico inclemente del chavismo demostró su talante de demócrata intransigente. Siempre defendió una salida democrática, frente el chavismo, frente a quienes desde la derecha preferían acciones de fuerza. Con la autoridad que lo caracterizaba, dio unas declaraciones ese viernes que lo elevaron moralmente ante tirios y troyanos: “Lo que hubo hoy en Venezuela fue un golpe de Estado. Si el lunes continúa dicho Gobierno, mi periódico y yo seremos opositores al mismo”. A pesar de su verticalidad, en la oposición radical muchos lo veían como un lobo izquierdista disfrazado con piel de oveja y en el chavismo radical muchos lo veían como un converso. Él estaba ubicado en el justo medio.

(Le puede interesar: Murió Teodoro Petkoff, el periodista que “hizo temblar a Venezuela”)

Teodoro había nacido en el Zulia, hijo de inmigrantes judíos de izquierda llegados de Europa central. Contaba con orgullo como en su pueblo, El Batey, todos los amigos con los que creció y jugaba béisbol, su deporte preferido, eran negros. Ese hecho marcó su vida de dos maneras: aprendió a estar siempre del lado de los más necesitados y se ganó el apodo de Catire (el Mono), que lo acompañó por siempre. Paradójicamente, como buen maracucho, su equipo preferido no fueron las Águilas del Zulia sino los Tiburones de la Guaira, como buena parte de la intelectualidad de izquierda en Caracas.

Desde joven militó a favor de las causas sociales y participó desde el Partido Comunista en el movimiento estudiantil que derrocó a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, a finales de los años 50. Se había graduado con honores como economista de la Universidad Central de Venezuela. Tras la caída del dictador, y ante los acuerdos de Punto Fijo que establecieron la alternancia del poder entre los dos partidos principales, adecos y copeyanos, se hizo guerrillero en los 60. Algunos de los hechos de su épica en la lucha armada los recreó el maestro Gabo en un perfil que hizo de Teodoro: las cinematográficas fugas que protagonizó, primero de un hospital militar y otra luego de cavar un túnel mientras estaba preso en el Cuartel San Carlos.

Se amnistió en el Gobierno de Rafael Caldera, a finales de los 60, cuando se dio cuenta de que la única forma de llegar al poder era mediante las urnas. Creó el Movimiento Al Socialismo (MAS), dentro del modelo de la social democracia europea. Decía con orgullo que ese hecho le valió ser el único latinoamericano que fue severamente criticado por el entonces presidente de la URSS, Nikita Krushev, tras la publicación de su libro: “Checoslovaquia, el socialismo como problema” (1969). Fue diputado y candidato presidencial en varias ocasiones, sin embargo, y como mencionó alguien, su irreprimible manía de decir siempre la verdad fue su principal obstáculo político para llegar a la Presidencia.

(Le puede interesar: "Cada vez que opina Petkoff tiembla" Venezuela)

Conocí a Teodoro cuando estuve en la Embajada de Colombia en Caracas en 1996. Su parecido con el entonces embajador Guillermo Alberto González era muy grande. Por otra paradoja de su vida Teodoro era entonces ministro de Planificación, Cordiplán, en el segundo Gobierno de Rafael Caldera. Decía que una cosa era organizar paros como opositor para exigir acueductos y otra mucho más difícil construirlos como Gobierno. Entre sus amigos en Colombia, que eran muchos, mantuvo siempre una especial cercanía con el excanciller Rodrigo Pardo.

Con la llegada de Hugo Chávez al poder asumió una nueva faceta: la de periodista. Como director de Tal Cual, Claro y Raspao, se convirtió en el principal azote del nuevo Gobierno. El MAS había decidido apoyar a Chávez y él se retiró del partido que había fundado. Sus editoriales, que aparecían en primera página, eran de obligada lectura. El primero de ellos se tituló sarcásticamente: “Hola Hugo”. Su claridad política y económica, sumada a la manera sencilla y coloquial de decir las cosas, hacía de sus reflexiones un oráculo para la oposición, en especial la de izquierda democrática. Convirtió a Tal Cual, además, en una excelente escuela de periodismo con un timonel experto como jefe de redacción y quien fue su compañero de viaje: Javier Conde.

El régimen se ensañó de especial manera contra Teodoro y su periódico. Tras una columna de humor político de Laureano Márquez, una especie de Jaime Garzón venezolano, le impusieron al diario una multa imposible de pagar. La solidaridad de sus lectores hizo que con aportes pudieran pagarla. Luego tratarían de asfixiarlos con las divisas y el suministro de papel, para terminar con una demanda de Diosdado Cabello. Al final el periódico debió mudarse al formato digital.

Cuando la excanciller María Ángela Holguín llegó como embajadora a Caracas, en 2002, organizó un grupo de personalidades con las que desayunaba o almorzaba periódicamente; entre ellos, además de Teodoro, el expresidente Ramón J. Velásquez y el excanciller Simón Alberto Consalvi. Gracias a la amistad con todos ellos, tuve el honor de participar de esas inolvidables reuniones, pues yo había regresado a Caracas para trabajar con la CAF. Cuando ella fue nombrada como embajadora en la ONU mantuve esa tradición. Cuando ella se desempeñaba como representante de la CAF en Argentina y yo era secretario general de la misma, me llamó un día para decirme que iba a Caracas y que quería almorzar con nosotros. Llamé a Teodoro a preguntarle qué plan tenía para el almuerzo y me dijo que ya tenía un compromiso. Cuando le dije quién era la invitada me dijo, con esa inigualable voz que parecía estar regañando: “Coño, José Luis, me lo hubieras dicho al comienzo. Ya mismo cancelo mi compromiso para ver a María Ángela”.

Mantuvo una estrecha amistad con el Gabo, quien le había donado a comienzos de los 70 el dinero del Premio Rómulo Gallegos para el recién creado MAS. En una de nuestras conversaciones Teodoro me dijo que hacía muchos años no lo veía personalmente. De inmediato hablé con el querido Jaime Abello para que lo invitáramos a Monterrey a un gran evento que hacíamos la CAF y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que presidia el maestro Gabo. Así fue.

(Le puede interesar: Solidaridad con Teodoro Petkoff)

La última vez que vi a Teodoro fue en 2010 en Washington. Su gran amigo Luis Raúl Matos lo invitó a dar una charla en la Universidad George Washington. Conservo el video de una de las cátedras más lúcidas para explicar sin maniqueísmos el fenómeno Chávez. Ya lo había perfilado en su libro Las dos izquierdas. Coincidiendo con esa visita estaban en mi casa mi prima Socorro Ramírez y su esposo, Luis Alberto Restrepo. Pude tomarles una foto a estas tres personalidades frente a la Casa Blanca.

En su perfil sobre este hombre único e irrepetible el maestro Gabo dijo que “no le tiene miedo al tiempo, y eso es tal vez lo que mejor define su vida: le alcanzará para todo”. Infortunadamente Teodoro se fue, dejando un infinito vacío, con una profunda tristeza por no poder ver a su país libre de la dictadura en la que lo tiene inmerso Nicolás Maduro.

*Abogado y politólogo

Por José Luis Ramírez León

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.