16 Apr 2020 - 3:00 a. m.

Trump vs. la OMS, una pelea sin ganadores

Los cuestionamientos del presidente estadounidense a la Organización Mundial de la Salud por su manejo de la crisis son válidos. Sin embargo, quitarle los fondos, como lo hizo el martes, es un problema para todos.

Camilo Gómez @camilogomez8

 Bruce Aylward, líder del equipo de la misión conjunta entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y China.  / AFP
Bruce Aylward, líder del equipo de la misión conjunta entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y China. / AFP

El presidente estadounidense Donald Trump llevó su disputa con la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta el más alto nivel. El martes, tras semanas de duras críticas al organismo, decidió retirarle los fondos que le daba su país alegando que “no hacía bien su trabajo”, pues “redujo al mínimo” la amenaza del coronavirus y se equivocó en el manejo de la crisis. “Se equivocaron en muchos sentidos”, recriminó.

Resulta particularmente llamativo que el mandatario haya dicho eso, considerando que hasta el pasado 26 de marzo él mismo minimizó la amenaza de la pandemia en su país. “Lo tenemos todo bajo control… el año pasado murieron 37.000 estadounidenses por gripe común. Piénsalo”, decía.

Pareciera que, como dice el diario The Guardian, Trump siguiera su libro de jugadas en el que busca encontrar a otros a quienes culpar en medio de su propio manejo del brote de coronavirus. Y no solo ha sido China, sino también el expresidente Barack Obama y los gobernadores estatales de oposición.

Trump puede tener razón en algo. “Si la OMS hubiera hecho su trabajo para que expertos médicos ingresaran a China para evaluar objetivamente la situación sobre el terreno y denunciar la falta de transparencia de China, el brote podría haberse contenido en su origen con muy poca muerte”, dice el actual mandatario estadounidense. Pero también ha sacado muchas frases de contexto, que la evidencia y las herramientas de verificación de datos de medios estadounidenses hoy destacan.

Por ejemplo, Trump centró el documento que presentó para retirar los fondos a la OMS en un reclamo: que el organismo había dicho en enero que “no había transmisión de humano a humano”, pese a que sí hubo. Pero lo que dijo la OMS fue que aunque no había evidencia de esto, no lo descartaba, solo que se necesitaba “investigación adicional”. Luego comunicó que efectivamente había transmisión. También señaló que la OMS se opuso a las restricciones de viaje que él impuso, cuando el organismo hizo la advertencia sobre los viajes a las zonas afectadas un día antes de que el presidente adoptara las restricciones.

“Al igual que con muchas otras cosas que Trump critica, puede haber un mérito real en su argumento subyacente, pero a menudo extiende demasiado sus afirmaciones e ignora sus propias responsabilidades en los mismos temas. Eso es especialmente cierto en su afirmación de que la OMS había “minimizado” la amenaza, incluso mientras hacía lo mismo durante varias semanas después de los eventos que destacó”, comenta Aaron Blake, reportero de The Washington Post.

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El recorte de fondos no es una sorpresa; Trump lo estaba buscando desde hace meses, pues es parte de su agenda con la que busca recortar los US$3.000 millones de fondos globales de salud que da Estados Unidos. Sin embargo, llega en el peor momento: en medio de una pandemia global.

“Es un acto extraordinario de abdicación moral y vandalismo internacional en un momento en que el mundo necesita desesperadamente encontrar medios para trabajar juntos para combatir una amenaza sin precedentes. Los problemas globales requieren soluciones globales. Sin embargo, el actual ocupante de la Casa Blanca ha pasado todo su mandato incendiando asociaciones internacionales y dejando claro que no tiene interés en aceptar la responsabilidad de ser el líder del país más rico e influyente del mundo”, dice Andy Gawthorpe, columnista de The Guardian e historiador estadounidense.

Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas -de la cual la OMS es dependiente- dijo que, aunque habrá que analizar las acciones que se tomaron en medio de la crisis en el futuro, este no es el momento para reducir los recursos de organizaciones humanitarias que luchan contra el virus por ello, y que apenas pase la emergencia efectivamente se realizarán las investigaciones correspondientes.

El trabajo de la OMS frente a la actual crisis ha desatado críticas como las de Trump en muchas zonas del mundo, pues se acusa a este organismo de ser demasiado condescendiente con el gobierno chino. “La OMS se convirtió en un cómplice de China”, dice Hinnerk Feldwisch-Drentrup, periodista de Foreign Policy, quien señala que Beijing direccionó las acciones del organismo para ganar tiempo de reacción a la crisis con sus “poderosas donaciones”.

Pero China no es el único país con donaciones a la OMS. Si de alguna manera estas lograran tener influencia en el manejo de la organización, Estados Unidos sería el más influyente de todos los países, pues es el mayor donante con US$893 millones (2018-2019), mientras que Beijing dio cerca de US$86. Y aquí es justamente donde radica el problema que muchos ven con el organismo.

Durante mucho tiempo, los críticos de la OMS han señalado que los Estados miembros del organismo tienen diferentes niveles de influencia debido a sus capacidades financieras y políticas, y que algunos, como Estados Unidos, tienen una fuerza descomunal a nivel interno. Esto siempre ha causado fricciones. Durante la Guerra Fría, por ejemplo, la Unión Soviética abandonó la OMS porque sentía que era inviable tras la influencia estadounidense en la organización. El escepticismo es válido y se cuestiona, con mucha razón, cómo puede trabajar la OMS con independencia, más aún con el creciente poder de China en el mundo.

Por supuesto que pudo haber censura de parte de China en el brote del nuevo coronavirus y también que la labor de la OMS merece estar bajo escrutinio por algunas de sus acciones, como los polémicos elogios que dio al gobierno chino por su liderazgo y respuesta al brote. Sin embargo, una pelea entre el gobierno estadounidense y el organismo ahora no deja ganadores, y en cambio sí a un gran perdedor: el mundo, pues el virus no reconoce fronteras y más que nunca es el momento de la cooperación internacional.

Incluso Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, se distanció de la postura radical del presidente Trump e invitó a trabajar en equipo. “Me gustaría hacer la autopsia de este brote una vez que lo superemos juntos”, dijo cuando se le preguntó si la OMS había fracasado.

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