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Convocar ejércitos latinoamericanos para combatir en Asia junto a Estados Unidos, un esquema probado en la Guerra de Corea (1950-1953), vuelve a ser una posibilidad a medida de que Japón, como principal aliado de Washington en una hipotética contienda con China, envejece y se queda sin jóvenes. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Los analistas aventuran tramas en las que China corta las comunicaciones de Taiwán, bombardea lugares estratégicos y desembarca tropas en la isla que considera, no un país independiente, sino una oveja descarriada que debe volver al redil.
Estados Unidos, que reconoce la política de “Una China”, pero ha prometido defender a Taiwán en el caso de la invasión de Pekín, tiene más de 50 mil soldados destacados en Japón.
Este contingente, en el que se encuentran muchos hispanohablantes, forma parte de un acuerdo bilateral para defender el archipiélago nipón. Por eso Tokio debería, en principio, autorizar a Estados Unidos si decide convertir el archipiélago en un portaaviones donde pueden actuar en menos de dos horas en Taiwán.
Tokio interpreta su Constitución pacifista, redactada por Estados Unidos tras su victoria en la Segunda Guerra Mundial, con el fin de rearmarse y volver a participar en conflictos internacionales.
El problema es que Japón sufre una grave crisis demográfica y a una guerra aportaría sobre todo apoyo financiero y logístico.
Pese a que estamos en la época de los drones asesinos y los ataques cibernéticos, Rusia ha demostrado en Ucrania que la vieja práctica de enviar cantidades de hombres a matar en directo sigue vigente como una opción de guerra.
En 1950, cuando la ONU pidió a la América hispana hombres para la ofensiva anticomunista liderada por EE. UU. en la península coreana, Colombia fue el único país que se apuntó y en tres años perdió unos 200 soldados de un total de 4.750 alistados.
Si no hay convocatoria de países para la guerra contra China, los hispanohablantes estarán representados por los puertorriqueños que, según me explica un residente en Tokio, recibieron la nacionalidad en 1917 con la llamada Ley Jones-Shafroth, para nutrir el ejército americano en la Primera Guerra Mundial.
A partir de entonces, asegura, “donde quiera que Estados Unidos se líe en un combate militar, siempre habrá soldados puertorriqueños”. Al contingente hispanohablante se podría sumar España, cuyo ejército enviará este mes cuatro aviones de caza Eurofighter y personal para participar en unas maniobras conjuntas sin precedentes con Japón.
La idea, me dice una fuente militar española, es “homogeneizar modos de operación para poder trabajar juntos en cualquier escenario”. Me recuerda que “lo que pasa en esta orilla afecta también a la orilla americana y la seguridad en el Indo-Pacífico está muy vinculada con la del Atlántico”.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.