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Torre de Tokio: perro fabuloso

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
03 de marzo de 2024 - 02:00 a. m.
Turista junto a la estatua de Hachiko, el perro fiel, frente a la estación de Shibuya, en Tokio.
Turista junto a la estatua de Hachiko, el perro fiel, frente a la estación de Shibuya, en Tokio.
Foto: Gonzalo Robledo
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Gracias a la atávica y humana costumbre de inventar leyendas urbanas y creer en ellas, los habitantes de Tokio recordamos la importancia de la lealtad y el amor incondicional cuando pasamos delante de la estatua de un perro que, supuestamente, estuvo esperando el regreso de su fallecido amo durante diez años en una estación de tren. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Los protagonistas de la historia, un profesor universitario llamado Hidesaburo Ueno y su perro Hachiko, vivieron en la primera mitad del siglo XX cerca a la estación de Shibuya, famosa hoy por el cruce multitudinario que aparece en casi todas las películas extranjeras rodadas en Tokio.

Según la versión más divulgada (simplificada en guías turísticas y embellecida en libros, telenovelas y al menos tres películas), el animal acompañaba al profesor Ueno cada mañana hasta la estación. Lo veía partir hacia su universidad y por la tarde volvía a esperarlo para regresar juntos a casa.

Aunque el profesor falleció de una hemorragia cerebral en la universidad, Hachiko siguió esperándolo cada día hasta su propia muerte, diez años después.

Al séptimo año de espera, un diario reportó el caso y empezaron a llover donaciones a la estación para alimentar al devoto can, y hasta financiaron una estatua de bronce en su honor.

Con la escasez de metales durante la Segunda Guerra Mundial, el monumento fue derretido el día antes de terminar el conflicto y, en tiempos de paz, se reemplazó con la estatua actual. En el centenario de su nacimiento, en 2023, la historia de Hachiko volvió a la actualidad y, como es de rigor con toda leyenda urbana, aparecieron numerosas versiones.

La más plausible, ofrecida por un conocido investigador de la historia de Shibuya, afirma que el profesor Ueno caminaba hasta la universidad, pues la Facultad de Agricultura —en la actual Universidad de Tokio— quedaba cerca de su casa.

Los viajes en tren se limitaban a salidas puntuales fuera de Tokio y solían durar varios días. Un día, al regresar de uno de estos trayectos, el profesor encontró a Hachiko esperándolo y se puso tan contento que lo abrazó y le compró una brocheta de pollo asado a las brasas. Es posible que el gusto del pollo haya condicionado al animal.

Pero su espera persistente fue equiparada a virtudes como la lealtad y la obediencia, y el relato idealizado eclipsó cualquier cuestionamiento minucioso.

Hoy Hachiko es un emblema libre de derechos de autor, explotado por fabricantes de ropa, alimentos y bebidas, y homenajeado por millones de turistas que se retratan a su lado deseosos, tal vez, de que al regresar a su tierra alguien los esté esperando con la misma devoción.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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william(75140)03 de marzo de 2024 - 01:38 p. m.
Mis estudiantes de grado octavo realizan mejores textos.
  • Roberto(07848)03 de marzo de 2024 - 06:23 p. m.
    Pero no los publican en ningún diario.
Nelson(11961)03 de marzo de 2024 - 01:24 p. m.
Mejor cierre de columna no podía hacerse, gracias
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