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En entredicho se han puesto algunas formas de protesta en Alemania luego de que se reportara la muerte de una ciclista accidentada cuya asistencia médica fue retrasada por cuenta de un bloqueo vial.
Sandra Umann, de 44 años, se estrelló el pasado 31 de octubre contra una mezcladora de cemento en Berlín mientras conducía su bicicleta hacia el trabajo. El vehículo que fue despachado para atenderla se demoró en llegar por cuenta de un bloqueo vial que llevaba a cabo un grupo de manifestantes ambientalistas.
La muerte de la mujer, que había quedado gravemente herida y había sido finalmente conducida a un hospital, se conoció el viernes siguiente.
Aunque, como reporta The Guardian, el parte médico afirmó que el bloqueo no tuvo nada que ver con el hecho de que Umann sobreviviera o no, las formas de protesta del movimiento ambientalista The Last Generation, que se habían pegado al pavimento, abrieron la polémica.
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Anja, hermana de la víctima, quien ha hablado con la prensa, no culpó directamente a los manifestantes de la muerte de su gemela idéntica. Sin embargo, sí criticó la insensibilidad con que abordaron el asunto. Aunque reconocieron su responsabilidad en la demora, miembros del grupo insinuaron que la culpa era del gobierno por su inacción ante las demandas ambientalistas.
Incluso se conocieron mensajes como el Tatzio Müller, citado por The Guardian, quien escribió en Twitter: “No te dejes intimidar por esto. Es una batalla por el clima, no un abrazo, y esas cosas pasan”. Sin embargo, reporta la corresponsal del medio británico, el autor borró el tuit y se disculpó.
En todo caso, el movimiento ha seguido implementando métodos similares de protesta, en tanto que la hermana de Sandra no ha ocultado su decepción al señalar que la fallecida, de hecho, apoyaba la causa ambientalista.
“Si las acciones de protesta ponen en peligro la seguridad o la vida de las personas, eso simplemente no es aceptable”, dijo Ricarda Lang, líder del Partido Verde alemán, citada por el Berliner Zeitung, luego de conocer la noticia de la muerte de la ciclista.
El movimiento The Last Generation o Letzte Generation ha cobrado notoriedad en las últimas semanas, pues sus integrantes o simpatizantes han llevado a cabo una serie de protestas, para exigir acciones contra la crisis climática, en lugares icónicos como la puerta de Brandemburgo y también en museos.
Por ejemplo, en octubre pasado le lanzaron puré de papa a un cuadro de Monet exhibido en la ciudad de Potsdam. “Cada vez más personas se niegan a aceptar en silencio la progresiva destrucción y puesta en peligro de la vida humana en nuestro planeta”, clama el movimiento.
Sin embargo, no han sido los únicos. Otros, como Just Stop Oil, en Reino Unido, exigen el fin de las licencias petroleras en el país. Todo esto, además, mientras varios de los principales líderes globales se reúnen en Egipto para la cumbre climática COP27.
La “ola” de ataques contra obras de arte como forma de protesta por la inacción ante la crisis climática, de hecho, motivó este jueves un comunicado conjunto firmado por los directores de 92 de los museos más destacados del mundo, como el Prado de Madrid, el Louvre de Paris o el Guggenheim de Nueva York.
Como reportó la AFP, los vocero criticaron las recientes “agresiones” contra obras de arte y advirtieron que los activistas ambientales que las cometen “subestiman la fragilidad” de esas valiosas piezas. Sin embargo, las consignas de los manifestantes siguen siendo “qué vale más: ¿el arte o la vida?”.
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