El brasileño Philippe Marques Pinto apareció en un video del Centro del Reclutamiento Extranjero de Ucrania diciendo que era un artillero de misiles antiaéreos. Se presentó como un voluntario con experiencia en seguridad privada, aseguró haber estado cerca de Jersón, Kramatorsk y Járkov, y les advirtió a los demás extranjeros con deseos de enlistarse en las fuerzas armadas de Kiev que esta “es una guerra en la que cualquier cosa puede pasar”; sin embargo, omitió un detalle: la Policía Civil de Brasil lo identificó como un miembro de la banda Comando Vermelho, la mayor organización criminal y narcotraficante del país suramericano. Según las autoridades, él viajó a Europa “con el objetivo de adquirir conocimientos militares y técnicas de combate terrorista para utilizarlas contra las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro”.
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Este joven de 29 años salió hacia el Viejo Continente en al menos tres ocasiones (junio de 2023, junio de 2024 y septiembre de este año), y lo pudo hacer gracias a que no tenía órdenes de arresto pendientes, según detalló el medio O Globo. Él se convirtió en el primer caso confirmado por los investigadores de un brasileño en Ucrania con vínculos comprobados con el narcotráfico. Fuentes de la Legión Internacional le ratificaron al periódico The Kyiv Independent que él sirvió brevemente en el Segundo Batallón Internacional antes de que los comandantes lo destituyeran por sospechas, además de que un connacional aseguró que él no fue discreto sobre sus conexiones con el Comando Vermelho.
Lo sucedido dejó preguntas abiertas, entre ellas cómo investigar a los foráneos y cómo se aplica la disciplina en esas filas, a la luz de una preocupación mayor: la supuesta infiltración del crimen organizado latinoamericano en el Ejército de Ucrania, como lo denunció en julio de este año Intelligence Online. La investigación mencionó a un miembro del cartel mexicano Los Zetas y al menos a tres exguerrilleros de las FARC que habrían llegado hasta Ucrania a través de empresas privadas de seguridad. Otro reporte de El País de España dio a conocer la historia de Juan, un exsoldado colombiano que comentó que los grupos criminales mexicanos buscan personas con un perfil similar al suyo en redes sociales: “Estuve en Ucrania unos meses. Muchos creamos cuentas de TikTok en las que mostramos nuestra vida cotidiana. Los carteles te contactan a través de ellas”.
No hay un número exacto sobre cuántos extranjeros hay en las fuerzas armadas ucranianas, pero se estima que la mayoría son colombianos, aunque también se cuentan brasileños, chilenos, argentinos y otros. Oleksii Bezhevets, comisionado de reclutamiento del Ministerio de Defensa, aseguró que “es un desafío para nosotros incorporar a más voluntarios” y “es un servicio militar absolutamente legal”. Como está en el frente de batalla, no pudo pronunciarse sobre las supuestas infiltraciones, pero Yuriy Polyukhovych, embajador ucraniano para Perú, Ecuador y Colombia, sí lo hizo y las desestimó: “Al extender la invitación a extranjeros para sumarse a la defensa contra la agresión rusa fuimos plenamente conscientes de que un proceso de esta magnitud podría implicar riesgos. Por ello, establecimos mecanismos estrictos de verificación, antecedentes y evaluación individual por los servicios de seguridad”.
El asunto aún no hace parte de la agenda entre Ucrania y los países que él representa en la región y añadió que, hasta el momento, no ha sido un tema tratado con las autoridades de los Estados sobre los cuales responde. Eso sí, precisó que su país está “atento a cualquier señal que pueda representar un riesgo” y que “coopera con sus socios” para prevenir el narcotráfico y combatir el crimen organizado.
Según Andrés Macías, miembro del grupo de trabajo de las Naciones Unidas sobre mercenarios, no hay necesidad de participar en las hostilidades para que se fortalezcan las redes criminales de un lado y del otro del Atlántico: las rutas y relaciones se pueden establecer con actores ilegales europeos sin necesidad de infiltrarse directamente allá. De por medio puede haber un interés por fortalecer el tráfico de armas o drogas, algo que ya se ha visto en otros momentos de la historia y que ha sido denunciado a escala internacional.
De hecho, un informe de este año de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional recordó que, desde los años 90, las guerras yugoslavas alimentaron redes de contrabando aprovechadas por personas con entrenamiento militar que, fuera de servicio y dedicadas a apoyar logísticamente a grupos violentos y extremistas, usan sus conexiones para distribuir armas de fuego. Por su parte, los combatientes extranjeros que han regresado después de involucrarse en otros conflictos usan canales más informales para seguir operando.
Martín Vladimirov, del Centro para el Estudio de la Democracia, señaló que en esas guerras de finales del siglo pasado se vio la misma tendencia que ahora: mercenarios peleando en ambos bandos y la expansión del tráfico de armas y gasolina, además de otros productos sancionados. Por eso teme que grupos dedicados al contrabando se aprovechen de la situación que se vive en Ucrania para vender armamento y municiones, algo que, de acuerdo con él, no va a parar con un acuerdo de paz: “Estos grupos pueden extender sus vínculos por el mundo incluso después de la guerra, como lo vimos con la mafia albanesa en los Balcanes”.
En 2024 se registraron unas incautaciones de armas pesadas en Ucrania, como un cañón antiaéreo de USD 7.500, una ametralladora estadounidense y un fusil automático de alta gama del país norteamericano. En una redada en Kiev, las autoridades decomisaron 132 cartuchos de munición para lanzagranadas y en una en Lviv hallaron 72 pistolas, 20 fusiles de asalto, 29 granadas y casi 49.000 cartuchos de munición. Entonces, no solo es que el tráfico de armas está en aumento, sino que el mercado se está organizando mejor y se está acumulando más arsenal, además de que no son civiles quienes lo recogen para venderlo.
Las últimas dos décadas han sido testigos de un notable aumento de las guerras y los conflictos, y la diversificación de actores y la proliferación de armas los han complejizado aún más. De ahí que el grupo de trabajo de la ONU sobre mercenarios publicara un informe sobre el creciente papel que ellos y las empresas de seguridad privadas tienen en el tráfico y la proliferación de armas. Prevenir que ellas se desvíen hacia esos actores es un reto que, aunque fundamental, sigue pendiente, razón por la cual desistir de reclutar, financiar y equipar de cualquier modo al mercenarismo es urgente, además de verificar los antecedentes de quienes reciben armas e investigar las violaciones cometidas por ellos, incluso en el extranjero.
Las formas de hacer la guerra en Ucrania llegan a Latinoamérica
No resulta raro, entonces, que tácticas usadas en la guerra entre Kiev y Moscú también se estén viendo en otros contextos, como en el latinoamericano. Hace apenas dos meses, un operativo policial en Río de Janeiro contra Comando Vermelho, el más mortífero en la historia de la ciudad, criticado por violaciones a los derechos humanos, abuso de la fuerza y sospechas de ejecuciones extrajudiciales, fue respondido con drones cargados de explosivos contra los agentes de seguridad.
En Colombia, además, un niño de diez años murió el año pasado en el primer ataque letal realizado con uno de esos artefactos en el país. El menor de edad perdió la vida después de que una granada lanzada por medio de un dron cayera en una cancha de fútbol en el departamento del Cauca. El hecho fue atribuido a las disidencias de las FARC. Escenas parecidas se han repetido más recientemente en otras zonas, como en Catatumbo (Norte de Santander), donde un niño de 12 años fue asesinado tras una ofensiva con drones.
“Esto es un golpe de precisión”, aseguró Henry Ziemer, investigador asociado del Programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales: “Antes era necesaria una fuerza avanzada e industrializada. Hoy en día, aunque son todavía limitados, los drones se muestran como una alternativa. Por ejemplo, están rompiendo el control histórico que se tenía sobre el espacio aéreo. Para quienes no tienen acceso a sistemas de misiles de precisión de alta gama, como el estadounidense Tomahawk, los drones son una opción factible”. En todo esto, Ucrania les está mostrando a muchos grupos el potencial que estos artefactos pueden tener, sobre todo si para aprender a usarlos solo necesitan redes sociales y no necesariamente una experiencia de primera mano en el campo de batalla.
Si entre 2018 y 2022 se registraron varios eventos violentos que involucraron drones en América Latina, a partir de 2023 empezó una escalada, según Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), una entidad de recolección de datos que contó 133 incidentes el año pasado y 360 en lo que va de este en la región. No solo eso: los grupos criminales están usando hoy más que nunca este tipo de violencia. De hecho, se ha incrementado exponencialmente el número de actores no estatales que hacen ataques de ese estilo: en 2025 lo hicieron 469. Esto se ha visto en al menos 17 países, incluidos Birmania, México, Colombia y Siria.
Para el analista Tiziano Breda, esto se debe a que los drones ya no solo se usan para monitoreo y vigilancia, sino como elemento central en operaciones ofensivas de grupos criminales, como los carteles mexicanos y las disidencias de las FARC. Con ello, los ilegales han logrado reducir los riesgos de una represalia directa y, al mismo tiempo, causar daños significativos. En palabras suyas, “los drones se están convirtiendo en una táctica privilegiada que les impide a las fuerzas estatales consolidar su presencia”, sobre todo en países como México, Colombia, Brasil e incluso Ecuador.
Si no de inmediato, en un futuro próximo esto será determinante en el panorama de seguridad de la región, indicó Alexander Marciniak, analista de inteligencia para América Latina en Sibylline: “Las fuerzas de seguridad que no mantengan el ritmo frente a los desarrollos de la guerra de drones en zonas de conflicto incurrirán en fallas”. Pero no solo eso: si bien él reconoce que la precariedad en la que viven los militares retirados en Colombia explica en parte por qué hay mercenarios en varias partes del mundo, como Ucrania y Sudán, él no desconoce que la presencia de estos extranjeros puede ser tomada como una oportunidad para que el crimen organizado se mueva dentro de las legiones extranjeras, sobre todo cuanto más conocidos sean: “Eso aumenta las posibilidades de que se metan por entre las grietas”, pero no es una causa directa. Es, más bien, un facilitador.
El reto es grande, sobre todo porque varios coinciden en que apenas se está vislumbrando el problema y se necesitará tiempo para ver las dimensiones de esto. Más aun, porque, a pesar de que Colombia acaba de ratificar la convención de la ONU sobre el mercenarismo, y con ello se enfrenta ahora al reto de definir con claridad criterios para prevenir su uso y financiamiento, todavía hay quienes están dispuestos a volver a la guerra de Ucrania, aunque otros ya le están pidiendo ayuda al presidente Gustavo Petro para retornar al país en un vuelo humanitario.
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