Publicidad
2 Feb 2021 - 1:00 p. m.

Así es como Vladimir Putin se deshace de sus opositores

La condena del líder opositor Alexéi Navalni es el resultado de un largo proceso de degradación judicial en Rusia. Así ha perseguido Putin a su enemigos.
Durante los últimos días se han presentado masivas manifestaciones que ha sido reprimidas por la policía rusa.
Durante los últimos días se han presentado masivas manifestaciones que ha sido reprimidas por la policía rusa.
Foto: AFP - OLGA MALTSEVA

La presión sobre la oposición rusa es más fuerte que nunca, luego de la dura condena al líder opositor Alexéi Navalni. Este caso se suma a muchos otros que se han presentado durante los últimos años y que revelan, una vez más, el enorme anuncio que hay en las puertas del actual gobierno sobre su rechazo absoluto a las ideas opuestas. De hecho, las manifestaciones que se han organizado para defender a Navalni terminaron con miles de detenciones y disturbios con la policía. Organizaciones de todo el mundo ya han denunciado violaciones a los derechos humanos, aunque eso parece estar lejos de importarle al gobierno.

“Debemos actuar con todo el peso de la ley”, dijo este lunes el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. El funcionario justificó así la represión violenta de las multitudinarias manifestaciones que se celebraron el domingo en todo el país, desde Moscú a Vladivostok, e hizo oídos sordos a la unánime condena occidental, especialmente de Estados Unidos y de la Unión Europa. La situación está desatada, según la organización independiente OVD-Info, 5.646 personas fueron detenidas durante las protestas del domingo, una cifra sin precedentes en la historia de este país desde la caída de la Unión Soviética en 1991.

“Esperábamos que la policía reaccionaría con dureza. Pero la intimidación sólo funcionará durante algún tiempo”, comentó a Efe Serguéi Boiko, líder del Partido Libertario, uno de los participantes en las protestas. Pese al carácter pacífico de las manifestaciones, la jornada estuvo marcada por denuncias sobre el uso desproporcionado de la fuerza por parte de los efectivos antidisturbios en varias ciudades, incluido en San Petersburgo, donde recurrieron a gas lacrimógeno y pistolas eléctricas. Las comisarías no dan abasto, especialmente en Moscú, donde las autoridades han abierto más de dos mil procesos administrativos, a lo que hay que sumar decenas de casos penales.

Los tribunales continuaron el lunes imponiendo arrestos administrativos a los pocos líderes de la protesta que no se encontraban ya en centros de reclusión desde la pasada semana, como el director de Rusia Abierta Alexéi Pivovárov o la jefa de prensa de Navalni, Kira Yarmish. La mujer de Navalni, Yulia, que también había sido detenida el domingo, fue multada con 20.000 rublos (220 euros o 265 dólares) por participar en las protestas para exigir la liberación de su marido, en prisión desde su regreso de Alemania, donde se recuperó del envenenamiento que sufrió el año pasado.

Una olla a presión

Todo lo anterior no es sino la explosión de una olla a presión que viene acumulando persecuciones desde hace años. Hasta hace unos años sorprendía que varios integrantes del círculo opositor de Putin terminara envenenados, desaparecidos o muertos. Aunque no hay pruebas para hacer una acusación formal, las víctimas han asegurado que se ha tratado de ataques dirigidos directamente desde el Kremlin. “Muchos de nosotros asumimos que algunos de los asesinatos habrían requerido la aprobación (al menos tácita) de Putin. Pero nadie tiene pruebas sólidas”, aseguró hace un tiempo a Infobae Harley Balzer, profesor de asuntos gubernamentales en la Universidad de Georgetown especializado en estudios rusos y de Europa del Este.

El episodio del envenenamiento de Yulia y Sergei Skripal en el Reino Unido es recordado como uno de los más tenebrosos e importantes de las últimas décadas, sobretodo porque el veneno es un viejo conocido en este tipo de crímenes. Tras ser expuestos a un peligroso compuesto químico el 4 de marzo de 2018, la joven de 33 años y su padre de 66 estuvieron al borde de la muerte. La policía británica afirmó en su momento que el agente nervioso con el que fueron atacados, de origen ruso, llegó probablemente en un paquete.

Se llegó a sospechar del BMW del exespía, con el sistema de aire acondicionado como propagador del gas. También se barajó la hipótesis de que la propia Yulia se trajera sin saberlo el veneno desde Rusia, tras un viaje que hizo recientemente a su madre patria.

Otro de los casos recordados es el de Boris Nemtsov, un reconocido político de hace un par de décadas durante el año 2000 apoyó a Putin, pero que meses después se convirtió en opositor. En 2015, justo antes de ir a marchar en su contra, le dispararon en Moscú, donde murió. Alexander Litvinenko, por su parte, pasó de ser un agente del servicio secreto acusado y arrestado por supuestamente haber asesinado a un magnate ruso a vivir bajo asilo en Londres. Sin embargo, a los 46 años, en el 2006, murió envenenado por polonio radioactivo.

Otro de los métodos efectivos del gobierno es el recién utilizado por Navalni, es decir, el arresto. Es el caso de Nikolai Platoshkin, un exmilitar que creó el movimiento “Por un nuevo socialismo”, que se oponía al gobierno de Putin. Desde junio del año pasado, el político fue arrestado, acusado, y encarcelado por motivos que resultan confusos para defensores de derechos humanos de todos el mundo. Tanto así que Amnistía Internacional lo declaró como un prisionero de conciencia.

Además, está el caso de Azat Miftakhov, un matemático que también mostró su desaprobación al gobierno y que terminó preso. Las razones de su arresto fueron aún borrosas, pues fue acusado en febrero de 2019, cuando fue detenido, de construir un objeto explosivo que fue encontrado el año anterior cerca de Moscú. En ese momento fue liberado y detenido de nuevo por supuestamente atacar un centro policial con una piedra. El juicio se dilató hasta el pasado 18 de enero, cuando un juzgado local lo encontró culpable por actos violentos y condenado a seis años a pena colonial, es decir, al exilio.

Por último, el control del gobierno se extiende a todos los ámbitos, incluso en el digital. Según afirma Wired: “Putin ha puesto cada vez más énfasis en ampliar la soberanía nacional al ámbito digital. Recientemente, por ejemplo, se aumentaron los poderes del regulador de Internet y de los medios de comunicación, Roskom, un organismo de creciente importancia. Los tribunales rusos, por poner otro ejemplo, siguen multando a las empresas estadounidenses de redes sociales que no almacenan localmente la información por orden de Moscú”.

Puede leer: Libertad de prensa amenazada: los 10 casos más urgentes, según One Free Press

Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.