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En la guerra entre Rusia y Ucrania también combaten cientos de colombianos. Muchos de ellos, reclutados por ambos bandos, han denunciado malos tratos y aseguran haber llegado al conflicto bajo falsas promesas, solo para terminar luchando en una guerra ajena que les cambió la vida.
El caso de Rusia ha despertado especial preocupación. Aunque la Embajada de Rusia en Colombia ha negado en repetidas ocasiones la existencia de redes de reclutamiento en el país, diversas investigaciones periodísticas han documentado una realidad distinta. Los reportajes revelan que cientos, e incluso miles, de colombianos —muchos sin experiencia militar— han sido captados con ofertas económicas y enviados al frente de combate en condiciones extremas, en lo que algunos sobrevivientes y familiares describen como una auténtica “misión suicida”.
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De acuerdo con una investigación de Noticias Caracol, la red de reclutamiento ofrece condiciones que pueden resultar muy atractivas para personas en situación de vulnerabilidad económica. Según los testimonios recopilados por el medio, los reclutadores prometen un bono de USD 35.000 dólares (cerca de COP 110 millones), un salario mensual de USD 3.500 y la posibilidad de obtener la ciudadanía rusa para el combatiente y su familia después de seis meses de servicio. Sin embargo, la investigación señala que detrás de estas promesas opera una estructura clandestina que utiliza hoteles y apartamentos como puntos de contacto y alojamiento para quienes son captados antes de ser enviados al frente de guerra.
Una investigación de El Espectador reveló que detrás de este entramado aparece Global Qowa Al Basheria S.A.S., una empresa constituida legalmente en Bogotá en 2012. La firma está vinculada a tres hermanos con una larga trayectoria en el sector militar. Dos de ellos, Omar Fernando García Batte y José Óscar García Batte, son coroneles retirados del Ejército colombiano. Este último participó en operaciones de alto perfil, entre ellas la Operación Jaque, que permitió el rescate de 15 secuestrados.
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Muchos de estos hombres son reclutados sin contar con entrenamiento militar y, en cuestión de días, son enviados a algunos de los frentes de combate más peligrosos de la guerra, escenarios marcados por campos minados, bombardeos constantes y cadáveres a la vista.
Sonia León, hermana de Jamilton León —un colombiano que llegó a Rusia en marzo de 2026 y cuyo caso fue documentado por Noticias Caracol—, describió lo que vivió su hermano como un auténtico “infierno”. Antes de desaparecer, Jamilton le envió varios videos en los que relataba las condiciones extremas del frente: “Esto es una mierda total, muertos y muertos por lado y lado. Aquí voy, solo, solo físicamente porque me respalda mi señor Jesucristo”.
La hermana de Jamilton describe esta realidad como una auténtica “carnicería”, donde muchos hombres son enviados al combate sin la preparación militar necesaria y terminan muriendo o sufriendo graves heridas en campos minados bajo el constante ataque de drones.
Frente a estas condiciones, para muchos la rendición se ha convertido en la única alternativa para sobrevivir. Levantar una bandera blanca desde la trinchera y entregarse a las fuerzas ucranianas representa, para algunos combatientes, la única posibilidad de abandonar la guerra con vida y dejar atrás su paso por el Ejército ruso.
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Según una investigación de Noticias Caracol, recientemente se conocieron imágenes captadas por un dron en las que cinco colombianos aparecen rindiéndose ante las fuerzas ucranianas con banderas blancas improvisadas. Entre ellos estaba Kevin Caicedo, un joven de 24 años que, de acuerdo con el reportaje, llegó a Moscú sin formación militar y fue enviado al frente de combate en menos de dos semanas.
Otro de los colombianos que decidió entregarse fue Leonel Julio. Según Noticias Caracol, tomó esa decisión después de enterarse de que su hermano, Diego Julio, había sido capturado por las fuerzas ucranianas y que su vida había sido respetada. Desde Apartadó (Antioquia), su padre, Francisco Julio, espera el día en que pueda volver a abrazarlos. Aunque la incertidumbre persiste, encuentra algo de alivio al saber que ambos permanecen con vida en un centro de detención en Ucrania. El pasado 21 de julio, la familia recibió una noticia esperanzadora cuando medios ucranianos informaron sobre el reencuentro de los dos hermanos.
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