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El apagón de internet de Putin: una caótica campaña para aislar a los rusos

Sin GPS, sin pagos móviles y con fallos en salud. Así sobreviven los rusos al cerco digital de Putin que destruye su vida conectada.

Paul Sonne, Valerie Hopkins y Oleg Matsnev | The New York Times

01 de abril de 2026 - 01:00 p. m.
Un hombre habla por teléfono durante una caminata en la Plaza Roja de Moscú. Con los cortes de internet móvil, Moscú retrocede "veinte años atrás".
Foto: AFP - IGOR IVANKO
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Con nuevos cortes y bloqueos, el presidente Vladimir Putin da sus pasos más audaces hasta la fecha para controlar las comunicaciones de los rusos.

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Cuando este mes se desató un incendio en un centro comercial situado a pocos minutos a pie del Kremlin, uno de los modestos canales rusos de noticias en Telegram envió a un reportero al lugar.

Había un problema: los datos móviles no funcionaban en el centro de Moscú, y Telegram, la aplicación más popular del país, estaba siendo bloqueada.

“Fue como en 1997”, dijo Sergei Titov, editor del canal Ostorozhno Novosti, quien relató cómo el reportero, incapaz de enviar fotos o videos, llamó al teléfono fijo del canal para narrar: “tres coches de bomberos, dos ambulancias, mucha gente corriendo”.

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El apagón de un día de duración en la zona más importante de Moscú cristalizó los temores de que el presidente Vladimir Putin fuera más lejos de lo que los rusos imaginaban para aislarlos del mundo e interrumpir sus vidas a medida que pone el internet de la nación bajo el control total del Kremlin.

En las últimas semanas, los rusos se han enfrentado a dos interrupciones a la vez. Las autoridades, armadas con nuevas capacidades técnicas y pretextos bélicos, han estado desconectando el internet móvil en determinados lugares. También han bloqueado cada vez más aplicaciones extranjeras utilizadas por millones de rusos.

El gobierno ha aducido razones de seguridad para los cortes de internet, y los ha descrito como precauciones contra los ataques de drones ucranianos que utilizan las redes móviles rusas como objetivo. Pero los expertos afirman que el gobierno también lleva a cabo el tipo de apagones selectivos que impondría en caso de disturbios, como las manifestaciones masivas que arrasaron Irán este año.

Para muchos rusos, el ataque de Putin a Telegram es aún más audaz. Tras haber bloqueado Facebook, Instagram, WhatsApp y YouTube, el dirigente ruso ahora trata de obstaculizar una aplicación que más de 100 millones de rusos utilizan cada mes para comunicarse y leer noticias, incluidas las de medios de comunicación exiliados, prohibidos en Rusia.

Moscú está presionando a los rusos para que utilicen en su lugar una nueva “super aplicación” aprobada por el Kremlin y conocida como MAX. Los medios de comunicación rusos han informado de que Moscú planea bloquear totalmente Telegram a partir del miércoles, pero han surgido indicios de que podrían retrasar la medida en medio de una reacción pública.

De todos los ejemplos de la creciente represión en Rusia durante los cuatro años de guerra en Ucrania, pocos han afectado a más personas que las restricciones de internet.

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Los apagones y bloqueos intermitentes han causado estragos, ya que los servicios digitales esenciales para la vida cotidiana han sufrido interrupciones constantes, lo que ha obligado a la gente a una frustrante búsqueda de soluciones.

Cuando dejó de funcionar el internet móvil en algunas zonas de Moscú, la gente empezó a pagar en efectivo. Al quedar inutilizadas las aplicaciones de taxis, algunos pidieron aventón en coches que pasaban. Las ventas de walkie-talkies, líneas telefónicas analógicas, mapas de papel y reproductores MP3 de la vieja escuela se dispararon en internet. Incluso en los pasillos del Kremlin, los funcionarios volvieron a utilizar teléfonos fijos.

Algunas de las consecuencias han sido peligrosas. Durante los cortes, los dispositivos de control de la glucosa que llevan los niños diabéticos, por ejemplo, no han podido transmitir en tiempo real las actualizaciones que necesitan los padres para ajustar los niveles de insulina.

En medio de todas estas perturbaciones, han surgido señales de indignación pública, y en algunas ciudades se han llevado a cabo protestas por los cortes de internet y la limitación de las aplicaciones, aunque las autoridades las han bloqueado. Para que aplicaciones como Telegram sigan funcionando, millones de rusos han recurrido a redes privadas virtuales (VPN, por su sigla en inglés) para eludir las restricciones.

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Titov, editor de Ostorozhno Novosti, propiedad de la socialité rusa y excandidata presidencial Ksenia Sobchak, subrayó que Telegram no era simplemente una “red social”, sino la base de lo que quedaba del internet ruso sin restricciones.

“Para los rusos, al menos los de mi generación, quienes empezaron a utilizarlo, digamos, a los 20 años, Telegram es toda su vida en internet”, dijo Titov. En ese sentido, dijo, “todo el sistema de internet al que la gente está acostumbrada se está destruyendo ahora mismo”.

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Moscú prohibió rápidamente Twitter, Instagram y Facebook, y finalmente centró su atención en sofocar YouTube, durante mucho tiempo uno de los sitios más utilizados en Rusia, así como WhatsApp. El uso de VPN se disparó.
Foto: AFP - IGOR IVANKO

Libertad que desaparece

Durante décadas, los rusos disfrutaron de un internet en gran medida libre y descentralizado. Arraigó una vibrante cultura digital, en la que los rusos se expresaban abiertamente, se organizaban políticamente y utilizaban con regularidad plataformas tecnológicas occidentales.

Después de que las protestas masivas contra Putin sacudieran Moscú en 2011 y 2012, el Kremlin comenzó a ver la libertad de acción del internet en Rusia como una seria amenaza. Frustrado por el poder de los gigantes tecnológicos estadounidenses, Putin se propuso construir un “internet soberano”, un mundo digital aislado que pudiera controlar.

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Tal vez nadie representó mejor esta amenaza para el Kremlin que el activista anticorrupción Alekséi Navalni, quien saltó a la fama como bloguero de LiveJournal que denunciaba la corrupción estatal. Con videos que acumulaban millones de visitas, demostró cómo el contenido viral en línea podía dar lugar a protestas en el mundo real.

Dirigidas por Roskomnadzor, el regulador ruso de las comunicaciones, las autoridades rusas bloquearon su sitio web y presionaron a los gigantes tecnológicos occidentales para que retiraran su aplicación de votos de protesta y sus anuncios de video.

Luego, después de que Putin lanzara su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el Kremlin comenzó a restringir la libertad de internet rusa con acciones mucho más audaces y disruptivas.

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Moscú prohibió rápidamente Twitter, Instagram y Facebook, y finalmente centró su atención en sofocar YouTube, durante mucho tiempo uno de los sitios más utilizados en Rusia, así como WhatsApp. El uso de VPN se disparó.

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En medio de la embestida estatal, Telegram siguió siendo un espacio relativamente abierto.

Armado con su propia red de canales de Telegram, el Kremlin recurrió a la aplicación para difundir sus mensajes de propaganda sobre la guerra, y los soldados la utilizaron para mantenerse en contacto con sus familias y recaudar dinero para sus unidades. Al mismo tiempo, los rusos podían leer noticias y comentarios sin filtro, incluso de los críticos más acérrimos del gobierno.

Uno de ellos era el jefe de los mercenarios rusos, Yevgeni Prigozhin, quien publicaba en Telegram videos descarnados y cargados de improperios desde el frente. Desarrolló un culto entre los soldados descontentos que estalló en un golpe de Estado fallido en 2023, lo que desmostró al Kremlin cómo los mensajes de Telegram podían impulsar una amenaza real.

Muchos rusos, incluidos los partidarios de Putin, consideran que desactivar Telegram es ir demasiado lejos.
Foto: AFP - IGOR IVANKO

‘Forma de comunicación enemiga’

Más de dos años después, Roskomnadzor anunció que bloquearía Telegram; en febrero afirmó que la aplicación había violado la legislación rusa al no proteger los datos personales, combatir el fraude e impedir su uso por terroristas y delincuentes.

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Comenzaron los bloqueos intermitentes del servicio. The New York Times probó el acceso a Telegram a mediados de marzo utilizando 72 servidores de toda Rusia y descubrió que solo 39 podían cargar la versión de navegador de la aplicación.

Durante mucho tiempo, la opinión generalizada sostuvo que, dado que el internet en Rusia comenzó siendo libre, sería imposible, tanto tecnológica como políticamente, que el Kremlin devolviera el genio a la lámpara.

Alena Epifanova, analista de Rusia en el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, dijo que, si bien Rusia no era capaz de replicar el enfoque del “Gran Cortafuegos” chino, que aisló internet desde el principio, avanza rápidamente al modelo iraní. Este enfoque implica “listas blancas” de sitios aprobados, cortes selectivos y una intranet interna bajo el control del gobierno, explicó.

Muchos rusos, incluidos los partidarios de Putin, consideran que desactivar Telegram es ir demasiado lejos.

En una declaración inusualmente contundente a finales de marzo, Vyacheslav Gladkov, gobernador de la región de Bélgorod, fronteriza con Ucrania, calificó a Telegram de infraestructura de supervivencia crítica utilizada por los residentes para obtener información como las alertas de ataques aéreos. Dijo que las interrupciones provocaban “muertes innecesarias”.

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En una avalancha de videos publicados en internet, soldados rusos enmascarados que ocultaban su identidad dijeron que el servicio de mensajería era fundamental para sus operaciones en el frente y pidieron al Kremlin que desistiera.

La decisión provocó incluso un fugaz retorno de la política en el Parlamento ruso, que funciona como una mera formalidad.

Sergei Mironov, líder del partido Rusia Justa y firme partidario de la guerra, calificó Telegram de ser el “único medio de comunicación fiable” para los militares rusos.

“Quienes derraman sangre no tienen contacto con sus familiares y amigos”, dijo Mironov. “¿Qué están haciendo, idiotas?”, dijo.

En una votación en la Cámara Baja del Parlamento ruso, 77 diputados, incluidos los del partido de Mironov y el bloque comunista, votaron a favor de pedir a las autoridades rusas que justificaran su decisión. La medida fracasó, con 102 en contra, pero puso de manifiesto divisiones poco frecuentes.

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Putin, quien ha dicho que Moscú debe “estrangular” a las empresas tecnológicas extranjeras para defender su soberanía, ha guardado silencio sobre el asunto.

Sin embargo, en una reunión celebrada el 5 de marzo en el Kremlin, preguntó a un oficial militar si el uso de sistemas de comunicación que “no están bajo nuestro control” era peligroso para el personal.

El oficial dijo que sí y calificó Telegram de “forma de comunicación enemiga”. Los periodistas rusos descubrieron más tarde que el oficial tenía una cuenta premium de Telegram.

Descontento sofocado

Telegram, que combina la funcionalidad de Twitter y WhatsApp, fue creada por el multimillonario tecnológico de origen ruso Pavel Durov, quien ahora vive en Emiratos Árabes Unidos. Durov ha denunciado la medida de Moscú como una afrenta a la libertad de expresión y “un triste espectáculo de un Estado temeroso de su propio pueblo”. Rusia lo ha puesto bajo investigación.

Durov aún no ha anunciado ninguna contramedida, pero podría introducir cambios técnicos en Telegram que ayudarían a los rusos a acceder a la aplicación a pesar de los bloqueos.

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Los intentos de organizar protestas han fracasado.

Se han presentado solicitudes de permiso para manifestaciones contra las restricciones de internet en 28 ciudades de 17 regiones rusas, según Dmitri Kisiyev, activista político ruso, pero todas fueron rechazadas. Más de 20 personas han sido detenidas por protestar sin permiso, según OVD-Info, un grupo ruso de asistencia jurídica.

En Krasnodar, ciudad del sur de Rusia, un legislador local partidario de la guerra, Alexander Safronov, recibió un permiso para una protesta de 200 personas, pero este fue revocado posteriormente; las autoridades municipales alegaron motivos de seguridad.

“Gente de izquierda, gente de derecha, muchos no están de acuerdo con lo que está ocurriendo con los bloqueos y las restricciones”, dijo en una entrevista telefónica. “El Estado ni siquiera intenta hablar con los ciudadanos con claridad o seriedad y no les explica nada”.

Al tiempo que millones de rusos encuentran formas de eludir las restricciones, el Kremlin podría recurrir en última instancia a métodos no técnicos para mantener a los rusos alejados de las plataformas extranjeras.

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Las autoridades rusas, por ejemplo, podrían calificar oficialmente a Telegram de “organización terrorista o extremista”, como hicieron con Meta. Cualquiera que gestione un canal o pague por publicidad en la aplicación se arriesgaría a ser procesado.

Las autoridades también podrían redoblar sus esfuerzos para frenar el uso de VPN o aplicar más agresivamente una nueva ley que prohíbe buscar o acceder a contenidos “extremistas”.

Aunque la gente expresa su enfado y espera que sus soluciones duren, muchos se resignan a un futuro bajo un control estatal más estricto.

Titov, el editor, predijo que su medio de noticias no tendría el mismo éxito en la aplicación MAX, controlada por el Estado, cuya empresa matriz, el gigante de las redes sociales VK, ya censura los comentarios críticos y las noticias. Sin embargo, dijo que no veía forma de revertir la situación.

“Es muy fácil percibir el descontento en internet en todos los estratos de la sociedad”, dijo Titov. “Simplemente no desaparece. Incluso entre quienes están a favor de la guerra hay muchas críticas al Estado, pero todo el mundo más o menos ha aprendido que no se puede hacer nada al respecto”.

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Por Paul Sonne, Valerie Hopkins y Oleg Matsnev | The New York Times

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