En Maastricht, una pequeña y pintoresca ciudad holandesa, representantes de 12 países europeos se reunieron hace exactamente 30 años para ultimar los detalles de un acuerdo que sentaría las bases del matrimonio más ambicioso que ha visto el continente. El Tratado de la Unión Europea, que se firmó finalmente el 7 de febrero de 1992, dio lugar a la unión monetaria con el euro y a la libre circulación dentro de las fronteras, a la vez que fijó otras metas, como tener políticas exteriores, de seguridad y económicas comunes.
El muro de Berlín así como la Unión Soviética habían caído. En el continente se presagiaba una era de gran cooperación y enormes posibilidades para todos los ciudadanos. Sin embargo, dichas posibilidades se han visto reducidas ante los tropiezos tanto en la política monetaria como en la política exterior de la UE. El bloque, si bien goza de triunfos importantes como su papel en el Acuerdo Nuclear de Irán o la reducción de tensiones entre Serbia y Kosovo, ha sido incapaz de converger las economías y marcar una identidad europea, así como que dichos éxitos diplomáticos han sido excepciones a la regla, pues Bruselas ha estado marcada por la ineficacia en la agenda exterior.
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Ahora que se aproxima el trigésimo aniversario del Acuerdo que dio su origen, a la UE le urge un autoexamen para poder formular soluciones a la agitada década en la que entró el mundo, con una pandemia de por medio, el auge del populismo y una profunda crisis migratoria. Los desafíos que hay en 2022 son muchos. No se ve venir un año fácil para el bloque ni una preparación adecuada para cubrir tantos frentes.
Comenzamos por el golpe más grande: la UE comienza el año sin su “mutti” (mamá en alemán). Ángela Merkel, la cabeza de la unión durante 16 años, dejó su cargo como canciller alemana. Ahora los miembros del bloque estudian quién podría ser su sucesor o sucesora. Es muy pronto para que Olaf Scholz, el nuevo canciller alemán, se ponga en los zapatos de Merkel.
La tarea de guiar a Europa en estos momentos tan difíciles recaería sobre el presidente francés, Emmanuel Macron, según la profesora Helen Thompson, de la Universidad de Cambridge. Él, explica Thompson, buscaría implantar su idea de una Europa más ambiciosa y soberana, menos dependiente de Estados Unidos y más política y confortativa con Rusia y China. La estabilidad de Merkel, después de todo, fue criticada por priorizar los intereses económicos y así alimentar la inercia en la UE.
“La política de permanecer neutrales y evitar soluciones duras a los problemas de Europa no parece ser un enfoque viable para los desafíos futuros”, apuntaron Piotr Buras y Jana Puglierin, expertos en relaciones internacionales del European Council on Foreign Relations.
Pero Macron enfrenta sus propios obstáculos para ascender en Europa: en 2022 habrá elecciones en Francia, y el presidente debe enfrentarse a la subida de los populismos de derecha -que él mismo ha estado rozando- para ganar la reelección, por lo que estará ocupado en casa. El puesto de conductor de la UE podría recaer entonces sobre el primer ministro italiano, Mario Draghi. Apodado como “Super Mario”, por su gestión en el Banco Central Europeo, donde sorteó la crisis económica de la Zona Euro en 2010, ha conseguido darle estabilidad a un país que es sinónimo de convulsiones políticas. Él sería el constructor de la nueva Europa, según le comentó Nicoletta Pirozzi, del centro de estudios Istituto Affari Internazionali en Roma, a la AFP.
Quien quiera que sea el nuevo líder, el primer reto que deberá enfrentar será el de la migración. A la abrupta y desorganizada salida de Afganistán que ha dejado a cientos de miles desplazados y buscando refugio en Europa, se suma la crisis en el Cuerno de África. El conflicto armado en Etiopía, por ejemplo, amenaza con desestabilizar una zona con más de 200 millones de habitantes que podrá generar un desplazamiento interno y externo colosal. A esto hay que agregarle que algunos Estados, como Marruecos, Turquía y Bielorrusia, han usado a los migrantes como arma política para conseguir beneficios. Otra preocupación en Siria, pues si la seguridad se deteriora allí podría causar un nuevo flujo migratorio de personas a Europa, incluidos posiblemente militantes yihadistas.
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Pero de la agenda en materia de seguridad ya hablaremos. La enorme crisis migratoria que se le avecina a Europa se da en un marco en el que no hay avances respecto a la negociación del Pacto Europeo de Migración y Asila, dada la división de los países de primera línea como España, que quieren un reparto más equitativo de los migrantes, y de otros como Polonia y Hungría, reacios a recibir refugiados.
Ya que mencionamos a Polonia y a Hungría, en ambas naciones se presenta un desafío interno a la UE. Varsovia y Budapest, donde gobierna la extrema derecha, han puesto en marcha políticas discriminatorias y contra la independencia judicial y el Estado de derecho que han enfurecido a la mayoría en Bruselas. Por esta razón, el Parlamento Europeo ha emitido sanciones económicas duras y ha congelado los fondos de recuperación para ambas naciones hasta que retrocedan en sus políticas. Las dos partes deberán llegar a un punto de entendimiento en 2022, pues ni Bruselas puede expulsar a las naciones problemáticas ni ellas desean salirse de la unión.
Sobre el covid-19, la Unión Europea arranca el año enfrentando el mismo desafío que todo el mundo: la variante ómicron se hace dueña del primer lugar de contagios en varios países de la Eurozona, mientras los gobiernos intentan de cualquier manera incentivar la vacunación y las dosis de refuerzo. La UE no se puede permitir un nuevo colapso de las redes hospitalarias como en 2020, aunque la Organización Mundial de la Salud estima que podrían ocurrir unas 700.000 muertes por el coronavirus.
La recuperación económica también está en la agenda. El fondo de recuperación lanzado coincidió con una gran inflación y la crisis en la cadena de suministros, así como los debates sobre nuevas reglas fiscales para el bloque que divide a los países frugales del norte con los del sur.
Sobre la agenda económica recae un desafío extra: relanzar la economía europea, pero que esta a su vez sirva para una transición verde y digital. La gran apuesta de Europa en las próximas décadas, como nos dejó ver el embajador de la UE en Colombia, Gilles Bertrand, es la de la lucha contra el cambio climático. El Legislativo europeo planea debatir nuevas reformas para descarbonizar la economía a mitad de siglo. Todo comenzará con un intenso diálogo sobre las medidas para reducir las emisiones en un 55 % para 2030.
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Y respecto al ámbito digital, la UE tiene proyectado aprobar en el primer semestre de 2022 dos leyes para limitar el poder de los gigantes tecnológicos como Google, Facebook y Amazon en la Eurozona. Su meta es más transparencia en los algoritmos y mayor responsabilidad de estas compañías con el contenido que se maneja en línea. La reforma llega en un contexto necesario, pues los discursos de odio han ganado peso gracias a la visibilidad que tienen en internet, y esto ha contribuido al auge de los populismos y el reposicionamiento de la extrema derecha en el continente, otra arista en la agenda.
Finalmente, la Unión Europea se replanteará su posicionamiento geoestratégico con el posible lanzamiento de su “Brújula Estratégica”, un plan en seguridad y defensa que busca mayor autonomía frente a Washington y contempla amenazas cibernéticas, un punto descuidado por Occidente.
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