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Lo que desató el asesinato de Sarah Everad en Reino Unido

El asesinato de Sarah Everard en Londres provocó la histórica reacción de miles de mujeres, quienes advierten que se trata de un problema sistemático.

Redacción Mundo

15 de marzo de 2021 - 05:59 p. m.
Cientos de personas se reunieron al sur de Londres para protestar contra la violencia de género en el Reino Unido.
Foto: EFE - Agencia EFE
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Sarah Everard desapareció la noche del pasado 3 de marzo al sur de Londres (Reino Unido) mientras regresaba a su casa, luego de verse con un grupo de amigos. La herida es profunda, más cuando el detenido y principal sospechoso es un policía londinense, quien ya fue acusado el pasado viernes de secuestro y asesinato. Se abre una crisis social e institucional que pone en el ojo del huracán a la policía como perpetradora de una violencia de género que debería defender.

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El caso tomó forma y magnitud durante el fin de semana, cuando se vieron escenas en las que la policía de Londres, mejor conocida como MET, detuvo e inmovilizó violentamente a mujeres que participaban en una vigilia pacífica organizada por el movimiento Reclaim These Streets en Clapham, el municipio al sur de Londres donde vivía la mujer asesinada. Coincidencialmente, el Parlamento discutió ayer la Ley de Policía, Criminalidad, Sentencias y Tribunales, que si bien busca endurecer las sentencias asociadas a violaciones y otros delitos sexuales, también amplía el poder de la Fuerza Pública para contener manifestaciones y protestas, en las que también se agreden a las mujeres.

Numerosas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Liberty, Big Brother Watch y End Violence Against Women Coalition, condenaron el documento. Por su parte, la parlamentaria Jess Phillips afirmó: “El proyecto de ley del gobierno conservador no hace absolutamente nada actualmente para aumentar las sentencias para violadores, acosadores o aquellos que golpean, controlan y abusan de las mujeres. No hace nada sobre el acoso y las agresiones callejeras. El proyecto de ley está lleno de tonterías divisivas, como encerrar a los que dañan las estatuas durante más tiempo que a los que atacan a las mujeres”.

La ministra del Interior, Priti Patel, una de las funcionarias que ha tomado la bandera del caso, cuestionó a la cabeza del departamento de policía británico, Cressida Dick, una mujer que defendió el actuar de la Fuerza Pública durante la vigilia. Frente a esta posición, Lady Shami Chakrabarti, una de las abogadas y defensoras de derechos civiles más importantes del país, escribió en The Guardian: “La reacción brutal a las mujeres que se reunieron para recordar a Everard fue presidida por la primera comisionada de la Policía Metropolitana y la cuarta secretaria del Interior, una amarga ironía feminista. Debería ser un recordatorio de que debemos cambiar la forma en que funciona el sistema, no solo las caras que lo gobiernan”.

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Este es el argumento y problema real del caso de Sarah Everard: la violencia estructural que existe en el interior de una institución como lo es la policía del Reino Unido. Si bien el primer ministro británico, Boris Johnson, condenó el asesinato, también defendió a Dick frente a las numerosas voces oficiales y civiles que piden su dimisión. Por eso la organización Sisters Uncut publicó un boletín en el que piden al mandatario que si realmente quiere ponerse del lado de las mujeres, debe empezar a hacerse cargo de las instituciones que perpetran la violencia de género.

“La policía es institucionalmente violenta contra las mujeres. Darles más poderes aumentará la violencia contra las mujeres. El enfoque actual de ‘dureza contra el crimen’ no hace nada para mejorar las vidas de las víctimas de la violencia y protege a los agentes de policía de la rendición de cuentas. En 2019, un informe de la Oficina de Periodismo de Investigación descubrió que la policía recibe un trato diferente en los casos de abuso. Para la policía, el 3,9 % en Inglaterra y Gales terminó en una condena, en comparación con el 6,2 % entre la población en general”, señaló el comunicado.

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La organización recordó que, entre abril de 2015 y abril de 2018, se presentaron casi 700 denuncias domésticas contra policías. Entre 2012 y 2018 hubo 1.500 acusaciones contra oficiales por conducta sexual inapropiada. Además, desde 2018 hasta 2019, hubo casi 60.000 denuncias sobre violaciones sexuales por parte de policías, de los cuales fueron sentenciados 1.800 y menos de 1.000 fueron encarcelados.

La seguridad no es un negocio

La policía del Reino Unido tiene un largo historial en temas de represión y abuso de la fuerza: desde la masacre de Waterloo, en 1819; el asesinato del activista Blair Peach en 1979, durante una manifestación contra el racismo, hasta el reciente escándalo de policías encubiertos que se infiltraron en la sociedad, a través de relaciones íntimas con mujeres, para espiar los movimientos de grupos de la sociedad que estaban en la mira de las autoridades. Pero la reciente vigilia reprimida parece diferente, teniendo en cuenta que se trata de un grupo de mujeres que exigió un espacio público seguro y la desarticulación de círculos de violencia institucionales.

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“La policía está tratando de silenciarnos, la policía está tratando de reprimirnos. La policía dijo que no podemos tener una vigilia para recordar a Sarah Everard. La policía tiene el descaro de amenazarnos. La policía tiene el descaro de intimidarnos. Nosotras decimos que no”, se escuchaba durante la manifestación. Por su parte, la ministra del Interior, Patel, afirmó ayer ante la Cámara de los Comunes: “La mayoría de nosotras hemos caminado a casa desde la escuela o el trabajo, y hemos escuchado unos pasos incómodamente cercanos por detrás. Demasiadas de nosotras hemos fingido hablar por teléfono con una amiga para alejar a alguien”.

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Según la autora y columnista Nesrine Malik, ser mujer “es un constante estado de negociación”. The New York Times hizo seguimiento a las discusiones que se llevaron a cabo en redes sociales y encontró que muchas de ellas ponían en manifiesto esas negociaciones, que son más bien decisiones inconscientes u obligadas, las repiten para mantenerse a salvo. Por eso el caso de Everard ha sido tan significativo, porque ni siquiera todas esas acciones, que no deberían existir, sirvieron para evitar su muerte.

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Una mujer británica consultada por el medio afirmó: “No importa lo que hagan las mujeres. Podemos ser hipervigiladas, podemos seguir todas las precauciones que nos han enseñado desde que éramos niños”. Kate Manne, profesora de filosofía en la Universidad de Cornell y autora de dos libros sobre las consecuencias del sexismo en la sociedad, agregó sobre este tema: “Las libertades de las mujeres son vistas como prescindibles, como desechables, muy parecido a las mujeres a veces, trágicamente. Simplemente se asume de inmediato que la vida de los hombres no se verá afectada significativamente por esto, por lo que no se les puede pedir que hagan sacrificios para cambiarlo”.

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