
“Se están comiendo a sus perros”, lamentó hace unas semanas Tetiana Hasanenko, jefa de la Administración Militar de la ciudad de Oleshky, una ciudad ucraniana ocupada por Rusia a la orilla del río Dniéper. La situación para esta población es insostenible y se deteriora “hora a hora”. Según Hasanenko, su gente tiene dos opciones: “Morir de hambre o ser alcanzada por un dron o fuego de artillería y morir. No hay una tercera opción. Las probabilidades de permanecer allí sin comida y sobrevivir son nulas”, razón por la que han optado por comerse a los animales.
La última entrega de alimentos a la ciudad se realizó en mayo, y aunque Kiev trata de enviar suministros con drones, no es suficiente para abastecer a las 6.000 personas que quedan allí y en las zonas aledañas, entre ellas 182 niños. Rusia, que según funcionarios ucranianos usa a los civiles como escudo humano alrededor de las posiciones desde donde sus drones y su artillería atacan la región clave de Jersón, al otro lado del río, mantiene bloqueada la entrada y la salida de la ciudad. La única forma de salir es a través de lo que los locales han bautizado como “el camino de la muerte”: más de 20 kilómetros a través de campos minados.
El comisionado de derechos humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, y otras figuras del continente, han clamado por meses por un alto el fuego. Sin embargo, sus peticiones han sido ignoradas por la potencia ocupante. Hasta el martes. Sobre las 3:00 a. m. hora de Kiev (8:00 p. m. del lunes en Bogotá), entró en vigor un cese al fuego para dar alivio a la zona. Lo asombroso, más allá de que se haya logrado avanzar en un acuerdo, es quién estaría detrás del acercamiento. Según Estados Unidos, la artífice del deshielo diplomático es la primera dama estadounidense, Melania Trump.
Melania, la diplomática
El acuerdo, que duraría unos cinco días, tiene tres fases: un alto a los ataques, la entrega de ayuda humanitaria y la evacuación de los civiles que quieran irse, según Dmytro Lubinets, defensor del pueblo de Ucrania y jefe negociador de Kiev. Un grupo de líderes civiles de ambos países visitará a los residentes casa por casa para definir qué necesitan, y quienes quieran salir podrán elegir destino.
“Anticipo que algunos querrán ir a Rusia y otros a Ucrania”, dijo la primera dama.
No es la primera vez que la primera dama se mete en esta guerra. En agosto de 2025, el presidente Donald Trump le entregó a su homólogo ruso, Vladimir Putin, en la cumbre de Alaska, una carta escrita por ella sobre los niños ucranianos llevados a Rusia. En octubre de ese año, Melania anunció que el líder ruso le había respondido por escrito y que su representante trabajaba directamente con el equipo de Putin.
Desde entonces se le atribuyen varias rondas de reunificaciones y para julio de 2026, la Casa Blanca contaba 30 niños devueltos a sus familias en cinco grupos. La cifra, sin embargo, se queda corta frente a la escala del problema, pues Ucrania tiene identificados 20.570 niños llevados a Rusia desde el inicio de la invasión, y estima que la cifra real podría ser mucho mayor. Algunas de esas reunificaciones, además, incluyeron a niños rusos. Y la comisionada rusa para los derechos de los niños, María Lvova-Belova, que le agradeció públicamente a Melania, tiene desde 2023 una orden de arresto de la Corte Penal Internacional, como Vladimir Putin, precisamente por la deportación de menores ucranianos.
En marzo de este año, Melania también se convirtió en la primera cónyuge de un líder mundial en presidir el Consejo de Seguridad de la ONU, en una sesión sobre niños en conflictos. Según la Casa Blanca, Melania supo de Oleshky a finales de septiembre, en una conversación privada durante su evento de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Su asesor Marc Beckman asegura que ella aprovechó las relaciones construidas en las reunificaciones de niños para sentar a rusos y ucranianos a la mesa.
El pasado 21 de octubre, en San Petersburgo, Putin le pidió al enviado Steve Witkoff que le transmitiera a Melania su gratitud por los niños y por su gestión en Oleshky, según la agencia rusa TASS. Dos días después, la Casa Blanca anunció el acuerdo y la presentó como la “intermediaria exclusiva” de las conversaciones. Sin embargo, hay otra versión de la historia que viene de Roma.
El 16 de octubre, tres días después de operarse de un cáncer de pulmón, el papa León XIV llamó a Putin desde el hospital Gemelli para pedirle una tregua en Oleshky. Según el Kremlin, Putin le agradeció al papa y respaldó la intención del Vaticano de crear condiciones de seguridad para la población. Tres días más tarde, León XIV llamó a Zelenski.
“(Fue) el Santo Padre quien tomó la iniciativa”, dijo el secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin.
Al día siguiente del anuncio de la Casa Blanca, L’Osservatore Romano, el diario oficial de la Santa Sede, llevó la tregua a su portada y subrayó que llegó después de las llamadas del papa. Roma, según se reportó, llevaba meses en esto. Ya en julio, el canciller ucraniano le pidió un corredor humanitario al cardenal Matteo Zuppi, enviado del papa, quien a finales de septiembre presionó por Oleshky en Moscú. Así se formó un duelo de narrativas por quién tiene el crédito real.
Borrar el crédito del Vaticano
Del lado de la Casa Blanca, Beckman fue más allá y aseguró en Fox News que la primera dama había negociado el cese al fuego “sin ayuda de nadie”, y llegó a sugerir que fue la participación de Melania la que llamó la atención del papa, y no al revés. Del lado ucraniano, en cambio, el reparto de méritos fue más diplomático. Davyd Arakhamia, jefe de la bancada oficialista en el Parlamento, les agradeció a ambos y describió la tregua como la culminación de un largo proceso entre todas las partes. Melania, por su parte, se limitó a responder que era “genial tener el apoyo del papa”.
La relación de la Casa Blanca con el primer papa estadounidense, cabe destacar, está rota desde que León XIV criticó la guerra con Irán como contraria a la doctrina católica de la guerra justa. En abril, cabe destacar, Trump le respondió en Truth Social que se dejara de complacer a la “izquierda radical”. Aún así, entrar en una nueva disputa con la Iglesia a una semana de las elecciones de mitad de mandato, uno de los electorados claves en las urnas, no es una buena estrategia. ¿Por qué no compartir el crédito de los acercamientos y por qué intentar borrar la ayuda del Vaticano?
Nadie en la Casa Blanca lo ha explicado, pero los hechos sugieren varias respuestas a por qué Washington se siente incómodo con la participación del Vaticano en la foto. Trump también llegó a exigirle al papa que dejara de criticar sus políticas e insinuó que su elección era ilegítima, por lo que reconocer que fue el papa quien destrabó Oleshky equivaldría a admitir que la diplomacia de un crítico funcionó donde la de Washington no había llegado.
Pero la clave está en la victoria humanitaria que necesita mostrar la administración Trump en este momento. El pasado 9 de octubre, Trump anunció un acuerdo con Putin para comprar diésel ruso, un giro radical frente a la ley de sanciones que él mismo había firmado un mes antes. Días después, firmó una orden que suspendió sanciones previstas contra Rusia, incluidas las penalidades por comprarle petróleo y gas.
El mandatario ucraniano, Volodimir Zelenski, calificó el acuerdo de “regalo” para Putin y el mismo 23 de octubre en que Melania anunció la tregua, Reuters reportó que el primer buque con diésel ruso había zarpado rumbo a EE. UU. Todo esto le ha valido decenas de críticas a Trump dentro de su propio partido. Un cese al fuego con nombre estadounidense ayuda a cambiar ese relato para mostrar que Washington no le está “regalando” nada a Moscú, sino también le está sacando concesiones. A Putin, desde luego, también le sirve.
Luego de los últimos movimientos, el mandatario ruso aceptó volver a las negociaciones tripartitas con EE. UU. y Ucrania después del 10 de noviembre. Esto convierte a Oleshky en una prueba piloto de los acercamientos, pero las diferentes versiones sobre quién está detrás del plan dejan una pregunta incómoda: si la Casa Blanca se lleva todo el crédito con Melania, ¿quién cargará con el fracaso si la tregua se rompe?
"Veamos quién se hace cargo si sale desastrosamente mal”, escribió Shaun Pinner, un británico que combatió en Mariupol y fue prisionero de los rusos y hoy es corresponsal de London Business News en Kiev.
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Monica(25323)•Hace 22 horasY los niños latinos hijos de inmigrantes e indocumentados no importan? Solo los caucásicos?