Suicidio de Hitler: 75 años del disparo más famoso de la Segunda Guerra Mundial

El 30 de abril de 1945, el líder nazi Adolfo Hitler se suicidó junto a su esposa, Eva Braun, en su búnker en Berlín ante la inminente llegada de las tropas soviéticas. En este nuevo aniversario, Alemania reflexiona sobre los peligros del nacionalismo.

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redacción internacional
30 de abril de 2020 - 07:03 p. m.
El radicalismo, la severidad, la megalomanía y el creer que lo sabía todo mejor que los demás, fueron algunos de los rasgos de personalidad que se analizaron para entender el comportamiento de Hitler. / Archivo
El radicalismo, la severidad, la megalomanía y el creer que lo sabía todo mejor que los demás, fueron algunos de los rasgos de personalidad que se analizaron para entender el comportamiento de Hitler. / Archivo
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Que Adolfo Hitler escapó de Alemania y se refugió en Latinoamérica ya ha sido descartado hasta por la misma ciencia. El líder nazi se suicidó en su búnker en Berlín hacia las cuatro de la tarde, atemorizado y lleno de frustración ante la inminente llegada de las tropas soviéticas a la capital alemana. Esa fue la sentencia para el nazismo y para la guerra. Una semana más tarde, Alemania firmaba la capitulación, y en cuestión de semanas el diluvio de sangre que corrió por Europa habría llegado a su fin.

La escena ha sido retratada por una multitud de historiadores: Hitler yacía sobre un charco de sangre formado en su alfombra al lado de su esposa, Eva Braun, quien cayó envenenada con cianuro. Él vestía su uniforme, una camisa blanca, corbata y pantalones negros y una chaqueta. Sus últimos días, y semanas también, las vivió confinado. Llevaba encerrado en ese búnker misterioso por lo menos desde el 15 de enero de 1925, haciendo solo breves salidas al exterior. Había abandonado su cuartel, y la vida pública, desde la derrota en la Batalla de las Ardenas en Bélgica. Dentro de ese refugio en el que solo extendía su ya decretado final, la vida fue sórdida, como también lo fue para quienes estaban esperando su rendición.

Mientras él siguiera vivo la guerra habría continuado, y aunque conocía que la capitulación era inminente prefirió alargar el sufrimiento de su propio pueblo, arriesgándolo a la aniquilación, antes de demostrar que había fracasado. Para él no había otra salida que no fuera el suicidio, pues se negaba a otra rendición de su país. Eso lo consideraba de cobardes. Al final fue tan egoísta, tan egocéntrico, que culpó a los mismos alemanes de la derrota y apuntó que no eran dignos, al fin y al cabo, de haberlo tenido a él como líder. Su carta final de despedida fue una oda a él mismo, a su repugnante visión del mundo en la que se laureaba de la fábrica para matar que había construido y una muestra de su villanía. En lugar de arrepentirse se justificó. Quedó demostrado que fue para el mundo una pesadilla, de la cual al pueblo alemán todavía le quedan secuelas.

Vea también: El joven Hitler: primeros años, experiencias y fracasos de un futuro genocida

El punto de quiebre que precipitó a su suicidio llegó el 22 de abril durante una sesión informativa con sus asesores, la cual fue retratada en la película La Caída. Acaba de enterarse de que el general Feliz Steiner, para evitar de nuevo un derramamiento de sangre del pueblo alemán, se negó a seguir las órdenes del führer para atacar en el sur. Ese rechazó lo sepultó. Dicen que lloró durante media hora, que estaba desconsolado. Lo único que evitó que se suicidara antes del 30 fue Joseph Goebbels, ministro encargado de la propaganda nazi, quien trataba de convencerlo de continuar. Pero el 28 llegó la noticia de que Henrich Himmler hizo una oferta de rendición. Se llenó de colera, aunque a la vez aceptó que la hora de su juicio final ya no podía postergarse. El 29 se casó con Braun, quien hasta ese día se hizo oficialmente la primera dama del Reich. Fue quizás la peor noche de bodas de la historia. En medio de ese lúgubre lugar, a vísperas de su suicidio, Hitler dictó su testamento. Pensó que a través de su “sacrificio” renacería el nazismo y pedía seguir luchando. Envenenó a sus perros y ordenó desaparecer su cadáver. Había acabado la pesadilla para el mundo.

Han pasado 75 años de ese, el disparo más famoso de la Segunda Guerra Mundial. Salido de una pistola Walther calibre 7,65mm. La ciudad de Berlín hoy recuerda el fin de la II Guerra Mundial, del que se cumplirán 75 años el 8 de mayo, con una gran exposición digital y una campaña para advertir contra el auge de los extremismos y nacionalismos.

"Todo empezó con las elecciones", dice una serie de afiches preparados para la ocasión recordando que los nazis llegaron al poder a través de las urnas y que muestran a Berlín destruida después de la guerra. "¿Estás seguro de que quieres las consecuencias de tu voto?", dicen a continuación los mismos afiches. Vea también: Hitler: el precursor de las noticias falsas 

Los planes iniciales para la conmemoración, que contemplaban una gran exposición al aire libre, han tenido que ser cambiados debido a la pandemia del coronavirus. La exposición al aire libre se realizará ahora en formato digital y ofrecerá, entre otras cosas, testimonios grabados de personas que vivieron la guerra dentro y fuera de Alemania e historias de lugares significativos para el ascenso del nacionalsocialismo y el desarrollo de la II Guerra Mundial.

"Ahora el coronavirus marca nuestra actualidad y algunas noticias han pasado a segundo plano", dijo el titular de Cultura de la ciudad estado de Berlín, Klaus Lederer, en conferencia de prensa virtual. "Pero el peligro de la ultraderecha existe. Hay además ahora teorías de la conspiración que buscan convertir a grupos determinados en chivos expiatorios de la pandemia", agregó.

La exposición digital se iniciará el 2 de mayo y se podría visitar en internet hasta el 2 de septiembre. Después se mantendrá una exposición digital permanente más reducida y, además, si la evolución de la pandemia lo permite, se abrirá una exposición en el Museo de Karlhorst dedicada a los últimos meses de la guerra.

Parte de la exposición gira alrededor del significado de cuatro lugares claves de la capital alemana: el Reichstag, la Puerta de Brandeburgo, la Alexanderplatz y el Estadio Olímpico de Berlín. El Reichstag apunta a la dimensión política del nazismo y a la vez a la resistencia. También apunta al final de la guerra y la célebre fotografía de un soldado soviético poniendo en el techo del edificio la bandera de los vencedores.

Alrededor de la Puerta de Brandeburgo están actualmente las embajadas de las potencias aliadas que derrotaron a Hitler.

"El aniversario es una ocasión de decir Danke, spasiva, merci, thank you", dijo Lederer en alemán, ruso, francés e inglés, respectivamente.

El Estadio Olímpico recuerda cómo Hitler instrumentalizó políticamente los Juegos de 1936 cuando ya se estaba preparando para la guerra. Y Alexanderplatz es un lugar que representa la vida cotidiana en Berlín.

"Queremos llevar a la gente al pasado y luego traerla otra vez al presente", explicó Björn Weigel, uno de los comisarios de la exposición.

Para eso está también la campaña de afiches que estarán en las calles aprovechando que, pese al coronavirus, los berlineses tienen de momento cierta libertad de movimiento.

Por redacción internacional

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