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Bruno Dey, tenía entre 17 años cuando comenzó a trabajar como guardia de las SS hitlerianas en el campo nazi de Stutthof, cercano a Gdansk, en la Polonia ocupada, donde se estima fueron asesinados unos 100.000 confinados, en su mayoría judíos.
Estuvo un año como vigilante en ese campo, donde se instaló una maquinaria de exterminio masivo del nazismo. La justicia alemana abrió este jueves el proceso contra el exguardia hoy, de 93 años y acusado de complicidad en 5.230 muertes. Un caso más de los juicios tardíos abiertos en los últimos años por crímenes del Tercer Reich.
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La fiscalía le imputa complicidad por haber sido partícipe, desde su posición de vigilante en ese campo, de la maquinaria de exterminio masivo del nazismo. El hombre expresó su "pena" por las víctimas de las atrocidades, al comparecer ante la justicia en la ciudad alemana de Hamburgo (norte) por complicidad en miles de asesinatos, en uno de los últimos juicios a un SS nazi.
Las audiencias del juicio iniciado este jueves y que se prolongará al menos hasta mediados de diciembre se verán restringidas a dos por semana y a un máximo de dos horas cada una debido al precario estado de salud de Bruno Dey, de 93 años.
Dey ingresó a la sala del tribunal en silla de ruedas, con el rostro oculto tras una carpeta roja, y acompañado por una asistente que ejercía de enfermera.
"Lo que pasó le daba pena" afirmó su abogado, Stefan Waterkamp. "Sabía que los detenidos no eran criminales, que estaban ahí por razones antisemitas, racistas u otras, tenía piedad de ellos" agregó.
Pero el abogado afirmó que Dey no tuvo otra opción.
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"No entró por voluntad propia en las SS, no eligió ser enviado a un campo de concentración" y nunca podría haber "liberado" a los presos, argumentó el letrado.
Dey está acusado por la fiscalía de complicidad en asesinatos cuando era guardián "entre agosto de 1944 y abril de 1945" del campo de Stutthof, en el norte de Polonia, a 40 km de Gdansk. Fue el primer campo nazi edificado fuera de Alemania.
Ahí perecieron 65.000 personas, esencialmente mujeres judías procedentes de los países bálticos y de Polonia. El campo pasó a formar parte del sistema de exterminio de los judíos en junio de 1944.
Dey, que tenía 17 años en el momento de los hechos, fue según la fiscalía cómplice en el asesinato de 5.230 presos (5.000 "creando y manteniendo condiciones que ponían en riesgo la vida", 200 gaseados y 30 de un disparo en la nuca).
'Máquinaria asesina'
El trabajo del acusado consistía en "impedir la fuga, la revuelta o la liberación de los presos" judíos del campo, condenados a ser exterminados por bala o mediante el gas Zyklon B, según la acusación.Dey fue un "engranaje de la maquinaria asesina, con conocimiento de causa", acusa la fiscalía. El objetivo del juicio es determinar si "apoyó conscientemente los crueles asesinatos de presos, y de judíos en particular".
Los supervivientes describieron los asesinatos en este campo, cometidos delante del personal del lugar.
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El acusado reconoció durante la instrucción que estaba enterado de lo que ocurría en el campo con las cámaras de gas y las cremaciones de cadáveres, pero aseguró que no pudo huir, pues corría el riesgo de ser también asesinado.
"Lo que nos hicieron fue inhumano". declaró en una entrevista a la Deutsche Welle una superviviente del campo, Dora Roth, cuya madre murió de hambre en Stutthof. Esta mujer forma parte de las 28 acusaciones civiles del proceso.
"El que sabe, el que puede hablar de ello, debe hacerlo" en la audiencia, explicó Roth. "Es la única forma de evitar otro Holocausto", agregó.
Severidad tardía
En estos últimos años, Alemania juzgó y condenó a varios antiguos SS por complicidad en asesinatos, ilustrando la creciente pero muy tardía severidad de su justicia.En efecto, fiscalías y tribunales alemanes han ampliado a los guardianes de los campos la acusación de complicidad en asesinatos, antes reservada a las personas que ocupaban cargos importantes en la jerarquía nazi, o que estaban directamente implicadas en los homicidios.
Ninguno de estos condenados ha sido hasta ahora encarcelado por problemas de salud.
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El caso más emblemático fue el proceso llevado a cabo contra John Demjanjuk ante el tribunal regional de Múnich. Este exguardián del campo de exterminio de Sobibor, fue condenado en 2011 a una pena de cinco años de prisión. Murió en 2012 antes de su juicio en apelación.
A principios de abril, el proceso de otro exguardián del mismo campo nazi de Stutthof había sido abandonado debido a la degradación del estado de salud del acusado, de 95 años. Las fiscalías alemanas están instruyendo otros 23 casos de este tipo.