30 Apr 2021 - 11:00 a. m.

Lado a lado, la campaña de migración de El Espectador

“Apoyar la integración social es la receta para la paz duradera”

La CEO de Mercy Corps, Tjada D’Oyen McKenna, habló con El Espectador sobre el trabajo de la organización en Colombia y los retos que se presentan en los programas de ayuda a los migrantes venezolanos.
Nicolás Marín

Nicolás Marín

Periodista

La crisis migratoria de venezolanos es un reto permanente para Colombia, pues no es un evento pasajero, sino un fenómeno que exige acondicionar todo el aparato estatal para integrar de la mejor manera a las personas que llegan. Para eso se necesita el esfuerzo de todos los sectores, el público, el privado, pero sobre todo el social. Esa, según la CEO de Mercy Corps, Tjada O’Doyen McKenna, es la receta para consolidar una paz y un bienestar duraderos en el país entre locales y extranjeros. Si bien el Estatuto Temporal de Protección al Migrante es un paso enorme, todavía queda un largo camino en la lucha contra la desinformación y la xenofobia.

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Los 15 años de trayectoria de D’Oyen, quien ha estado en el actual cargo desde hace seis meses, han estado marcados por un compromiso constante e intenso en el campo humanitario. En diálogo con El Espectador, habló sobre lo que ha significado como organización ayudar a miles de personas en la crisis migratoria menos financiada del mundo y en medio de la pandemia de COVID-19.

¿Puede hablarnos de Mercy Corps, desde cuándo está en Colombia y cuáles son sus principales objetivos en el país?

Mercy Corps es una organización global que ha estado en 40 países alrededor del mundo; a Colombia llegamos en 2005. La gran mayoría de nuestro equipo en Colombia son locales, en total 138 de 152. Actualmente nuestras prioridades se están enfocando en suplir las necesidades urgentes de los migrantes y refugiados venezolanos, así como de los colombianos y las comunidades que reciben migrantes.

Además, estamos liderando el programa de apoyo financiero de Estados Unidos en Colombia, junto con otras tres organizaciones internacionales. Así que, en conjunto, hemos reunido 197.000 venezolanos y colombianos, a los que les hemos dado efectivo de emergencia, más de US$20 millones entregados.

Nuestra segunda prioridad está enfocada en la implementación exitosa de los Acuerdos de Paz ayudando a campesinos colombianos para obtener títulos de tierras, también cooperamos en la erradicación de cultivos ilícitos para luego transformarlos en cultivos legales y estamos ayudando a mujeres campesinas para acortar la brecha de disparidad económica.

La tercera prioridad nuestra es ayudar a proteger comunidades del contagio del COVID-19, apoyando su recuperación económica y, junto con nuestras aproximaciones tradicionales en cuestiones humanitarias, tenemos ventures (pequeñas inversiones de capital) de Mercy Corps, que son una de las primeras iniciativas de inversión de impacto de nuestro sector. Por eso apoyamos pequeñas empresas sociales colombianas que están creando soluciones para colombianos de bajos recursos.

Hablemos un poco de usted. Sabemos que ha estado en el campo humanitario durante mucho tiempo. ¿Qué nos puede contar de esa experiencia?

Llegué al campo motivada por el tema de la agricultura y del hambre. Empecé en el año 2000 y he navegado también por el sector privado y la Fundación Gates/Publix en Estados Unidos como donante y ahora como implementadora. Lo cierto es que hay ciertos temas que afectan a todas las personas agricultoras que viven en la pobreza, y la inseguridad es uno de ellos.

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Cada contexto es diferente, pero los temas subyacentes, como las necesidades, son sumamente parecidas en términos de falta de oportunidades para la gente, la seguridad del alimento, el apoyo de emergencia a las comunidades, la necesidad de incorporar nuevas herramientas para poder llegar a más personas, así como el acceso a nuevas tecnologías.

No todas las crisis humanitarias son iguales. Colombia, un país con más de 50 años de conflicto armado, un Acuerdo de Paz que no se ha acabado de implementar, la violencia, el COVID-19 y ahora una crisis migratoria. ¿Cómo decide Mercy Corps a cuál de todos estos frentes ayudar?

Una de las cosas que considero que es realmente especial de Mercy Corps, y que me atrajo, es que trabajamos en ayudar a los países que generalmente son los más frágiles y complejos. Colombia tiene un contexto económico diferente y una diversidad distinta, pero también hay mucha complejidad.

Tenemos un trabajo duro en resolución de conflictos y en procesos de construcción de paz. Colombia es un lugar especial para nosotros, por el potencial para apoyar en ese tema.

Abordamos sus necesidades inmediatas alrededor de la pobreza y de los conflictos en un principio, y ahora lo hacemos con los refugiados. Trabajamos con los problemas de raíz para que no regresen, como la pobreza, el conflicto y los gobernantes débiles. En Colombia hay una cantidad abrumadora de necesidades globales, y el desplazamiento es hoy uno de esos, uno para el que no hay recursos suficientes.

Mercy Corps ha puesto en marcha el programa de Tierras y Desarrollo Rural en las zonas afectadas por el conflicto. ¿Cómo es este programa y cuáles son los resultados hasta ahora?

Creo que este es uno de los trabajos que se ha realizado a más largo plazo en Colombia, en los últimos 12 años hemos ayudado a miles de familias para que construyan una mejor vida: desde la sustitución de cultivos ilícitos hasta la mejora de su producción de agricultura, de esta manera les ayudamos a generar empleos y empresas para crear ingresos propios. Vamos por las 8.500 familias este año.

Por otro lado, un tema que está muy cercano a mi corazón, y en el cual Colombia es un líder, es que hemos formalizado 1,1 millón de acres de tierra para familias, así es que, para el final de nuestro séptimo año de programa, ya habremos apoyado a 3.800 familias a tener títulos de propiedad de tierras. Después de tener un título legal, el valor de las propiedades ha aumentado en un 20 %, pero además de todo eso, ese título les da también a las familias un mayor incentivo para invertir en su tierra, en su agricultura, y provee un nivel de seguridad económica a las mujeres, un punto crítico.

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El año pasado los participantes de nuestro programa vendieron más de 1 millón de kilos de café a los compradores locales con los que estamos asociados, con un valor aproximado de US$2,6 millones en 2020, así que es un ingreso clave en un año muy difícil. En áreas rurales como Tibú estamos ayudando a campesinos de coca a cambiar a productos legales como café, principalmente. Esto está subsidiado por el Howard Buffett Fundation. Es grandioso.

Hemos ayudado a mujeres caficultoras, y eso incluye la asignación de tierras con título y estamos viendo a comunidades trabajar en conjunto para producir productos de calidad. Cuando los vecinos colaboran para crear pequeños negocios es una ganancia para la economía, pero también es un triunfo para la cooperación y crecimiento social.

Los grupos de ayuda acogieron con satisfacción la oferta de Colombia de otorgar un estatus legal temporal a más de 1,7 millones de migrantes venezolanos, pero advirtieron sobre su aplicación. ¿Cómo ayudar en la crisis humanitaria con menos fondos del mundo?

Realmente estoy impresionada con Colombia y su ejemplo de cómo tratar a los migrantes y los refugiados. Sé que pone más presión sobre un país que de por sí ya está estresado, pero es un gran ejemplo de por qué es necesario recibir apoyo internacional. Es la crisis de refugiados más subfinanciada en el mundo y sabemos que Colombia tiene una gran carga encima.

En el caso de Siria sabemos que han recibido US$20,8 billones de financiación, y los números para la crisis venezolana solo llegan a US$1,4 billones. Parte de nuestro trabajo ha sido presionar al gobierno de Estados Unidos y a otros donantes para actuar. También hemos tenido que hacer más que nuestra financiación tradicional, nos hemos enfocado en poner en marcha soluciones duraderas para integrar a los venezolanos en la comunidad y crear oportunidades económicas tanto para los que llegan y para los colombianos.

El sector privado necesita dar un paso al frente con diferentes soluciones financieras, invirtiendo en la creación de nuevos trabajos y proveyendo capital para que las campañas de las organizaciones humanitarias puedan funcionar.

Algunos grupos de ayuda han dicho que su trabajo cambiaría tras el decreto de Duque. ¿Qué opina del trabajo de Mercy Corps en el país?

Uno de nuestros mayores objetivos en este momento es ayudar a los refugiados venezolanos para formalizar su estatus migratorio y puedan integrarse en el país, por lo que aplaudimos el Estatus Temporal de Protección Migratorio, y eso significa que debemos activar nuestro apoyo legal para adoptar las nuevas regulaciones migratorias. Desde que se anunció el Estatuto hemos estado en este proceso y nos hemos tomado el tiempo para tener una idea clara de la hoja de ruta para que la mayor cantidad de venezolanos tengan esta protección.

Mercy Corps fue una de las primeras ONG que implementó las transferencias monetarias como ayuda humanitaria en Colombia. ¿Qué nos puede contar de esa experiencia?

Mercy Corps ha sido uno de los pioneros y líderes en transferencia monetaria a escala mundial. En este momento estamos liderando el sistema de transferencia más grande de Estados Unidos en Colombia, junto con otras tres organizaciones. Ha sido un programa supremamente exitoso, realmente apoya a personas vulnerables para que suplan necesidades básicas, establece un camino para financiar su seguridad, estimulando los mercados locales.

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También empodera a los beneficiarios, pues les da un sentido de orgullo y les da toma de decisión sobre su futuro. Hemos escuchado a las familias que dicen que este efectivo les ha permitido tener apoyo para sus casas y para suplir sus necesidades fundamentales. Este programa es el más efectivo y la manera más dignificante para asistir a estas personas que sistemáticamente no tienen cómo suplir esas carencias.

Los impactos de la crisis migratoria en Colombia son enormes y durarán muchos años. ¿Cuál crees que es la mejor manera de ayudar al país en este momento, cuando la pandemia dificulta las cosas con los colombianos de clase trabajadora y vemos altos niveles de xenofobia y miedo?

No solo hemos apoyado la integración económica y legal, sino social en las comunidades. Esa es la receta para la paz y la sostenibilidad. Queremos que los migrantes sean considerados aliados por los colombianos y necesitamos trabajar con los líderes nacionales y la población para reducir la xenofobia. Eso involucra a líderes de opinión, influenciadores y a todas las personas en general. El COVID-19 ha exacerbado estos problemas por el aumento de desinformación.

Tenemos mucha experiencia en este campo, como en Jordania, Uganda, y es importante aplicar los aprendizajes de esos casos. Estamos trabajando en Rionegro, junto con Opción Legal para la contratación de migrantes. Lo que necesitamos es sensibilizar a las compañías para hacerles entender que esta migración no va a acabar en seis meses, hay mucho capital humano que puede servir para la reactivación económica.

¿Qué tipo de trabajo se puede hacer con las comunidades para reducir los niveles de xenofobia?

Uno de los mejores ejemplos es el trabajo que hemos venido haciendo con El Espectador, este tipo de campañas ayudan a construir empatía y comprensión. Darle un rostro humano a la crisis es importante, porque es fácil caer en sentimientos negativos cuando el otro es alguien anónimo.

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Creo que también se debe proteger a los trabajadores colombianos eliminando la contratación de venezolanos ilegales. Es algo en lo que toca trabajar juntos. Muchos venezolanos son trabajadores de primera línea en construcción y restaurantes. También queremos mostrar a las personas los beneficios culturales que trae la migración, y sabemos que una de las causas de la xenofobia es que se trata de proteger la cultura local. En este momento hay que celebrar las diferencias y las similitudes que hay entre colombianos y venezolanos.

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