Publicidad
26 Dec 2021 - 2:00 a. m.

El regreso de la monja Gloria Cecilia Narváez a Colombia

Édgar Narváez duró cuatro años y ocho meses sin escuchar la voz de su hermana secuestrada en Malí. Algunos videos de supervivencia y la respuesta a una de las tres cartas que le envió eran lo único que tenía de ella. Este es un relato con sabor a ausencia y libertad, que desde el 9 de octubre de este año comenzó un nuevo capítulo.
Luego de un secuestro de cuatro años y ocho meses, Gloria Cecilia Narváez fue liberada el 9 de octubre de 2021.
Luego de un secuestro de cuatro años y ocho meses, Gloria Cecilia Narváez fue liberada el 9 de octubre de 2021.
Foto: Agencia AFP

Crecer en Pasto y ser cómplices desde niños. Tener la catequesis, la misión de repartir el pan que resultaba del cultivo y del trabajo de su madre y las cabalgatas, así como los partidos de fútbol y los de básquet como recuerdos de una niñez en la que Édgar y Gloria Cecilia Narváez permanecieron juntos. Ella era reservada, de pocos amigos, nunca tuvo novio, hasta regañaba a su hermano, “me tenía en la mira”, advierte él entre risas, pero destacaba por su madurez y por su don de gentes, o al menos así la veían los ojos de su mamá, quien murió con la esperanza de volver a ver a su hija en libertad.

El convento de las franciscanas siempre estaba a su paso, constantemente en su camino, hasta que a sus 18 años tomó la decisión de formar parte de él, mandando una carta en la que solicitaba enlistarse para ser monja. El 25 de enero de 1985 dio el primer paso: ese día su familia la dejó en la puerta del convento, empezando una travesía que la sacó de su natal Nariño para llevarla a lugares lejanos. Ecuador, México y Suiza la vieron poner en práctica los conocimientos que adquirió estudiando licenciatura básica primaria en la Universidad Mariana, evocando los tiempos en los que de niña ayudaba a la alfabetización de sus compañeros, pero estaba convencida de que debía haber algo más allá. Por eso se desencantó del país europeo, pues no había mucho por hacer, no pasaba nada, y en cambio vio en África una posibilidad.

Guerras, pobreza y enfermedad, eso fue lo primero que se atravesó por la cabeza de sus familiares cuando supieron de su decisión de viajar a la cuna de la humanidad. Poco o nada pudieron hacer al respecto. Su vocación era más fuerte que todos los argumentos en contra. Así fue como la hermana Narváez llegó a Benín, donde construyó un colegio de 300 estudiantes, que por ocho años fue su proyecto de vida. Allá, en un país perteneciente a un continente lleno de complejidades y contradicciones, encontró el sentido detrás de su labor. Tanto es así, que luego de pasar tres meses de vacaciones en Pasto, y ante la pregunta curiosa de su madre acerca de lo que venía después, dijo lo que tanto temía: “Me regreso a África”. Así fue como la monja colombiana llegó hasta Malí.

Un jueves al mes, a las 10:00 a.m., sagradamente hablaba con su mamá. “¿Cuándo viene?”, era una pregunta casi obligada en cada conversación, mientras que su trabajo como misionera en la región de Koutiala la ataba a esas tierras lejanas. Así, mientras que una monja africana estudiaba enfermería en Pasto, la hermana colombiana trabajaba en un colegio y en un centro de salud de Malí, en medio de una pobreza que la obligaba a tomar el agua de los aljibes que la comunidad construía con sus manos. Cuando todo estaba listo para su regreso, pues se había cumplido el tiempo del intercambio, y la hermana de Malí estaba lista para dejar Colombia y regresar a su país, el 7 de febrero de 2017 Gloria Cecilia Narváez fue secuestrada.

Su hermano Édgar recuerda estar trabajando en un colegio, ubicado a casi una hora de Pasto, cuando recibió una llamada de su mamá en la que, asustada, le decía que había escuchado una noticia que hablaba sobre el secuestro de la hermana colombiana. Por no preocuparla más, él le dijo que había ocurrido un accidente. Sin embargo, ella sabía qué estaba pasando y la radio se lo confirmó.

En un principio la familia no tenía claro cómo sucedieron los hechos, creyendo que la delincuencia común había orquestado el secuestro, pues quienes sacaron a Gloria Cecilia Narváez de su casa irrumpieron con armas poco sofisticadas, como un machete, una tenaza y un martillo, para luego entregársela a un grupo yihadista, afiliado a Al Qaeda, que la trasladó cerca de la frontera con Burkina Faso. “Ahí empezó el calvario para nosotros, que duró cuatro años y ocho meses”, aseguró Édgar Narváez. Por su mente nunca pasó que una filial del mismo grupo terrorista que había orquestado el ataque a las Torres Gemelas a principios del siglo podía alcanzar de alguna forma a Colombia y mucho menos a su hermana. “El mundo se nos vino abajo”, agregó.

Cada día la incertidumbre era mayor. Cómo estará, estará viva, dónde estará, eran preguntas constantes en cada amanecer y anochecer. Un video de supervivencia, en el que hablaba durante 15 segundos en francés, mientras estaba en compañía de ocho personas más (de las que sobrevivieron solo dos: Sophie Petronin y ella), fue la primera imagen en seis meses que su familia recibió, viéndola aún con el hábito, pero con un turbante en la cabeza. Ante la pantalla del celular, las lágrimas empezaron a brotar. “Estaba acabada. Le rogamos a Dios poder sobrellevar eso”, dijo su hermano.

Tres videos y una carta (la única que ella recibió entre varias que él le escribió) mediaron la distancia entre la libertad y el secuestro, entre Malí y Colombia, entre el cautiverio y su familia. Los saludos, las fotos de sus allegados y la ratificación en la fe en Dios de que llegaría el día en el que la verían en libertad eran parte de los mensajes de las misivas. Su hermano solo recibió una respuesta por parte de ella: una carta de su puño y letra, que daba la impresión que contenía solo aquello que los secuestradores le permitían decir: saludos y peticiones de oración en su nombre. Édgar Narváez guarda una carpeta con ello, pues su intención es sentarse con su hermana y entender qué fue lo que sucedió en los últimos cuatro años.

El canto compuesto por la madre Celina de la Dolorosa, aquel que dice: “Son tantos los bienes que debo a ti, Señor, por tu inmensa bondad, que siendo mi padre, sufrir por tu gloria es gozar”, acompañó a Gloria Cecilia Narváez en su tránsito del cautiverio a la libertad. Ella, en una manifestación pública en Pasto, después de su liberación, aseguró: “En los momentos de secuestro sentí la presencia de ese Dios que me animaba y me fortalecía. Sentí la presencia de Él en el salir del sol del desierto. Como San Francisco de Asís, yo lo alabé por todo eso que me permitía ver y, además, me acordaba de mi mamá que decía: ‘Si uno es fósforo, entonces usted no sea candela’”.

Así, mientras ella contaba las piedras del desierto y se aferraba a la imagen de la madre María Caridad Brader, fundadora de la orden de las Hermanas de María Inmaculada, Édgar Narváez, desde Colombia, estaba atento a los avances del rescate de su hermana. Fueron cuatro años y medio en los que esperó escuchar la palabra libertad, hasta que, finalmente, llegó a sus oídos.

“El 9 de octubre es sagrado”, afirmó. A él ya le habían advertido que iba a recibir buenas noticias en un tiempo cercano, y fue ese día que el mundo se enteró de la liberación de su hermana. Mientras veía el noticiero de ese sábado, a su celular llegaron unas fotos de una mujer vestida de amarillo. Con dos imágenes que la mostraban de espaldas, Narváez dudó. Sin embargo, la foto que la mostraba de frente le despejó cualquier inquietud y, en su lugar, la certeza y la emoción lo invadieron. Su hermana estaba libre y ante eso no pudo hacer más que llorar.

Entrada la noche de ese día, con un vaso de whisky en la mano, decidió brindar por la vida, al tiempo que contestaba una llamada en la que del otro lado del teléfono estaba su hermana, escuchando así, después de cuatro largos años, su voz. “Esa noche pude dormir tranquilo”. Ahora, que la liberación de su hermana se convirtió en la liberación de su familia, Narváez confiesa no saber qué sigue para ella, pero espera que no tome la decisión de volver a África, aunque no le parecería raro que lo hiciera.

👀🌎📄 ¿Ya estás enterado de las últimas noticias en el mundo? Te invitamos a verlas en El Espectador.

Síguenos en Google Noticias