
Israel vuelve a las urnas en un escenario marcado por los conflictos armados, las denuncias internacionales y los debates sobre el poder político y militar del país. Las consecuencias del ataque perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 y de la posterior ofensiva israelí en Gaza, que ha matado a más de 74.000 personas y es calificada por expertos de la ONU como un genocidio, ocupan un lugar central en la contienda electoral. También están en el centro del debate las denuncias contra el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y miembros de su gabinete ante instancias judiciales internacionales por presuntos crímenes de guerra y genocidio.
Este martes, los israelíes eligen a los 120 miembros de la Knéset, el parlamento del país. Se trata de las primeras elecciones desde el ataque de Hamás del 7 de octubre. Los 7,3 millones de votantes habilitados no eligen directamente al primer ministro, sino a los partidos que ocuparán los escaños. Para formar gobierno se necesita una coalición de al menos 61 parlamentarios, una mayoría que ningún partido ha conseguido por sí solo en la historia de Israel.
La contienda enfrenta al primer ministro Benjamin Netanyahu, del Likud, con su principal rival, Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder del partido Yashar. También compiten la alianza B’Yachad, encabezada por el ex primer ministro Naftali Bennett; los Demócratas, de izquierda; los partidos religiosos y las listas árabes.
Las últimas encuestas sitúan a Yashar en primer lugar, con entre 22 y 23 escaños, seguido del Likud, con entre 19 y 21. Sin embargo, ninguno de los bloques tendría asegurada la mayoría parlamentaria. Por eso, el resultado dependerá tanto de la distribución de los escaños como de las negociaciones entre los partidos para formar una coalición. Incluso si Eisenkot obtiene la mayor votación, podría no conseguir los apoyos necesarios para gobernar, lo que abriría la puerta a negociaciones prolongadas o, incluso, a nuevas elecciones.
Eisenkot propone priorizar la seguridad nacional, fortalecer el Ejército y establecer el servicio militar o nacional obligatorio para todos los sectores, incluidos los judíos ultraortodoxos y los ciudadanos árabes. En política exterior, defiende una estrategia basada en la fuerza militar y económica para impulsar acuerdos regionales. Ha respaldado las operaciones militares israelíes y considera ilusoria la solución de dos Estados tras los ataques del 7 de octubre de 2023. Además, plantea reformas para regular el equilibrio entre el Gobierno, el Parlamento y el poder judicial, así como medidas para reducir el costo de vida y el gasto público.
Según Guillermo Ospina, profesor de la Universidad de San Buenaventura, las elecciones también ponen en juego el futuro judicial de Benjamin Netanyahu y su legado político. El primer ministro enfrenta investigaciones por la presunta recepción de regalos y posibles beneficios a cambio de favores, así como señalamientos relacionados con pagos de Catar a personas de su círculo cercano para gestionar su imagen.
“Netanyahu está apostando por la continuidad para dar legitimidad a su legado político, sobre todo porque en Israel suele estar asociado con la seguridad. Ese ha sido uno de los temas más importantes de su trayectoria. Como primer ministro, además, cuenta con ciertas ventajas en la agenda legislativa que le han dado un grado de protección frente a los procesos judiciales en curso”, afirmó el profesor.
Para Néstor Rosanía, corresponsal especializado en conflictos armados, las elecciones ponen en juego la permanencia de Netanyahu en el poder y su influencia en la amistad internacional con Estados Unidos y sus aliados. Según el analista, una eventual derrota también podría dejarlo más expuesto judicialmente, tanto frente a los procesos internos por presunta corrupción como ante posibles nuevas investigaciones por crímenes de guerra, en el contexto del caso que enfrenta ante la Corte Penal Internacional.
“Lo que ha pasado en Gaza ha dado lugar a un fenómeno que se conoce como interméstico, es decir, cuando lo doméstico o nacional impacta en el ámbito internacional. Los crímenes de guerra y las violaciones de derechos humanos tienen esa característica: no se quedan únicamente en el ámbito de la jurisdicción interna de los países, sino que también involucran al sistema internacional, que se declara parte de esos procesos”, explicó el corresponsal.
En medio de estas elecciones, la violencia contra la población palestina continúa en los territorios ocupados. Este fin de semana, el Ejército israelí desalojó a miles de palestinos de varios barrios de Hebrón y de la localidad vecina de Halhul, en la Cisjordania ocupada, tras un ataque perpetrado el viernes 23 de octubre contra un puesto de control israelí, en el que murieron dos soldados. Las fuerzas israelíes sellaron ambas localidades y desplegaron una operación militar que se prolongó durante el sábado y el domingo.
En este contexto, uno de los factores clave de las elecciones es el voto de la población árabe-israelí, que podría ser decisivo para la formación de una coalición de gobierno y reflejar el descontento de este sector con el liderazgo de Benjamin Netanyahu. Según Guillermo Ospina, esta población enfrenta un dilema en medio de la polarización entre la derecha y la ultraderecha. Aunque representa cerca del 20 % del electorado y sus partidos podrían obtener entre 10 y 15 escaños, muchos de sus integrantes sienten que no están representados en un Estado que se define como judío.
En este escenario, explica Ospina, participar en las elecciones también es una forma de reivindicar su lugar en el sistema político. “Necesitan participar, ejercer su derecho al voto y demostrar que son un actor importante dentro del sistema político”, señala. Sin embargo, el analista recuerda que los palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza no pueden votar en estos comicios.
Para Rosanía, aunque existen voces críticas con Netanyahu dentro de Israel, la narrativa de la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo siguen limitando a la oposición. Quienes cuestionan su gestión se exponen a ser señalados como simpatizantes de Hamás o Hezbolá, una estigmatización que, según el analista, dificulta las campañas opositoras y puede derivar en persecución política y judicial.
La seguridad nacional es uno de los principales argumentos con los que Netanyahu busca mantenerse en el poder, si bien al líder del Likud se le ha reclamado por las fallas de inteligencia que precedieron a los ataques del 7 de octubre y se le ha señalado de tener información previa sobre los atentados.
Según Ospina, el primer ministro intenta proyectarse como un símbolo de unidad y como el líder con mayor experiencia para enfrentar las amenazas contra Israel. Sin embargo, su continuidad dependerá de las alianzas que consiga para alcanzar una mayoría parlamentaria. Si ningún bloque obtiene los apoyos suficientes, los sectores más radicales que lo han respaldado podrían volver a ser decisivos en la formación del próximo gobierno.
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