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“La supervivencia del Estado está en juego”, reza un comunicado de la misión de la ONU para Irak publicado este 29 de agosto. Se refiere a la escalada de violencia que provocó la renuncia a la actividad política del clérigo de la mayoría árabe chií Muqtada al Sadr, líder populista, nacionalista y cabeza del denominado Movimiento Sadrista. El sadrismo se diferencia de los demás partidos y milicias chiís en que no están alineados con el gobierno Iraní, el cual ha sido influyente en Irak en las últimas décadas. de otros partidos y milicias chiíes en su desvinculación de Teherán, que en los últimos años ha ejercido cada vez más influencia en Irak.
“Había decidido no intervenir en los asuntos políticos, pero ahora anuncio mi retirada definitiva”, dijo Al Sadr quien, además, confirmó que cerraría definitivamente las sedes de su movimiento. Pocas horas después del anuncio, sus seguidores, quienes llevaban un mes acampando frente a la sede del parlamento, entraron a la fuerza al palacio presidencial, en la denominada ‘Zona verde’, donde están distintos edificios del Estado.
Al menos una decena de personas murió y más de 20 resultaron heridas por cuenta de los enfrentamientos con la fuerza pública en las manifestaciones que siguieron, según reportó la agencia EFE.
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“Su Eminencia [Muqtada al Sadr] anuncia una huelga de hambre hasta que cese la violencia y el uso de las armas. Porque echar a los corruptos no da a nadie, sea quien sea, una justificación para el uso de la violencia”, publicó vía Facebook, Hasan al Azari, uno de los líderes del Movimiento Sadrista.
Las autoridades locales anunciaron que desde las 3:30 p.m., hora local, se instauraría un toque de queda en Bagdad, capital iraní. En la medida que las manifestaciones se expandieron por el país, también se extendió el toque de queda. Además, el primer ministro encargado, Mustafa al Kazemi, anunció la suspensión de las sesiones del Ejecutivo hasta nuevo aviso.
“Chantaje”
Se trata de la que es, quizás, la mayor escalada de violencia desde que Irak entró en una crisis política en octubre del año pasado, luego de las elecciones parlamentarias. En dichos comicios, el Movimiento Sadrista, desde la coalición Sairún (caminantes) y bajo el liderazgo oficial de Muqtada al Sadr, consiguió ser el partido mayoritario al hacerse con 73 de los 329 escaños del Consejo de Representantes. En las mismas elecciones, la coalición rival Al Fateh (Conquista) que reúne varios partidos alineados con Irán, alcanzó apenas 14 curules y denunció un supuesto fraude, sin llegar a nada. Sin embargo, ser el partido con más asientos no se tradujo en gobernabilidad, pues los partidos no lograron consolidar un ejecutivo y no escogieron un primer ministro.
Así, ante la ingobernabilidad, Al Sadr ordenó la renuncia de sus 73 parlamentarios y las fuerzas del Marco de Coordinación, la nueva coalición mayoritaria de partidos afines a Irán, pasaron a ser las líderes del parlamento, pero tampoco lograron un nuevo ejecutivo.
La jugada, que Al Sadr justificó en que su propio partido era el principal causante del problema de gobernabilidad, era más bien una suerte de retirada táctica. Que salieran del parlamento no significa que el sadrismo dejara de ser una fuerza política poderosa, sino que ahora podrían presionar desde afuera. “Una suerte de chantaje”, interpreta el internacionalista y docente Mauricio Jaramillo Jassir, quien lee lo mismo en la supuesta retirada de Muqtada al Sadr. “Probablemente el retiro no se haga efectivo pues lo que se busca es llevar a la gente al límite, hacerse buscar, que sientan que podrán perder algo de valor”, sugiere Jaramillo.
No hay acuerdos a la vista
El sadrismo coincide con el Marco de Coordinación en que la solución es convocar unas nuevas elecciones, pero mientras el Marco de Coordinación busca nombrar un nuevo ejecutivo, Al Sadr quiere disolver el parlamento.
Ha sido imposible llegar a acuerdos. Entre tanto, aunque parece respetarse el toque de queda en Bagdad, en la provincia de Di Car, al sur, los sadristas invadieron la sede de la gobernación y entraron en otros edificios oficiales en Nasiriya, capital de la provincia. En la ciudad de Hilla, capital de la provincia de Babilonia, los sadristas se tomaron también la gobernación y bloquearon las carreteras que unen a su ciudad con la capital.
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Muqtada Al Sadr es el descendiente de un linaje de líderes políticos nacionalistas que en los 90 se oponía al régimen de Saddam Hussein. Se consideran Sayyid, lo que entre los chiís denota descendencia directa del profeta Mahoma. Sin embargo, nunca han logrado el apoyo de las élites chiís y han cimentado sus bases en la población más pobre. El sadrismo es el único movimiento populista surgido en Irak luego de 2003, tras la invasión de Estados Unidos.
En las elecciones de 2014 y 2018, si bien el sadrismo no llegó a ser mayoría, sí tuvo suficientes curules como para considerarse una fuerza política influyente en el gobierno. Así, se valió del gran apoyo popular para controlar ministerios como el de salud, infraestructura o transporte y así ganar fuerza.
Aún así, “tras la caída de Saddam Hussein, Irak no ha tenido gobernantes que duren periodos de tiempo extensos ni ha logrado llegar a un escenario político estable”, afirma Mauricio Jaramillo Jassir. Este nuevo capítulo parece ser más de eso mismo.
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