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La Amazonia y el oportunismo

Ante una Amazonia en llamas, cortinas de humo, discursos vacíos, omisiones y ocultamiento de los verdaderos responsables, el mundo se rebela en una especie de catarsis colectiva y pareciera ser que poco a poco se da cuenta de que la Tierra es su casa, su única casa.

Beatriz Miranda Côrtes

26 de agosto de 2019 - 10:00 p. m.
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Frente a un fuego que arde y un mundo verde que se despide por siempre, restan marcas indelebles de ambición, codicia e instinto depredador. Registros de un discurso permisivo que tuvo eco y retumbó, ocultando el grito desesperado de los pueblos indígenas, ambientalistas, ONG y científicos que desde hace meses pedían socorro e intentaban denunciar. Seamos justos: ante hechos y rumores nadie hizo nada, con excepción de Noruega y Alemania, que retiraron en los últimos días su apoyo al Fondo Amazonia. En la reunión del G-20 realizada en junio en Osaka se firmó, después de 20 años de negociación, el acuerdo Unión Europea-Mercosur, que ambos bloques anunciaron con bombos y platillos por su relevancia económica, comercial y política. No seamos ingenuos: conceder premios y/o nuevas posibilidades antes de tener metas cumplidas nunca ha funcionado. En esta Amazonia que se va nadie es inocente. Todos son culpables.

En medio del dolor, muchos recuerdan al ambientalista Chico Mendes, líder de los caucheros que salió de las entrañas de la selva para denunciar la guerra silenciosa y asimétrica entre los nuevos colonos y los pueblos nativos y defender la selva: impedir su tala y su quema. “Al comienzo, pensé que estaba luchando para salvar las plantaciones de caucho, después pensé que estaba luchando para salvar la selva amazónica. Ahora, me doy cuenta que estoy luchando por la humanidad”, decía. Mendes fue asesinado en 1988. Su muerte dio la vuelta al mundo y su legado sigue siendo inmenso, a pesar de las motosierras.

Ver más: Tanto izquierda como derecha irrespetan a la Amazonía, dice Marina Silva

Vuelvo en el tiempo y añoro la brillante respuesta de Cristovão Buarque, ministro de Educación de Brasil del gobierno Lula, a un estudiante estadounidense que lo interpeló sobre la posibilidad de internacionalización de la Amazonia, diciendo que esperaba la respuesta de un humanista y no de un brasileño.

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“Realmente, como brasileño, solo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro. Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad. Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo. El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro.

Ver más: El Espectador se quema y todos tenemos la culpa

De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una reserva para todos los humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales.

También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo. El Louvre no debe pertenecer solo a Francia. Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano.

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Durante este encuentro, las Naciones Unidas están realizando el Foro del Milenio, pero los presidentes de algunos países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EE. UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos Manhattan debería pertenecer a toda la humanidad. De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia (…) deberían pertenecer al mundo entero.

Si EE. UU. quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, internacionalicemos todos los arsenales nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.

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En sus discursos, los actuales candidatos a la Presidencia de EE. UU. han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.

Ver más: Presión internacional sobre Brasil por incendios en la Amazonía

Usemos esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merece el cuidado del mundo entero. Mucho más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar, que mueran cuando deberían vivir.

Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia sea nuestra. ¡Solamente nuestra!”.

Era otro Brasil. Se había creado el Fondo Amazonia y se habían logrado metas récord de reducción de la deforestación allí y el país estaba dispuesto a asumir importantes compromisos para reducir la emisión de CO2.

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Ante una selva en llamas resurgen el viejo sueño y el oportunismo de los antiguos y nuevos imperios: la internacionalización de la Amazonia por la incapacidad de los gobiernos amazónicos de preservarla.

Probablemente comenzará un tiempo de difícil negociación entre los fuertes y los débiles y vendrán nuevas retaliaciones económicas por medio de una campaña internacional pro Amazonia, con fuerte componente geopolítico, y, por supuesto, no será suficiente decir “que la Amazonia es nuestra”, porque sin sombra de dudas la Amazonia es parte del mundo, atañe a toda la humanidad, ningún país, ningún pueblo puede invisibilizar su destrucción bárbara.

¡Qué lástima que en la misma Amazonia haya surgido la amenaza y la oportunidad perfecta para el resonar de los tambores!

Profesora U. Externado de Colombia

Por Beatriz Miranda Côrtes

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