19 Dec 2019 - 3:00 a. m.

La polémica lucha del papa Francisco contra la pederastia

Las duras medidas contra los clérigos que abusaron sexualmente de menores le han traído más dolores de cabeza que alegrías al jerarca católico. En el interior de la Iglesia siguen rechazando su terremoto institucional.

- Redacción Internacional

La polémica lucha del papa Francisco contra la pederastia

La lucha contra la pederastia en la Iglesia católica era inevitable en un mundo lleno de reivindicaciones como el de hoy. Eso sí, también se sabía que aquel que emprendiera las reformas se encontraría con un tortuoso camino lleno de enemigos a los cuales no les convenía que se comenzaran a ventilar semejantes decretos. El responsable de tomar la bandera fue el papa Francisco, quien desde 2013 ha intentado limpiar la institución, regularla y encontrar mecanismos de reparación, muy cuestionados por un amplio sector de las víctimas que sufrieron abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia.

Uno de los golpes más fuertes contra este tipo de delito se dio esta semana, cuando el papa eliminó el secreto pontificio en los casos de abuso sexual, para que deje de ser un obstáculo durante las investigaciones de este tipo. Según Andrea Tornielli, director editorial de la comunicación vaticana, “las denuncias, testimonios y documentos procesales relativos a los casos de abusos conservados en los archivos de los Dicasterios Vaticanos, así como aquellos que se encuentran en los archivos de las diócesis, y que hasta ahora estaban sujetos al secreto pontificio, podrán ser entregados a los magistrados instructores de los respectivos países que los soliciten”.

Las nuevas medidas no afectarán el secreto de confesión, que se mantiene, pues la institución considera necesario proteger la privacidad tanto de las víctimas como de los testigos. Eso sí, Tornielli afirma que “ahora la documentación deberá ponerse a disposición de las autoridades civiles para la investigación de los casos ya implicados en los procedimientos canónicos”. Ahora la duda es si con toda esta reestructuración, el papa logrará satisfacer a las víctimas.

La guerra contra el monstruo

Los intentos del papa Francisco por erradicar el problema, que se ha destapado en países como Estados Unidos, Australia, Irlanda, Alemania, Chile y Argentina, no han sido pocos. Tanto ha escalado el tema que el pasado febrero se llevó a cabo la primera cumbre para buscar soluciones a la pederastia. En ese momento el pontífice insistió en la necesidad de tener un mayor cuidado en “la selección y formación de los candidatos al sacerdocio”.

Además lanzó otros puntos clave para empezar a disminuir los casos de abuso sexual. El primero fue la necesidad de defender a los menores, para lo cual instó a cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva de “salvaguardar la Iglesia”. También aconsejó implementar herramientas de acompañamiento psicológico a las víctimas para agilizar su recuperación.

Eso sin contar los equipos de investigación que se han conformado, liderados por el arzobispo maltés Charles Scicluna. Fue él, de hecho, quien estuvo a cargo de supervisar las indagaciones llevadas a cabo en Chile el año pasado, donde se acusaba a cerca de 80 sacerdotes de abusar sexualmente de niños y adolescentes.

Luego, en marzo, se expidieron tres documentos en los que se incluyó la ampliación de la prescripción de los delitos a 20 años y se contempló la obligación de denunciar en caso de conocer algún caso. Por último se establecieron unas “líneas guías” para afrontar estos casos para aquellos religiosos que residen en la Ciudad del Vaticano. Vea también: En busca de la verdad sobre la pederastia 

Las víctimas están divididas

Desde que empezó los cambios en la institución, la crítica a Francisco es la misma: su mano blanda solo ha creado expectativas y ha perpetrado la impunidad de los culpables. Esta vez la reacción no fue diferente y terminó aplaudido y criticado. Algunas víctimas de curas pederastas y ahora activistas, como el chileno Juan Carlos Cruz, afirmó en Twitter que la medida es una “buena noticia para los sobrevivientes, ya que ahora los abogados tendrán acceso a información que los obispos criminales querían esconder”.

La posición del catalán Miguel Hurtado, quien denunció por abusos a un monje de la abadía de Montserrat, es ambivalente, pues si bien aseguró en un vídeo que la decisión es una buena noticia, porque se trata de “la reivindicación histórica de los colectivos de víctimas”, también consideró preocupante que el papa “no haya tenido la valentía de obligar a las denuncias automáticas (por parte de la Iglesia) a las autoridades civiles”.

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