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9 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Los periodistas son esenciales para la paz: el mensaje del Comité del Nobel

Los periodistas Maria Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia, compartieron el Premio Nobel de la Paz este año. Es un gran respaldo al gremio, pero sobre todo un recordatorio de la guerra por la verdad.
Maria Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia, fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz.
Maria Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia, fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz.
Foto: Agencia AFP

En las paredes de la sala de redacción de la Novaya Gazeta, en Moscú, un medio independiente que nació tras la caída de la Unión Soviética, cuelgan los retratos de Igor Domnikov, Yuri Shchekochikhin, Anna Politkovskaya, Stas Markelov, Anastasia Baburova y Natasha Estemirova, los y las periodistas que han sido asesinados desde la fundación del periódico por investigar y revelar la corrupción y las violaciones a los derechos humanos en Rusia.

El mundo conoció sus nombres el viernes, cuando Dmitry Muratov, cofundador y editor en jefe de la Novaya Gazeta, los recitó de memoria al enterarse que había sido galardonado con el Premio Nobel de Paz. Al terminar, Muratov les dedicó este reconocimiento a ellos. El caso de Anna Politkovskaya es el más emblemático de los seis. Ella era la reportera insignia del periódico, conocida por su feroz dedicación a esta labor y por ser parte de la generación que reformuló el periodismo en Rusia.

Los reportajes de Politkovskaya sobre la primera guerra en Chechenia, mostrando la dimensión más humana de la guerra, y sobre los primeros años de Vladimir Putin en el poder, incluyendo el escándalo del hundimiento del submarino Kursk y los secuestros terroristas del teatro Dubrovka y de la escuela Beslán, le valieron el reconocimiento del Premio Mundial de la Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano en 2007, nombre de otro valiente periodista vilmente asesinado, cuyo retrato también cuelga en las paredes de esta casa. Politkovskaya fue asesinada a tiros un año antes del premio, cuando se disponía a entrar en el edificio en el que vivía.

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Las salas de redacción han estado bajo asedio en todo el mundo desde hace décadas. Los retratos de los periodistas asesinados, que cuelgan en los muros, pueden contar la historia no solo de un periódico, sino de todo un país, y al mismo tiempo les recuerdan a los periodistas la importancia y el valor de su misión en el mundo.

Pero a pesar de dar la vida -literalmente- por su trabajo, y de desempeñar un rol fundamental para proteger la democracia y la libertad de expresión, pilares para la construcción de la paz, el Comité Noruego del Nobel había sido esquivo a la hora de destacar la labor del periodismo, sin saber cuánto impacto puede causar dicha mención.

Y por eso había que hablar del Novaya Gazeta primero. No es la única vez que este galardón marca la historia del periódico. Si no fuera por un premio Nobel, la Novaya Gazeta no existiría. En 1993, el expresidente de la Unión Soviética Mikhail Gorbachev usó parte del dinero de su Nobel de Paz para comprar las primeras computadoras con las que se establecería el periódico.Aun así, en 120 años de historia, el Comité ha reconocido a más de 25 jefes de Estado, a decenas de activistas y un puñado de organizaciones y organismos internacionales por haber contribuido, de alguna manera, a la promoción de la paz entre los países, y solo en dos ocasiones a periodistas. La primera vez fue en 1935, cuando se le otorgó el galardón a Carlo von Ossietzky, un periodista y pacifista alemán que reveló el programa secreto de rearme de su país tras el ascenso de los nazis. La segunda fue el viernes, y llega en un momento más que apropiado.

Muratov y la Novaya Gazeta no fueron los únicos reconocidos con el Nobel de Paz de este año. El ruso compartió el galardón con Maria Ressa, una periodista filipina que cuenta con mucho más reconocimiento que Muratov a escala mundial. Ya en 2018 había sido elegida como una de las personas del año por la revista Time, y este año también ganó el premio UNESCO/Guillermo Cano. Ella cofundó el medio independiente Rappler en 2012, con el que ha lanzado poderosos reportajes de investigación sobre el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, incluso apenas de que este empezara a colarse en la arena política, y ha sido perseguida por este en los tribunales debido a sus informes críticos e incómodos para el gobierno.

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En Filipinas, alguna vez conocido como el abanderado de la libertad de prensa en Asia, la situación es mucho peor que en Rusia. Desde 1992, por lo menos 86 periodistas han sido asesinados en el país, nueve de ellos durante el mandato de Duterte, que comenzó en 2016, según el Comité para la Protección de los Periodistas. La propia Ressa ha sido víctima de amenazas de muerte y de ciberacoso constante. Apenas publica sus informes le llueven cientos de mensajes de odio.

“Espero que seas violada hasta la muerte. Eso le traería alegría a mi corazón”, dice uno de los 2.000 mensajes que llegan día a día a su bandeja.

El trabajo de Ressa ha sido reconocido en cientos de salas de redacción, en decenas de países. Además de relatar el espectáculo sangriento en el que se convirtió la política filipina con Duterte, con investigaciones sobre los asesinatos a gran escala durante la campaña policial contra las drogas del mandatario, por ejemplo, ella ha sido de las reporteras que más ha insistido en el deterioro de las democracias tras el surgimiento de las redes sociales como Facebook, señalando que este ha introducido un “virus de mentiras” que ha comparado con una “bomba atómica que explota en nuestro ecosistema de información”.

Ressa ha centrado sus últimas investigaciones en las granjas de trolls que bombardean a los filipinos y que, según explica, se han convertido en una “máquina de propaganda de la dictadura” para hacerse con el control y alimentar su agenda partidista.

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Este Nobel no solo se trata entonces de una muestra de solidaridad con una profesión asediada, sino de recordarle al mundo que hay una guerra de información y que hay guardianes trabajando por proteger la verdad. A nivel simbólico, este reconocimiento empodera a todos los periodistas que luchan con su vida ante ataques sin precedentes, incluso que provienen del mismo Estado. Y, como dijo la presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen, hará más visible las condiciones tanto en Rusia como en Filipinas el trabajo de Ressa y Muratov.

“No tengo ni idea qué pasa por las mentes de Duterte o Putin. Pero lo que descubrirán es que la atención se dirigirá hacia sus naciones y tendrán que defender sus condiciones actuales”, dijo Reiss-Andersen.

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