El recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán iniciados el 28 de febrero, ha desatado una emergencia energética sin precedentes que ya impacta la movilidad y el bolsillo de los ciudadanos a nivel mundial.
Ante el bloqueo del estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circula la quinta parte del crudo global, gobiernos desde Asia hasta América Latina han implementado medidas drásticas que incluyen el regreso al teletrabajo, el racionamiento de gasolina y la gratuidad o congelación de tarifas en el transporte público para frenar una espiral inflacionaria que amenaza con una recesión económica.
“El mundo enfrenta la mayor amenaza a la seguridad energética global de la historia”, advirtió a la BBC Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), reflejando la gravedad de una crisis que ha disparado el precio del barril de petróleo Brent hasta los USD 110.
Con un aumento del 50 % en el valor del crudo desde que estallaron las hostilidades, la logística global se ha visto interrumpida, provocando que el 12 % de las gasolineras en Francia presenten desabastecimiento y que aeropuertos italianos como el de Venecia y Milán restrinjan el suministro de combustible para vuelos comerciales.
El sudeste asiático lidera el retorno al trabajo remoto
Asia, región que importa casi el 90 % de su energía a través del Estrecho de Ormuz, ha sido la primera en reaccionar con políticas de austeridad severas. En Tailandia, el primer ministro Anutin Charnvirakul anunció la ampliación del teletrabajo para todas las agencias gubernamentales y solicitó al sector privado reducir el uso de vehículos particulares.
“Debemos aumentar la concienciación y encontrar maneras de gestionar los recursos petroleros para minimizar el impacto en nuestros ciudadanos”, señaló el mandatario ante el riesgo inminente de escasez.
Esta tendencia se repite en Vietnam y Pakistán, donde se ha pedido a la población trabajar desde casa para reducir el consumo nacional de derivados del petróleo. En la misma línea, Nepal reintrodujo un sistema de dos días festivos a la semana para oficinas públicas e instituciones educativas, buscando reducir el movimiento vehicular.
Pakistán, además, declaró la gratuidad en el transporte público por 30 días desde el 4 de abril, con el objetivo de aliviar las protestas por el alza del combustible.
Otros países han optado por cambios estructurales en la jornada laboral, como Filipinas, que implementó una semana laboral de cuatro días para funcionarios públicos, y Sri Lanka, que declaró festivos todos los miércoles para el sector estatal.
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Medidas de alivio: transporte público y subsidios en Occidente
En Europa y América Latina, el foco se ha centrado en aliviar el costo de vida mediante subsidios directos y transporte público. España aprobó un plan de USD 5.700 millones que incluye rebajas en el IVA de los combustibles y las tarifas eléctricas. Pero la delicada situación financiera de la mayoría de países como Francia, donde el 12 % de las gasolineras ya no tiene combustible, dificulta la ejecución de un plan de ayuda más amplio.
Por su parte, Chile, tras enfrentar protestas por alzas históricas del 30 % en la gasolina, optó por la congelación de las tarifas del transporte público en Santiago y la entrega de subsidios al kerosene.
Mientras tanto, en Brasil y México, los gobiernos han activado planes fiscales de emergencia. El gobierno brasileño eliminó temporalmente impuestos sobre el diésel y entregó ayudas directas a familias vulnerables. México aprobó un subsidio a las gasolinas y acordó fijar un precio máximo con las empresas para mitigar los efectos del alza. Para el país, el aumento ha sido crítico, pues debe importar gasolina para cubrir su demanda.
En Colombia, donde se venía disminuyendo progresivamente el precio de la gasolina en los últimos meses, el gobierno de Gustavo Petro advirtió que el precio podría ajustarse si el valor internacional continúa subiendo.
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En paralelo, Estados Unidos ha tomado la medida excepcional de liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas y suspender sanciones a ciertos cargamentos de petróleo iraní y ruso para evitar el colapso de sus refinerías, subrayando que la prioridad actual es estabilizar un mercado que, por ahora, sigue operando bajo la sombra de la guerra.
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