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Torre de Tokio: porvenir sanguíneo

Una columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa. Hoy, la sangre como factor cultural.

Gonzalo Robledo * @RobledoenJapon / Especial para El Espectador, Tokio

23 de enero de 2021 - 09:00 p. m.
Una pareja de recién casados posa frente a la estación central de Tokio. / Foto de Gonzalo Robledo
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Más que calcular la carta astral o leer el tarot, una forma habitual en Japón de predecir la personalidad de un recién nacido, o la compatibilidad de un potencial cónyuge es averiguar su tipo de sangre. Para muchos habitantes del archipiélago nipón existen en este mundo cuatro tipos de personas, divididas, según su grupo sanguíneo, entre los perfeccionistas (tipo A), los creativos (tipo B), los curiosos (tipo AB) y los excéntricos (tipo O). (Lea aquí más columnas sobre Japón).

Ignorar el propio tipo de sangre es más grave que no saber el signo zodiacal, pues la pertenencia a un grupo u otro puede determinar la función que se le asigna a alguien en un proyecto o encauzar una relación sentimental. Japón se jacta de ser una nación “tipo A”, pues el 40 % de sus ciudadanos pertenecen a ese grupo famoso por condensar cualidades que proliferan en el país, como diligencia, modestia, puntualidad y un gran gusto por la higiene.

El resto del mundo es visto a través del mismo prisma, y así los latinoamericanos nos enteramos de que, gracias a nuestra herencia indígena, estamos dominados por el tipo O. Este grupo suele ser optimista y generoso, pero testarudo. El tipo O es considerado en Japón como buen líder, y lo confirma el dato de que 17 de los 36 primeros ministros japoneses desde 1945 pertenecen a ese grupo, en el que se incluye el mandatario actual, Yoshihide Suga.

Algunos políticos nipones, como el propio Suga, cuelgan en su página web su tipo de sangre como una medalla, mientras que otros recurren al tipo sanguíneo para descalificar a sus oponentes. Revelar la letra que corre por sus venas puede servir también a los altos funcionarios para explicar sus meteduras de pata. En julio de 2011, Ryu Matsumoto, ministro recién nombrado para reconstruir las zonas devastadas por la triple tragedia de terremoto, tsunami y accidente nuclear, tuvo que dimitir por sus comentarios desconsiderados hacia los damnificados, y se justificó citando su tipo sanguíneo.

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“Mi sangre es de tipo B, lo cual significa que puedo ser irritable e impetuoso”, argumentó Matsumoto después de haber dicho que las poblaciones arrasadas que no tuvieran “ideas para reconstruirse” no recibirían la ayuda oficial destinada para tal fin. La clasificación sanguínea con fines científicos fue descubierta en 1901 por el médico austríaco Karl Landsteiner. Su hallazgo puso fin a la ruleta rusa que significaban hasta entonces las transfusiones y le mereció un Premio Nobel, pero también fue aprovechado por los precursores de la eugenesia moderna y otros métodos selectivos que pretenden crear una raza suprema. En la primera mitad del siglo XX el ejército imperial japonés usó la selección sanguínea para formar pelotones y sus lecciones son perpetuadas hoy por aficionados que proponen la alineación ideal de sus equipos favoritos según el tipo de sangre de los jugadores, y por agencias matrimoniales que entusiasman a sus clientes con largas listas de pretendientes tipo A.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoenJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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