4 Jun 2021 - 11:00 a. m.

Lado a lado

Migrantes venezolanos, una oportunidad para el mercado laboral en Colombia

La población migrante afronta numerosos retos a la hora de integrarse al empleo formal. El esfuerzo colectivo entre privados y públicos se proyecta como la mejor solución para este proceso enriquecedor y necesario para que se haga efectiva una verdadera integración social, económica y cultural de los venezolanos.
Nicolás Marín

Nicolás Marín

Periodista

Los colombianos comienzan a entender que la migración venezolana, un fenómeno para el que el país no estaba preparado, es un proceso social de difícil retroceso. El país contabiliza poco más de 1’700.000 migrantes venezolanos que aspiran a permanecer en territorio colombiano. Así se desprende de los datos de Migración Colombia sobre el registro de ciudadanos de ese país que aspiran a acogerse al Estatuto Temporal de Protección a Migrantes Venezolanos.

Hasta este jueves 3 de junio, 924.331 ciudadanos venezolanos se han registrado en la página de Migración y 632.326 ya tienen cita para el registro biométrico. Un dato que habla de la vocación de permanencia de esta comunidad y que invita a todos los sectores de la sociedad colombiana a tener una mirada abierta y a derribar barreras hacia una efectiva integración social, económica, política y cultural de los migrantes.

Una que, por supuesto, incluya el empleo. Las personas que vienen desde Venezuela traen consigo habilidades y experiencias únicas, así como diversidad, resiliencia, y una gran motivación para trabajar y superarse, que pueden contribuir positivamente a las empresas. Sin embargo, vincularse al sector formal ha sido una tarea casi imposible para esta población.

De acuerdo con un estudio del Observatorio del Mercado de Trabajo y la Seguridad Social de Universidad Externado de Colombia, que recogió datos de los migrantes en el sector laboral desde 2014 hasta 2019, encontró que el 90 % de venezolanos que han llegado al país están en el sector informal o han creado puestos de trabajo con sus emprendimientos. Otras investigaciones sobre el tema encontraron que, el 90 % de los migrantes no recibían seguridad social y trabajaban en promedio 50 horas semanales, frente a las 44 de los empleados colombianos.

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De acuerdo con las estadísticas del DANE, los venezolanos tienen una tasa de desempleo cuatro puntos porcentuales por encima de la tasa nacional. Con el Estatuto Temporal de Protección a Migrantes Venezolanos se busca regularizar a cerca de 966.000 ciudadanos del vecino país, lo que ayudará a identificar su potencial como fuerza de trabajo, pues el 58 % de los venezolanos en Colombia están entre los 18 y 39 años de edad.

“En general, se encontró que los venezolanos residentes en el país presentan tasas de ocupación, desempleo y participación más altas que sus homólogos colombianos, pero sus ingresos son más bajos, así como la calidad de sus empleos y la satisfacción expresada hacia sus trabajos. En este sentido, el impacto de la migración venezolana sobre el mercado laboral del país ha sido importante, pero su contribución al desempleo nacional parece haber sido marginal”, aseguró en su momento Stefano Farné, director del Observatorio.

Un dato importante, teniendo en cuenta que en redes sociales circula que los venezolanos les quitan las oportunidades laborales a los connacionales.

El informe “Integración de los venezolanos en el mercado laboral colombiano”, publicado por Brookings Institution, reveló en 2018 que “el flujo de migrantes y refugiados suele tener poco impacto en las tasas de empleo de los locales, lo que sugiere complementariedad”.

Agrega el documento que “la mayoría de las investigaciones muestran que los flujos de migrantes tienen poco o ningún efecto sobre las perspectivas de empleo de la población de acogida, lo que sugiere que, en su mayor parte, los migrantes y los refugiados complementan la fuerza laboral local, en características inobservables o difíciles de medir”.

Un camino con obstáculos

Esperanza Loaiza, jefa de operaciones de Mercy Corps en Bolívar, aseguró a El Espectador que la parte psicosocial ha sido uno de los aspectos que más se trabajan con los grupos de migrantes, compuestos por mujeres, menores de edad y hombres, ubicados en los municipios colombianos de Cartagena, Arjona y Turbaco.

Porque efectivamente, entrar en el mercado laboral es uno de los pasos que tropiezan con más piedras en el camino migratorio. “Ese tema se convierte en un muro que no los deja avanzar, porque es la necesidad del día a día, de tener que pagar una habitación. Si anímicamente no estás bien, puedes tener al frente millones de pesos sin saber qué hacer con ellos. Luego de trabajar con ellos ya se pueden potencializar todas las habilidades con las que llegan, esa experiencia y el conocimiento que traen. Hay muchas mujeres con muchas ganas de trabajar, hombres también muy comprometidos, muchos jóvenes, un poco con ese interrogante de qué va a ser de sus vidas”.

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De acuerdo con cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de 2019, el 64 % de los 1,8 millones de venezolanos en Colombia cobran menos de un salario mínimo. Los hogares de migrantes tienen de entrada un ingreso 40 % menor que el de los hogares nacionales. Es decir, que por cada 100 pesos que gana un colombiano, un venezolano recibe 60.

Algunos avances

En 2018, con el Permiso Especial de Permanencia (PEP), se logró avanzar en el camino de la integración laboral y se detectaron nuevos inconvenientes. De acuerdo con el estudio "Salir de la sombra: impactos de una regularización masiva en la vida de los migrantes”, realizado por la asesora económica principal de la Vicepresidencia de Sectores y Conocimiento del BID, Ana María Ibáñez, María Adelaida Ortega, Marisol Rodríguez-Chatruc, Andrés Moya y Sandra Rozo, el PEP contribuyó parcialmente con la formalización laboral.

Hay empresas colombianas que ya han dado el paso y, gracias al apoyo de la comunidad internacional, le han apostado a la inclusión laboral. Coagronorte, una cooperativa agropecuaria de Norte de Santander, que agrupa a cerca de mil familias, comenzó a contratar a migrantes venezolanos y colombianos retornados en 2019.

“Inicialmente fue difícil, porque no había un marco regulatorio para poder contratarlos hasta octubre, cuando el Gobierno reglamentó el Permiso Especial de Permanencia (PEP), pero luego llegó la pandemia y los procesos fueron más lentos; los que tenían permiso no cumplían con el perfil y los que estaban en condición de irregularidad no podían acceder; pero finalmente conseguimos integrar a varios en diferentes modalidades”, le contaba a este diario Daniela Escobar, directora de Recursos Humanos de Coagronorte.

La psicóloga dice que no hubo conflictos con los trabajadores colombianos. “Ha sido una buena experiencia, se superaron todas las expectativas, son trabajadores honestos y proactivos”, agrega. En Norte de Santander hay varias empresas que decidieron darles una mano, contratándolos por temporadas en cultivos de flores, que recurren a los migrantes venezolanos en ciertas épocas del año, cuando el trabajo es alto. Lo hacen porque, dicen, “son gente que aprende rápido y es buena trabajadora”.

“La única manera de acabar con la estigmatización es visibilizar estos casos y darnos la oportunidad de dejar los prejuicios; ellos pueden aportar, solo necesitan que se lo permitan”, concluye Escobar.

Según Acnur, hasta enero de 2021 solo 24.804 migrantes venezolanos contaban con un contrato de trabajo y se encontraban registrados en la plataforma del Registro Único de Trabajadores Extranjeros en Colombia, habilitada por el Ministerio del Trabajo.

“A veces creemos en Colombia que la norma lo logra todo; el éxito del proceso de regularización está en la implementación y en los detalles de cómo hacerlo. Hay varias cosas, las firmas no conocen bien el proceso de contratar migrantes: homologación de títulos, no tienen referencias de sus antiguos empleadores y eso no se puede; hacer esto es dispendioso y eso les impide a personas de niveles educativos altos acceder a los trabajos que deberían; también hay desconfianza y xenofobia. Para tener trabajo formal deben tener cuenta de banco y no pueden abrirles cuentas porque el PEP tiene más números que la cédula y tendrían que cambiar sistemas informáticos y no pueden conseguir trabajo formal por eso. Todas estas intervenciones serían importantes”, explicó Ibáñez, del BID, en el foro de los Andes.

Loaiza, de Mercy Corps, explica que, “el primer limitante que tienen es que llegas a una ciudad con toda la parte traumática del desconocimiento, así que adaptarse es una de las dificultades más grandes; la segunda es la parte psicosocial, eso también les afecta; el hecho de encontrar una empresa no implica que ya lo lograron, porque la adaptación sociolaboral también es clave. Son otras formas de trabajar, contextos diferentes. Cuando decimos que el venezolano es mal trabajador no creo que se esté entendiendo su dinámica de trabajar de lado y lado”.

La integración al mercado laboral es un proceso largo. Loaiza asegura que ha sido y sigue siendo el mayor reto. “Ahora es clave identificar el potencial que tienen, pero también es importante seguir tocando puertas en las empresas, en las organizaciones, en las entidades diciéndoles que hay personas que pueden contribuir al proceso y de paso integrarse a un proyecto de ciudad, de país. Esa es la labor de pedagogía que nos toca seguir haciendo”.

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