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Pensadores globales 2026: ¿Estamos ante una nueva era de proliferación nuclear?

Se cumplieron cinco años del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares y el exdirector general del Organismo Internacional de Energía Atómica y Premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei comparte los peores temores por la seguridad global. Décima tercera entrega de la serie.

Mohamed ElBaradei * / Especial para El Espectador, VIENA

25 de enero de 2026 - 11:00 a. m.
Mohamed ElBaradei fue vicepresidente de Egipto y director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Recibió el Premio Nobel de la Paz en 2005, compartido con el organismo que dirigía, por sus esfuerzos para prevenir el uso militar de la energía nuclear y promover su uso pacífico y seguro.
Foto: Pascal Le Segretain
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La amenaza de las armas nucleares ya no está ni remotamente contenida por reglas y normas aceptadas de común acuerdo. Por el contrario, ha vuelto recargada, y nos empuja a todos al borde del abismo.

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Por primera vez desde el final de la Guerra Fría, los arsenales nucleares están en aumento; y las armas en sí son cada vez más mortíferas, diversas y vulnerables. Las conversaciones sobre el control de armamentos están estancadas, y los acuerdos en su mayoría ya caducaron o están tan desvirtuados que han perdido toda credibilidad. Peor aún, la retórica nuclear se está volviendo cada vez más amenazante, y más descaradamente belicosas las potencias nucleares. (Lea otra entrega de Pensadores globales 2026, sobre el futuro de Oriente Medio).

Basta pensar en algunos hechos preocupantes sucedidos en 2025: las bravatas nucleares del presidente ruso Vladímir Putin en relación con Ucrania; la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de reanudar las pruebas; y la acumulación de misiles nucleares estratégicos de China (la mayor que haya visto el mundo desde los años sesenta). Y lo más inquietante: en mayo estuvo a punto de estallar una guerra entre dos potencias nucleares (la India y Pakistán).

Estas tendencias contrarían por completo el Tratado de No Proliferación Nuclear (1968), que fue pensado para liberar al mundo de la amenaza constante de la autoaniquilación. El TNP exige a todos los firmantes el abandono de las armas nucleares y someter sus actividades nucleares a la inspección del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). También obliga a las cinco potencias nucleares reconocidas en el momento de su firma (China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia) a deshacerse de sus armas y alcanzar el desarme nuclear.

El TNP es casi universal, ya que tiene 191 países firmantes. Pero cuatro de las cinco excepciones (la India, Pakistán, Israel y Corea del Norte) tienen armas nucleares (la quinta excepción es Sudán del Sur). Los tres primeros países se negaron a firmar el tratado antes de desarrollar armas nucleares; Corea del Norte se sumó al principio, pero después se retiró entre acusaciones de que lo había violado (y ahora no oculta sus crecientes aspiraciones nucleares).

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El TNP debía reforzarse con otros acuerdos, pero las cosas no salieron como estaba previsto. Por ejemplo, el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares nunca entró en vigor, por falta de ratificaciones; pero por más de tres décadas se cumplió una moratoria de los ensayos nucleares (excepto en Corea del Norte). Lo mismo puede decirse de un tratado para la prohibición de la producción de materiales nucleares aptos para la fabricación de armas (y la eliminación de las reservas existentes), que está paralizado en la Conferencia de Desarme de Ginebra desde 1993.

Cumbre sobre la No Proliferación de Armas Nucleares y Desarme en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas votó por unanimidad a favor de detener la proliferación de armas nucleares en aras de un mundo más seguro para todos y sin armas nucleares.
Foto: NOTIMEX - SHEN HONG

También hubo propuestas de poner las partes más delicadas del ciclo de los combustibles nucleares bajo control multinacional; algunas de ellas cobraron fuerza tras las revelaciones sobre el programa de enriquecimiento de Irán en 2023. Pero estas iniciativas también terminaron en nada.

Es verdad que a partir de 1972, las dos potencias nucleares principales (Rusia, precedida por la Unión Soviética, y Estados Unidos), que en conjunto suman casi el 90 % del arsenal nuclear mundial, firmaron una serie de acuerdos bilaterales para limitar la cantidad y variedad de las ojivas nucleares y de los sistemas vectores. Pero sólo uno de ellos (el Nuevo Tratado START de 2010) sigue en vigor, y caducará en febrero.

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Las potencias nucleares no sólo no se desarmaron, sino que poseen más de 12.000 ojivas nucleares. Unas 4000 están desplegadas en misiles y aviones, y unas 2000 están en alerta máxima y listas para su lanzamiento en cuestión de minutos. Peor aún, las nueve potencias nucleares están “modernizando” sus arsenales para aprovechar las nuevas tecnologías.

En 2020, el exsecretario estadounidense de defensa William J. Perry y Tom Z. Collina resumieron la situación así: “El señor Trump tiene autoridad absoluta para iniciar una guerra nuclear. En cuestión de minutos, el presidente puede dar vía libre al equivalente de más de 10 000 bombas de Hiroshima. No necesita una segunda opinión (…) Pero sería el fin de la civilización tal y como la conocemos”.

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La frustración por la falta de avances hacia el desarme nuclear en el marco del TNP llevó a la mayoría de los países no nuclearizados a aprobar un Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), que entró en vigor en 2021. El TPAN busca prohibir las armas nucleares y exige la destrucción de las que ya existen. Lo ratificaron 74 países, pero ninguna de las nueve potencias nucleares.

De hecho, en respuesta a la aprobación del TPAN, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia sostuvieron que la disuasión nuclear “ha sido esencial para el mantenimiento de la paz en Europa y el norte de Asia durante más de setenta años”. Pero por lo menos reiteraron su compromiso con el desarme en el marco del TNP, y declararon: #creemos firmemente en la necesidad de evitar una mayor difusión de las armas” nucleares.

En un pasado no muy lejano, las cinco potencias nucleares originales colaboraron para evitar la proliferación de armas nucleares en los casos de Corea del Norte, Irak e Irán. Pero Corea del Norte terminó retirándose del TNP, e Irak fue invadido por una “coalición de voluntarios” liderada por Estados Unidos y el Reino Unido, con el falso pretexto de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva no declaradas.

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En el caso de Irán, las cinco potencias nucleares negociaron con ese país un acuerdo (el Plan Integral de Acción Conjunta) con el objetivo de generar confianza mediante la cooperación y una mejora de la transparencia, pero fracasó al retirarse los Estados Unidos en 2018 durante la primera presidencia de Trump. Entonces, a pesar de que la OIEA informó de que “no hay indicios creíbles de un programa nuclear estructurado no declarado y en curso” en Irán, Israel y el segundo gobierno de Trump decidieron por cuenta propia bombardear la infraestructura iraní de producción de combustible nuclear (asesinando al hacerlo a varios científicos nucleares iraníes).

MOSCÚ, 29/10/2024.- Imagen de archivo del presidente ruso, Vladímir Putin, quien ordenó la celebración este martes de ejercicios de las fuerzas nucleares estratégicas con el objetivo de ensayar el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero. En la imagen, Putin examinando el colisionador NICA durante una visita al Instituto Central de Investigación de Dubná el pasado 13 de junio.
Foto: SPUTNIK - ALEXANDER KAZAKOV / SPUTNIK / KR

Reacción en cadena

Pese a las declaraciones y garantías de las cinco potencias nucleares originales en el sentido de que sus arsenales son sólo para fines defensivos, y que “una guerra nuclear no se puede ganar y no se debe librar”, algunos han comenzado a recalcar el valor de las armas nucleares y a abrazar el principio de la ley del más fuerte. Por ejemplo, el ex presidente ruso Dmitry Medvedev advierte de que la “derrota de una potencia nuclear en una guerra convencional puede provocar una guerra nuclear”, y añade que “las potencias nucleares nunca han perdido conflictos importantes de los que dependa su destino”.

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Asimismo, el secretario de defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, declaró hace poco: “No estamos construyendo para tiempos de paz; estamos reorientando el Pentágono y la base industrial hacia un supuesto de guerra”. La administración Trump ha acompañado esa retórica con amenazas o uso real de la fuerza (o de armas estadounidenses) contra una amplia variedad de países y territorios, entre ellos Irán, los enclaves palestinos ocupados, Dinamarca, Canadá, Venezuela y Nigeria.

En este nuevo entorno de tensiones, algunos aliados de Estados Unidos comienzan a dudar de la fiabilidad del paraguas nuclear estadounidense. Aunque Japón adoptó hace tiempo una postura de no poseer armas nucleares, hay en el país un debate cada vez más intenso sobre cómo puede defenderse en un mundo más peligroso. Un debate similar tiene lugar en Corea del Sur, y las encuestas sugieren que muchos surcoreanos estarían de acuerdo con que el país desarrolle una capacidad nuclear bélica propia. Y en Alemania, el canciller Friedrich Merz ya había declarado disposición a mantener conversaciones con Francia y el RU sobre la posibilidad de “compartir” armas nucleares en Europa para reforzar “el escudo estadounidense” (aunque después su gobierno declaró que “no tiene planes inmediatos de obtener armas nucleares”).

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De modo que el devenir geopolítico está llevando al desmoronamiento gradual (o la demolición lisa y llana) de la arquitectura internacional para el mantenimiento de la paz y la seguridad. Las principales potencias nucleares abandonan el derecho internacional y humanitario, los valores democráticos y las instituciones internacionales y se lanzan a la acción unilateral. El poder conferido por armas que pueden borrar la civilización de un plumazo se está convirtiendo en el árbitro supremo de la política y los asuntos internacionales.

El mensaje es que tener la bomba es la garantía de seguridad máxima, y que quien tiene la bomba puede asesinar impunemente. Lo entiende muy bien Ucrania, un país que renunció a sus armas nucleares a cambio de garantías de seguridad.

Más allá de lo que digan, es evidente que las potencias nucleares renegaron de su compromiso con el desarme nuclear y se han lanzado en la dirección opuesta. Tecnologías sofisticadas (entre ellas los sistemas de armas autónomas) y las tensiones globales han llevado al mundo a un lugar extraordinariamente peligroso. El régimen de control de armas nucleares actual tuvo que hacer excepciones. Pero ya es insostenible. Pronto otros países se sacudirán el yugo y desarrollarán un “poder de disuasión” propio.

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Más armas nucleares implica más vulnerabilidades, como resultado de las crecientes capacidades cibernéticas, la inestabilidad de las estructuras de mando y el eterno riesgo de inicio accidental de un conflicto. Nunca ha habido tanta necesidad, ni tan urgente, de diálogo, creación de confianza entre las grandes potencias, un sistema basado en reglas y nuevas iniciativas de desarme.

* Copyright: Project Syndicate, 2025.www.project-syndicate.org

Por Mohamed ElBaradei * / Especial para El Espectador, VIENA

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