Cuando iba por la página 200 de El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo llegó a Tokio Irene Vallejo para hablar con los lectores japoneses de su libro, que se consigue ya en 40 idiomas, los últimos el marathi indio y el hebreo. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Invitada por el Instituto Cervantes de la ciudad de Tokio, parada obligada en Japón de intelectuales, artistas, académicos y científicos que usan el español en su trabajo, la escritora española apareció en el escenario vestida de rojo bermellón y tomó asiento entre su traductora al japonés, Yuko Mita, y la ensayista y crítica Yukiko Konosu.
Apoyadas por un único traductor, que galopaba unos segundos detrás en su cabina trasvasando del japonés al español, y viceversa, títulos y citas de la literatura universal, además de los incisivos matices de sus eruditas intervenciones, las tres ponentes tocaron temas tan dispares como el acoso escolar, la segregación de la mujer en la historia de la cultura y el uso la inteligencia artificial en la creación literaria.
Irene Vallejo, filóloga, historiadora y novelista, explicó cómo el haber sufrido acoso escolar cuando aún no existía un término para denunciarlo incentivó su amor por las letras.
La escritura fue una forma de rebelión que le permitió hablar de realidades “que no se nombran, pero que es necesario conocer”.
El encuentro tuvo lugar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y la autora zaragozana señaló el monopolio masculino de críticos, profesores e historiadores que dio lugar a una selección de obras fundamentales, o canon, dominado por autores varones.
Para mostrar cómo varía una historia cuando la cuenta un hombre, puso el ejemplo de Penélope en La odisea, de Homero, reducida a una esposa que espera a su marido, subestimando su reinado de Ítaca durante casi dos décadas.
La crítica y también traductora del inglés al japonés Yukiko Konosu habló del reciente premio Akutagawa, el máximo galardón literario nipón otorgado a una autora que produjo titulares en todo el mundo al declarar que había escrito un 5 % de su obra con la ayuda de ChatGPT.
La obra, una “distopía amable” titulada algo así como Una torre de compasión en Tokio, describe una prisión que prohíbe expresar pensamientos negativos.
Irene Vallejo se mostró opuesta a embellecer el pasado, pues “es como llevarlo al cirujano para que le disimule las arrugas”.
Este año, antes de la Feria del Libro en Bogotá, viajará a Chocó, en el noroeste de Colombia, donde espera donar parte de los derechos de autor generados por su Manifiesto por la lectura a la fundación Motete, para que más niños, niñas y adultos se enamoren de la palabra escrita.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.