Un premio a la cosmología teórica y la astrofísica observacional

El Nobel de Física, un premio que todos esperaban aunque no se libró de controversia

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James Peebles, Michel Mayor y Didier Queloz fueron galardonados ayer con el Premio Nobel de Física. El primero cambió la historia de la cosmología y abrió las puertas a la compresión del origen del universo. Los segundos anunciaron el primer descubrimiento de un planeta fuera del sistema solar.

La “mitad” Premio Nobel de Física que anunció la Academia sueca este martes no fue sorpresiva. Muchos habían estado esperando que James Edwin Peebles, un canadiense que ha hecho una destacada carrera en la Universidad de Princeton (Estados Unidos), recibiera el galardón. El círculo científico ya había resaltado su trabajo en múltiples ocasiones. La Medalla Eddington de la Real Sociedad Astronómica Británica (1981), la Medalla Bruce (1995) y el Premio Shaw en Astronomía (2004) son algunos de los reconocimientos que ha recibido en una larga lista de premios acumulados a lo largo de 84 años. Solo el Nobel parecía habérsele escapado de las manos. (Le puede interesar: Nobel de Física a un 'historiador' del universo y dos pioneros en la caza de expoplanetas)

Al dárselo, dice el astrofísco Héctor Rago, profesor de la Universidad Industrial de Santander, “se está reparando una gran injusticia. Lo merecía desde hace muchos años. Ha hecho una gran contribución a la cosmología”.

A lo que Rago se refiere es a un capítulo popular en la historia de ese campo de la astronomía que estudia el origen y la evolución del universo. En 1978, Arno Penzias ganó el Premio Nobel de Física, junto con Robert Woodrow Wilson, por descubrir en 1964 la radiación cósmica de fondo de microondas. Fue un hallazgo casi accidental que Peebles había estado buscando desde años atrás junto a su maestro, Robert Dicke, y que, desde entonces, empezaron a estudiar y a explicar con la elaboración de complejas teorías. Aunque en la década del 70 no le dieron el Nobel pese a merecerlo a los ojos de varios astrónomos, a partir de allí Peebles se convirtió en uno de los mayores responsables en ayudar a entender el origen del universo. (Lea: Nobel por descifrar qué hacen las células ante el "soroche")

En palabras un poco más simples, este canadiense es uno de los padres de las teorías que han permitido comprender cómo ha sido la evolución del universo después de esa gran explosión que conocemos como Big Bang. Además de desarrollar el modelo de la teoría de la “materia oscura”, ayudó a sentar las bases de la llamada radiación cósmica de fondo de microondas. Se trata, dice el profesor Rago, de una suerte de “niña mimada” de la cosmología.

¿La razón? Esa radiación es la muestra de un universo muy temprano. Guardadas las proporciones, equivale a mirar una fotografía de alguien de 50 años cuando apenas tenía tres semanas de nacido, explica Rago. En términos más precisos, es un remanente de calor que quedó del Big Bang y que, a medida que se expandía, se fue enfriando y atenuando. Para ser precisos, es una señal de apenas 5 grados Kelvin que, como dijo alguna vez Peebels, representa “un fósil de las primeras etapas de expansión del universo”.

“Es un reconocimiento muy merecido”, le dijo a la revista Nature François Bouchet, astrofísico en el Instituto de Astrofísica de París. “Peebles ha dejado su huella en prácticamente todas las ramas de la cosmología”.

“Es uno de los verdaderos gigantes en el campo. Su trabajo transformó nuestra comprensión del universo”, aseguró al portal Quanta Magazine Paul Steinhardt, colega de Peebles en Princeton. (Le puede interesar: Murió el Nobel de Física Robert Schrieffer, "padre" de la superconductividad)

“El establecimiento de que nuestro Universo está evolucionando fue en parte un descubrimiento teórico, pero eso no tenía sentido sin la evidencia; una evidencia que ahora es muy contundente y muestra que realmente se expandió desde un estado cálido y denso", fueron las palabras de Peebels después de conocer la decisión del comité del Nobel. "Dependemos de esa interacción de teoría y observación", sentenció por teléfono a un grupo de periodistas.
 

Un premio un poco controversial
 

La otra mitad del Nobel, que equivale a 4,5 millones de coronas suecas, sí causó un poco de sorpresa. El comité decidió otorgárselo a dos profesores de la Universidad de Ginebra, en Suiza, que en 1995 anunciaron el primer descubrimiento de un planeta fuera de nuestro sistema solar. Se trató de un hallazgo que abrió un amplio camino que hoy no parece extraño: se han descubierto más de 4.000 exoplanetas y cada tanto los medios anuncian, sin mucho entusiasmo, que uno nuevo ha aparecido en el radar de la astrofísica.

Pero cuando los físicos hoy premiados Michel Mayor y Didier Queloz presentaron su estudio en la revista Nature en el 95, cautivaron a la comunidad científica. Al planeta que detectaron lo llamaron 51 Pegasi b, un gigante gaseoso comparable con Júpiter que habían visto en el Observatorio de la Alta Provenza, en el sur de Francia. Fue la muestra más contundente de que había más sistemas planetarios. Muchos más estaban a la espera de ser descubiertos.

De hecho, antes del hallazgo de Mayor y Queloz había suficientes pistas que permitían intuir la existencia de exoplanetas, el término con el que definieron a esos cuerpos. Como cuenta Jorge Zuluaga, profesor de astronomía de la Universidad de Antioquia, desde principios del siglo XX había muestras y en 1992 ya se había anunciado la existencia de varios planetas alrededor de un pulsar, algo así como un cadáver estelar (o el corazón muerto de una estrella). (Le recomendamos: “Mi reacción no fue de eureka sino de pánico”: físico que descubrió las ondas gravitacionales)

Incluso, poco tiempo después de la publicación que Mayor y Queloz, otros dos reconocidos científicos habían demostrado un descubrimiento similar y decisivo. ¿Sus nombres? Geoffrey Marcy y Paul Butler, investigadores de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos. Como hoy lo reporta Nature, fue una suerte de “guerra fría” por cazar exoplanetas.

“Si se hiciera justicia, creo que también deberían merecerlo”, apunta Zuluaga. “Eran muy juiciosos en su trabajo. Al menos debieron incluir a Butler en el reconocimiento del Nobel, porque Marcy estuvo involucrado en un escándalo de acoso sexual”.

A los ojos de Zuluaga, sin embargo, la Academia premió una gran trayectoria científica. “Mayor y Queloz son dos grandiosos científicos exoplanetarios que aún están activos”, asegura.

“Son científicos excelentes. Queloz siempre ha trabajado para desarrollar y apoyar a la comunidad en su conjunto, en lugar de solo para su propio éxito”, le dijo a Nature, Christiane Helling, investigadora de exoplanetas de la Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

El comité del Nobel resumió sus argumentos para otorgar el premio a esta pareja en una sola línea: “Su descubrimiento inició una revolución en astronomía”.

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