"Era una tortura": víctimas del exparamilitar y "depredador sexual" Hernán Giraldo

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El reciente fallo que condena al excomandante del bloque Resistencia Tayrona contiene también los testimonios de las víctimas de toda clase de atrocidades que, bajo el mando de Giraldo Serna, se cometieron como una forma de control social y político.

Hernán Giraldo Serna, el comandante del extinto grupo paramilitar bloque Resistencia Tayorna, que delinquía en la Sierra Nevada de Santa Marta, fue condenado por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla por un total de 32 delitos que incluyen secuestro, desaparición forzada, reclutamiento ilícito, tráfico de estupefacientes y siete tipos diferentes de violencia sexual. Giraldo Serna, conocido como el Patrón o el Jefe, fue la pesadilla de cientos de menores de edad en las cercanías de la Sierra Nevada donde, bajo su mando, las agresiones sexuales de todo tipo —desde prostitución hasta abortos obligados— se volvieron una forma de control social.

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Giraldo Serna se sometió a la Ley de Justicia y Paz en 2006, pero hasta ahora se hizo pública su condena. Tras estudiar todo su prontuario, Fiscalía lo llamó a juicio por un total de 706 hechos delictivos. El fallo recoge los pormenores de las tenebrosas acciones del bloque Resistencia Tayrona y con Giraldo Serna también fueron condenados su hijo, Daniel Eduardo Giraldo Contreras; su sobrino, Nodier Giraldo Giraldo; así como José Del Carmen Gelves Albarracín, Norberto Quiroga Poveda, Carmen Rincón, José Daniel Mora López, Afranio Manuel Reyes Martínez y Eduardo Enrique Vengoechea Mola.

La decisión asegura que Giraldo Serna “era un depredador sexual que enfocó sus deseos morbosos y enfermos en niños, para él la infancia no existe, pues una niña de tan solo 13 años ya era suficiente para despertar sus deseos sexuales, los cuales satisfacía sin pudor alguno, sin la mínima consideración hacia los padres, quienes aterrorizados debían soportar ver a una niña jugar, antes de ser llamada por Giraldo para satisfacerlo sexualmente”. Además, tras probas que la conducta del comandante “era emulada por sus subalternos del grupo armado”, el Tribunal concluyó que la violencia basada en género tuvo una conexión con el conflicto, pues se utilizó como una forma de control.

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Las voces de las víctimas

Hernán Giraldo se encuentra recluido en una cárcel de Estados Unidos, condenado por narcotráfico, pero a su regreso deberá responder por los 38 casos de violencia de género de los que lo responsabiliza Justicia y Paz. Estos son algunos apartes de lo que dijeron las mujeres que testificaron en contra del exjefe paramilitar por toda clase de crímenes que él cometió, ordenó o permitió.

Laura* fue violada por Giraldo en 2004, cuando tenía 13 años:

“A partir del caso, como consecuencia no he podido continuar mi vida normalmente, me quedaron secuelas, se me ha dificultado llevar una vida normal como la llevan las jóvenes. En el estudio, he estudiado, pero no me siento realizada, se me dificulta mucho porque me siento diferente, a partir de eso me siento señalada de las personas porque tienden a juzgarlo a uno sin saber cómo fueron las cosas. (…) En ese tiempo para mí era duro porque era como una tortura, una niña de trece años que la utilizan porque a los trece años uno no sabe exactamente ni decide por uno mismo lo que va a hacer respecto a la sexualidad. (…) En ningún momento mi papá estuvo de acuerdo con que yo mantuviera una relación con Hernán Giraldo. Eso de que nos vendían, que estuvieran de acuerdo, que nos llevaban la gallinita, es totalmente falso nunca nos vendieron. Mis papás no tuvieron nada que ver con lo que me pasó, con lo que pasó en ese momento, ellos no tenían nada que ver con eso”.

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Paula* fue violada por Giraldo en 2005, cuando tenía 11 años:

“Durante todo el tiempo que permanecí en la finca (vecina) vi que llegaba el señor Hernán Giraldo, él era el dueño, yo sabía que él mandaba en la región, él andaba con muchos hombres armados, me daba temor cuando él llegaba, cuando él llegaba a la finca mi papá nos encerraba a mi hermana y a mí en el cuarto y nos decía que no saliéramos o si no él se quedaba allí, aproximadamente a los seis meses de estar en esa finca, Hernán Giraldo pasó unos días allí. Un día como a las diez de la noche cuando yo me encontraba dormida en la habitación con mi hermana, llegó una muchacha y me dijo que el patrón me llamaba, que estaba en la habitación de él. Yo dije que no quería ir, no sabía para qué era, pero llegó uno de los guardaespaldas de él y me dijo que tenía que ir”.

“Yo fui a la habitación, entré, él estaba acostado en una hamaca viendo televisión, yo me senté en la cama y comenzó a hablarme del lugar donde estaba, me dijo que si a mí no me gustaría estar con él y tener la vida que tenían sus mujeres, tener cadenas de oro, ropa y viajar. Sentía temor de responderle que no quería, porque toda la gente hablaba de que él mandaba a matar a la gente que no hacía lo que él quería. Por miedo, le dije que sí, porque la verdad era que yo no quería estar con él, yo tenía apenas once años, no sabía nada de novios, yo me la pasaba todo el día jugando en la finca con los otros niños, yo no me había desarrollado, tuve mi primera menstruación cuando ya tenía doce años y fue así como inicié una relación con él y me comportaba como su mujer, dormía con él, no tuve hijos con él, la relación duró hasta que se lo llevaron para los Estados Unidos”.

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A Leidy* la embriagó y la drogó Giraldo para, finalmente, violarla en una fiesta en 2004, cuando tenía 13 años

“Al llegar a la reunión vimos que era como una fiesta, mi amiga se acercó a Hernán (Giraldo) y lo presentó, él me preguntó que si yo me quería ir o si nos quedábamos, yo le dije que nos fuéramos porque no me gustó el ambiente al llegar a la casa mi amiga le preguntó algo al oído, él le respondió ella fue y sacó la droga. Esa fue la primera vez que la consumí”. Leidy cuenta también que con su amiga mezclaron droga y que bajo esos efectos “no se sabe lo que hace, que se olvida y todo y se vive el momento”, que desde ese día siguió consumiendo y así duró por un tiempo de dos años. Agrega el Tribunal: “dice que en esas condiciones tuvo sexo con Hernán Giraldo y que estaban los tres; después al día siguiente se fueron a bañar al río y él le pagó $700.000 y se devolvió sola a Santa Marta”. Desde eso, cuenta el fallo, Leidy empezó a relacionarse con más paramilitares y a cobrarles por tener sexo con ellos.

Erika* fue secuestrada por uno de los hombres del bloque comandado por Giraldo Serna en 1986, cuando ella tenía 13 años

“Yo pensé que íbamos a salir a tomar un refresco, él detuvo un carro y le dijo que íbamos a Guachaca, cuando llegamos a Guachaca le dijo que íbamos a Santa Marta, y después detuvo otro carro, en el carro me dice que yo me voy a quedar viviendo con él porque después de lo que va a pasar iba a tener problemas con mi familia porque él era mayor que yo. En Santa Marta me llevó a un hotel y nos quedamos allá, él salía, traía la comida y me dejaba como una semana en el hotel. A la semana me llevó a la casa y mi familia le reclama por qué me había perjudicado, que tenía que hacerse responsable de mí. Él me llevó a una finca que tenía muy lejos, era un tormento para mí, yo no sabía cocinar, ni hacer nada”.

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“Comenzó a golpearme porque yo no sabía hacer nada, me hacía tiros en los pies, me decía que me iba a matar, me obligaba a estar con él porque decía que yo le tenía que dar hijos. Como a los siete meses de estar en esa tortura, una hermana de mi cuñado me dijo que me fuera para la casa de ella en Santa Marta y que no le iban a decir a nadie, allí estuve tres meses trabajando en casa de familia, luego volví al pueblo y no salí de la casa de mi mamá, pasó el tiempo y él dejó de buscarme. Cuando tenía como cinco meses de estar con él tuve un retraso, pero no le dije a él, solo lo sabía mi amiga; una noche él llegó y estaba afuera de la casa y a él no le gustó y me pegó contra la pared. Por los golpes perdí el bebé”.

*Los nombres de las víctimas fueron cambiados por su seguridad

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